EL PRECIO DE LA ARROGANCIA

EL PRECIO DE LA ARROGANCIA

Estados Unidos está entrando a una nueva era de responsabilidad dice el Presidente Bush durante uno de sus discursos de campaña presidencial,la que cada uno de nosotros tiene claro que somos responsables por las decisiones que tomamos en la vida. Al referirse a los funcionarios ineptos es aun más claro en cuanto a lo que ocasionan:empezando a ver las consecuencias de las decisiones irresponsables tomadas por las personas. Deben pagar un precio por su irresponsabilidad

23 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Estados Unidos está entrando a una nueva era de responsabilidad dice el Presidente Bush durante uno de sus discursos de campaña presidencial,la que cada uno de nosotros tiene claro que somos responsables por las decisiones que tomamos en la vida. Al referirse a los funcionarios ineptos es aun más claro en cuanto a lo que ocasionan:empezando a ver las consecuencias de las decisiones irresponsables tomadas por las personas. Deben pagar un precio por su irresponsabilidad.

toda la responsabilidaddijo Donald Rumsfeld ante el congreso la semana antepasada. Pero, qué significa esto? El Secretario Rumsfeld se apresuró a añadir que no piensa renunciar y no va a pedir la renuncia de ningún otro que pudiera serPor lo que veo, asumir la responsabilidad por estos días no significa más que decir las palabras mágicasla responsabilidad.

Después del más grande ataque terrorista a Estados Unidos, a nadie se le pidió renunciar y la Casa Blanca ni siquiera quiso realizar una investigación seria al respecto. Luego de meses de negativas, se creó la Comisión 9/11 gracias a algunas de las familias de las víctimas que la exigieron agresivamente y simplemente no se dieron por vencidas. Después del fiasco alrededor de las armas iraquíes de destrucción masiva, ni una sola persona fue al menos trasladada. Las únicas personas que han sido despedidas o dadas de baja durante esta administración, han sido hombres como el General Eric Shinseki, Paul Oi Neill y Larry Lindsey, quienes dijeron verdades inoportunas.

Rumsfeld prosiguió con su presentación y explicó queterribles hechos mencionados fueron perpetrados por unos pocosEso es correcto, sólo que los pocos verdaderamente responsables no son el puñado de uniformados a los que actualmente se culpa por el escándalo de abusos en la prisión. Lo sucedido en Abu Ghraib es parte del gran colapso de la política estadounidense en los últimos dos años. Y ha sido perpetrado por unos pocos en las más altas esferas del gobierno.

Desde el 11 de septiembre, un puñado de funcionarios en lo más alto del Ministerio de Defensa y en la oficina del vicepresidente han dirigido la política exterior y de defensa estadounidense. Con la consigna de combatir el terrorismo, sistemáticamente han debilitado las restricciones tradicionales que han hecho de este un país respetado alrededor del mundo. Las alianzas, instituciones internacionales, normas y convenciones éticas, todas han sido consideradas costosos caprichos en los momentos de crisis.

Pocas semanas después del 11 de septiembre, altos funcionarios del Pentágono y la Casa Blanca comenzaron la campaña para maximizar la libertad de acción estadounidense. Atacaron específicamente las Convenciones de Ginebra, las cuales regulan el comportamiento durante las épocas de guerra. Donald Rumsfeld explicó que las convenciones no eran aplicables alde hechosactuales. El y sus altos asistentes persistentemente han tratado de mantener a los prisioneros fuera del alcance tanto de las cortes estadounidenses como de la justicia internacional, presumiblemente con el fin de poder manejarlos sin la barrera de esas normas engañosas. Rumsfeld inicialmente se enfrentó tanto a los militares de uniforme como a Colin Powell, quien insistió en que a los prisioneros en Guantánamo se les concedieran derechos de acuerdo con las convenciones. Finalmente Rumsfeld cedió en dicho asunto pero continuó sugiriendo que los protocolos eran anticuados. La semana pasada de nuevo dijo que las Convenciones de Ginebra no secon precisióny eran simplemente reglas básicas.

Las convenciones no son precisamente opcionales. Son un derecho común, firmadas por el presidente y ratificadas por el Congreso. La inquietud de Rumsfeld - que los miembros de Al Qaeda no visten uniformes y son por lo tantoilegales- es comprensible, pero esa es una determinación que debería estar a cargo de una corte militar. En una guerra que podría continuar por décadas, no se puede simplemente arrestar y tener detenidas a unas personas indefinidamente por orden del Secretario de Defensa.

La actitud básica asumida por Rumsfeld, Cheney y sus altos asistentes ha sidoen guerra; todas esas finuras tendrán que esperarComo resultado, hemos librado unilateralmente una guerra preventiva, despreciamos la cooperación internacional, rechazamos la participación de las Naciones Unidas, humillamos a nuestros aliados, desestimamos la necesidad del apoyo local en Irak e incurrimos en altísimos costos en sangre y en el tesoro público. Si no se debe confiar en el mundo en estos tiempos peligrosos, mucho menos se debe confiar en las principales entidades del gobierno estadounidense, como el Departamento de Estado. Al congreso escasamente se le informa, incluso sobre asuntos en los cuales suy consentimientoson constitucionalmente obligatorios.

Dejemos el proceso a un lado: los resultados son evidentes. En casi todos los temas que involucran a Irak después de la guerra - la fuerza de las tropas, el apoyo internacional, la credibilidad de los exiliados, la des Baatificación, el manejo de las relaciones con Ayatolá Ali Sistani - las hipótesis y políticas de Washington han sido erradas. Esta extraña combinación de arrogancia e incompetencia no solamente ha destruido las esperanzas de un nuevo Irak. Ha tenido un efecto aun mayor: ha convertido a Estados Unidos en un bandido internacional en opinión de la mayoría del mundo.

Sea que gane o pierda en noviembre, el legado de George W. Bush ya está claro: la creación de una atmósfera venenosa anti estadounidense en todo el mundo. Estoy seguro que él asume toda la responsabilidad.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.