ESTADO DE MALESTAR

ESTADO DE MALESTAR

Uno de los más graves defectos de los colombianos es que nos concentramos en el día a día. Rara vez nos sentamos a pensar en el futuro: qué queremos ser, hacia dónde nos debemos dirigir, a qué puerto de destino queremos llegar.

23 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Uno de los más graves defectos de los colombianos es que nos concentramos en el día a día. Rara vez nos sentamos a pensar en el futuro: qué queremos ser, hacia dónde nos debemos dirigir, a qué puerto de destino queremos llegar.

Nos ha faltado, a Colombia y a los latinoamericanos en general, lo que ahora se ha dado por llamar visión de país . En qué tipo de sociedad queremos vivir? Cuáles serán nuestras fuentes de crecimiento y de riqueza? Qué metas y objetivos debemos ponernos para los próximos 15 o 20 años?.

Esas son el tipo de preguntas que todos los países exitosos han respondido antes de emprender su carrera hacia un estado más elevado de desarrollo. Países como Finlandia, Irlanda, Nueva Zelanda, Israel, Corea o últimamente Chile, son ejemplos recientes que nos pueden enseñar mucho sobre cómo hacer las cosas mejor.

Hay, sin embargo, una cuestión previa que todavía ni siquiera hemos podido definir adecuadamente. Qué tipo de Estado necesitamos para guiarnos en la travesía y facilitarnos ese mejor futuro? Es una de esas eternas preguntas de nuestro continente que, por desgracia, no ha encontrado respuesta adecuada. Y que hoy ha sido nuevamente mal planteada.

Es imperativo salir de la tradicional y simplista disyuntiva entre más o menos Estado. Lo que se necesita con urgencia es un mucho mejor Estado.

Pero qué significa ese mejor Estado y qué papel debe jugar en este mundo cada vez más complejo y globalizado, con mayor inseguridad económica y una desigualdad creciente? Para no ir más lejos, la diferencia entre lo que produce una persona en un país rico y la misma persona en un país pobre ya no es de 5 a 1, sino de 390 a 1. Y con la revolución informática y la revolución biogenética, esa diferencia será muy pronto por lo menos de 1.000 a 1.

Son los temas que deberían estar discutiendo los partidos políticos (lo que queda de ellos), en lugar de perder el tiempo con tanta mecánica parroquial o dando espectáculos tan tristes como el que dieron mis copartidarios esta semana.

Por qué fracasamos en la construcción de un estado de bienestar y acabamos con lo que la Cepal ahora denomina un estado de malestar? Es importante un acto de contrición y reconocer que hemos hecho muchas cosas mal: copiamos esquemas no aplicables, construimos instituciones poco funcionales, no establecimos bien las prioridades, relegamos lo importante a un segundo plano, en fin...

Lo que Colombia y América Latina necesitan es un nuevo paradigma, un nuevo discurso político con objetivos claros, y un mejor y más efectivo Estado que permita alcanzarlos. Un Estado que facilite la creación de una economía inteligente , donde la calidad de la educación como el factor principal de movilidad de la sociedad se convierta en una especie de mantra, donde los sistemas de seguridad social no sean venas rotas y corruptas que fomentan la desigualdad porque ni siquiera protegen a los más débiles, donde se apliquen las mejores prácticas en materia de regulación para que los mercados cumplan su función, donde exista verdadera independencia y armonía entre los poderes públicos.

Otros países lo han logrado. La mayoría aplicaron la máxima de la tercera vía: El mercado hasta donde sea posible, el Estado hasta donde sea necesario . Tuvieron eso sí la precaución de crear primero mercados y Estados que funcionan adecuadamente. Y todos, sin excepción, se trazaron metas concretas que han venido cumpliendo por etapas.

No hay razón alguna para que los colombianos no podamos hacer lo mismo. Un primer paso sería remplazar nuestro paquidérmico estado de malestar por uno más fuerte y propulsor del desarrollo. Pero no es a punta de reformas a medias y mal diseñadas, ni simplemente botando gente a la calle como se transforma un Estado. Se requiere alguito más...

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ME DA MUCHA PENA con los honorables congresistas que se fueron a Cartagena a fomentar la violencia callejera y a buscar vitrina mediática en las protestas contra el TLC, pero el presidente Uribe tiene toda la razón en increparlos. No sólo por aquello del mal ejemplo, sino porque tienen en el Capitolio el escenario ideal para debatir y protestar, escenario donde además tienen inmunidad para que no les den bolillo. Lo único que falta es que se vayan a liderar las marchas en Copacabana contra los peajes...

Qué tristeza y cuán contraproducente que el debate sobre el TLC se quiera llevar a la dialéctica de los puños y de las piedras en las calles, en lugar de hacer una discusión objetiva y seria sobre sus costos y beneficios. Esa es la nueva forma de hacer política y de combatir la politiquería?.

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ME DA MUCHA PENA también con los latinoamericanos, pero en la última reunión anual del Diálogo Interamericano realizada el pasado fin de semana en Washington se concluyó que por primera vez en mucho tiempo la política exterior va a ser determinante en las elecciones de Estados Unidos. Lo malo es que, gane quien gane, América Latina seguirá relegada al cuarto de San Alejo en las prioridades del nuevo gobierno...

jmsantos@buengobierno.com

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