BODA REAL PASADA POR AGUA

BODA REAL PASADA POR AGUA

Se sabía que iba a llover, pero nadie imaginó que de semejante forma. Un impresionante aguacero le restó ayer esplendor y mucho pueblo a la esperada boda del Príncipe Felipe de Asturias y la periodista Letizia Ortiz, quien desde ahora recibirá el trato de Alteza Real , pues ha pasado a ser Princesa de Asturias.

23 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Se sabía que iba a llover, pero nadie imaginó que de semejante forma. Un impresionante aguacero le restó ayer esplendor y mucho pueblo a la esperada boda del Príncipe Felipe de Asturias y la periodista Letizia Ortiz, quien desde ahora recibirá el trato de Alteza Real , pues ha pasado a ser Princesa de Asturias.

Los invitados alcanzaron a entrar a la catedral de La Almudena sin tener que soportar gotas de lluvia, gracias a que comenzaron a ser ubicados en la iglesia desde las nueve de la mañana. Distinto fue el caso de la Familia Real, que se vio obligada a apurar el paso en el final del trayecto a pie entre el Palacio Real y la catedral de La Almudena, pues los goterones aumentaban en número y tamaño. Y de ahí en adelante, 10:45 de la mañana, comenzó a llover cada vez más fuerte. Tanto, que la novia tuvo que ser llevada hasta la puerta de la Catedral en un Rolls Royce. Y, curiosamente, apenas el vehículo hizo su aparición, se desató el aguacero más fuerte de toda la lluviosa mañana. Un auténtico palo de agua . Tan fuerte, que el vehículo parecía que navegaba, al levantar estelas de agua del tapete rojo por el cual Letizia Ortiz debía llegar caminando a la Catedral (según el plan original).

La situación obligó a cancelar un recorrido con pajecitos reales, ensayado durante días, y a un incómodo y poco glamoroso descenso de la novia frente a la iglesia, que los productores de Televisión Española optaron por no mostrar para no deslucir la llegada de la novia.

En la Plaza de Oriente, ubicada frente al Palacio Real y uno de los lugares más bellos de Madrid, el numeroso público que seguía los detalles de la boda en una pantalla gigante se cubría como podía debajo de paraguas y plásticos. A las 11:05 caía un diluvio que ahogó en buena parte el entusiasmo que normalmente genera la aparición de la novia. Pues los tradicionales gritos de "guapa" fueron más bien pocos.

La gente aguantó el aguacero hasta el ingreso de la novia en la catedral, tras lo cual la mayoría de los presentes en la Plaza de Oriente tomó rumbo a casa, para seguir desde la comodidad de sus hogares el resto de la ceremonia. Muy pocos esperaron el emotivo sí de los novios. Como dijo María Dolores, una madrileña de 40 años: "El agua nos ha echado a casa".

"Es una pena", repetía la gente, desconcertada por un aguacero de una intensidad poco habitual en Madrid. "El mes de mayo, normalmente es uno de los más bonitos aquí. Pero mira esto. La lluvia ha arruinado la fiesta", le dijo a EL TIEMPO Manuela, una desconsolada ama de casa de Mostoles. El clima le jugó una mala pasada a una ciudad que se había esmerado en mostrar su mejor cara para esta boda real: un acontecimiento que los madrileños no vivían desde hace casi un siglo y que esperaban con enorme ilusión.

Pero también hubo mucha gente que se lo tomó con humor, anotando que mojarse por algo que pasaba una vez cada 100 años, valía la pena . Aunque también con ironía: señalando que esta boda será largamente recordada, especialmente por la gripa colectiva que seguramente se desatará entre los ciudadanos que salieron a las calles para ver el festejo.

La lluvia también golpeó a los comerciantes. La venta de pequeñas banderas españolas, camisetas con la foto de los novios, calcomanías, agua y comida se estropeó por completo. Y los dueños de locales cercanos al Palacio Real, como Tomas, del bar-restaurante El Mollete, también se quejaban de la falta de público. "Hombre, esperábamos que viniera gente. Y mira como está esto (el local vacío)".

Pero el impacto más negativo fue sobre número de personas que debía acompañar el recorrido nupcial de la pareja. A las 8 a.m., en la famosa Plaza España era imposible conseguir un lugar con buena visibilidad. Pero a las 11:30, la lluvia se había encargado de limpiar considerablemente el lugar. Tanto, que se podía elegir sitio a gusto.

A esa misma hora, sobre la Gran Vía, y muy cerca de Plaza España, una de las pocas personas que resistía el aguacero sobre una de las vallas de protección, y con una gran sonrisa, era Nancy: una colombiana de 23 años y natural de Caucasia (Antioquia). "Me vine desde Bilbao (norte) para ver a los Príncipes y estoy aquí desde las 6 de la mañana". Y tras su larga espera, Nancy y los que apostaron por vencer al clima, tuvieron su recompensa: 3 segundos de pareja real en un Rolls Royce que no resultó ser el famoso Leti-móvil que tanto se había prometido, a pesar de tener techo de cristal a prueba de balas. Algo que no permitió ver a la pareja con la claridad que muchos esperaban.

Pero lo más lamentable fue que, por culpa de la lluvia, las calles no estuvieron colmadas de gente. Y aunque los productores de TVE se esforzaban por cambiar de plano para no evidenciar los claros en varios puntos del recorrido, no cabe duda de que la de ayer no fue la gran fiesta popular que se esperaba. Tras lo cual sólo queda recordar el viejo refrán que dice: "novia mojada, novia afortunada".

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