PESCADO, ESCASO Y SIN CONTROL

PESCADO, ESCASO Y SIN CONTROL

Hace tres años que la pesca artesanal en el Magdalena Medio dejó de ser atractiva no solo para los que realizan las capturas y comercializan el pescado, sino para el consumidor final del producto.

08 de abril 2004 , 12:00 a.m.

Hace tres años que la pesca artesanal en el Magdalena Medio dejó de ser atractiva no solo para los que realizan las capturas y comercializan el pescado, sino para el consumidor final del producto.

La razón?: la abundancia fue reemplazada por los altos precios y la poca oferta de pescado fresco restringió la capacidad de compra de los habitantes de la región.

Y la actual temporada de Semana Santa no escapa a esta situación, crítica desde el 2001, cuando las autoridades ambientales dejaron de hacer las vedas (restricciones a la pesca de cierto tamaño), lo que hizo que la producción decayera en los años siguientes. Por eso, solo un milagro podría hacer que los habitantes de esta zona del país puedan disfrutar de un buen bagre o un delicioso bocachico por estos días.

Esta espinosa realidad se refleja en los tradicionales puestos de venta de pescado en Barrancabermeja, donde la libra de bagre fresco está a 5.500 pesos, mientras el seco o salpreso, que se consume en mayor cantidad por esta época, se adquiere a 6.000 pesos.

Por su parte, el bocachico fresco se comercializa desde 2.000 hasta 7.000 pesos la unidad, de acuerdo con su tamaño, cuyo peso oscila entre media libra y un kilo. Durante las subiendas, esta especie se consigue desde 200 pesos. Los altos costos también cobijan al blanquillo, la doncella, la dorada y la mojarra, que se consiguen por 3.000 y 3.500 pesos la libra por estos días.

Sin embargo, y a pesar de los altos precios que se registran en esta temporada, algunos consumidores se han visto obligados a comprar pescado para cumplir con sus tradiciones, especialmente con la vigilia del Viernes Santo. Recorrí casi toda la ciudad buscando buenos precios, pero no cambian y tampoco dan rebaja, confesó Yesenia Martínez, a quien los 20.000 pesos que tenía le alcanzaron para diez bocachicos de los 15 que pensaba llevar.

Además, a los factores de escasez y suspensión de vedas se suman la falta de control sobre la pesca por parte de los organismos estatales y el abandono en el que están sumidos varios espejos de agua de ciénagas y caños. Esto, sin contar con la situación actual del río Magdalena, al que la deforestación y los sedimentos que diariamente recibe lo han convertido en uno de los ríos más contaminados del país.

Sin embargo, una de las prácticas que más han contribuido a la lenta extinción de especies comerciales como el bagre y el bocachico es la pesca indiscriminada que hacen los habitantes de la zona, en la que se utilizan elementos agresivos como el trasmallo, que impide respetar la talla mínima exigida de 25 centímetros. Además, cada vez es más frecuente la captura en épocas de desove (cuando la hembra del pez suelta los huevos).

Según las cifras del extinto Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura (Inpa), de las 689 toneladas de pescado que se capturaron en la región entre enero y mayo del 2002, en ese mismo lapso del 2003 solo se registraron 366 toneladas.

Para contrarrestar esta situación, el recién creado Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (Incoder), que remplazó al Inpa, confirmó que el primero de mayo iniciará en toda la cuenca del río Magdalena una veda concertada de bagre rayado, mientras que los pescadores se dedicarán a la limpieza de las orillas en caños, ciénagas y el río.

Habrá monitoreos y jornadas de divulgación de normatividad y de control en los días previos a que se adopte la medida. El trabajo estará a cargo del Incoder y tendrá el acompañamiento técnico de la Umata de Barranca, Cormagdalena, Ecopetrol, la Estación Piscícola San Silvestre y la Asociación de Pescadores del Alto y Medio Magdalena (Asopesam).

FOTO:.

LAS CANOAS de los pescadores llegan por esta época semivacías. Además, la mayoría de las capturas que se hacen no cumplen con la talla mínima.

Ricardo Pérez Romero

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