PIES DE BARRO

Muy triste la trágica muerte del Palomo Usuriaga. Triste porque se trata de9 un ídolo que nos trajo mucha felicidad con sus golazos y más triste porque tuvo todo para triunfar, pero siguió una vida díscola, turbulenta, caracterizada por los escándalos y los excesos.

13 de febrero 2004 , 12:00 a. m.

Muy triste la trágica muerte del Palomo Usuriaga. Triste porque se trata de9 un ídolo que nos trajo mucha felicidad con sus golazos y más triste porque tuvo todo para triunfar, pero siguió una vida díscola, turbulenta, caracterizada por los escándalos y los excesos.

Será que tenemos muchos ídolos con pies de barro? No lo sé. El caso es que este tipo de hechos, ponen sobre la mesa, entre otros, el tema de la influencia de los medios de comunicación en la conducta de personajes que alcanzan el reconocimiento público. Por supuesto, desde ahora aclaro que los medios no son responsables de tales conductas. No tengo fundamentos para afirmar que algún medio tiene algo qué ver con los tristes hechos que ha protagonizado Pambelé o los desafueros del Tino Asprilla, por ejemplo. Otros deportistas que han estado igualmente expuestos a la fama han sabido manejar el fenómeno, sin caer en los excesos. Tal es el caso de Rodrigo Valdés, Fidel Bassa, Carlos Valderrama o Willington Ortiz, entre otros. Es evidente que existen ciertas condiciones personales que al final de cuentas son las que determinan que un deportista esté en capacidad de sobrellevar con responsabilidad el éxito, eso que todos ansían pero que a muchos destruye.

No obstante, además del asunto sicológico y sociológico, vale la pena revisar la influencia que los medios, voluntaria o involuntariamente, ejercen sobre estos personajes.

La función de los medios consiste en difundir noticias, hablar de los protagonistas, darlos a conocer. Eso nadie lo puede criticar. En consecuencia, los personajes adquieren fama, el peor de todos los alucinógenos. Debido a ella, algunos olvidan sus debilidades, anulan sus fortalezas y comienzan a creer que no necesitan nada más. Los medios, sin quererlo, suministran la poción para que ciertas personas pierdan el cauce. Algunos famosos lo saben y ponen límites claros, en ocasiones hostiles. No son pocos los que no hablan de su vida personal, los que impiden el ingreso de las cámaras hasta los más recónditos rincones de sus vidas. Tienen razón. Nadie, por famoso que sea, puede estar obligado a renunciar a su intimidad. Ahí es donde los medios muchas veces fallan. Cuando no entienden eso y presionan, pues consideran que el personaje público adquiere una responsabilidad con la gente que reduce sustancialmente la órbita de su vida privada. Nada más equivocado. Cuando un personaje hace esto, no solo desea dejar guardado lo que pertenece únicamente a sí y a los suyos. También lo hace porque teme que ese alucinógeno de la fama lo toque donde no debe. Y termine mal.

mirador33hotmail.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.