EL DIH, A FAVOR DE LOS SECUESTRADOS

EL DIH, A FAVOR DE LOS SECUESTRADOS

Con su libro Sí al Acuerdo Humanitario, Ana Caterina Heyck Puyana ha puesto de nuevo el tema en la mesa de discusiones. Abogada del Rosario, Magíster en Derecho Internacional Público de la Universidad de Leiden, Holanda, fue asesora del Ministro del Interior bajo distintos gobiernos y del Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo. En su libro, discurre sobre el proceso que condujo a la aprobación de los Cuatro Convenios de Ginebra y de sus dos Protocolos Adicionales, para terminar con la prolongada ratificación de estos tratados en 1995.

23 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Con su libro Sí al Acuerdo Humanitario, Ana Caterina Heyck Puyana ha puesto de nuevo el tema en la mesa de discusiones. Abogada del Rosario, Magíster en Derecho Internacional Público de la Universidad de Leiden, Holanda, fue asesora del Ministro del Interior bajo distintos gobiernos y del Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo. En su libro, discurre sobre el proceso que condujo a la aprobación de los Cuatro Convenios de Ginebra y de sus dos Protocolos Adicionales, para terminar con la prolongada ratificación de estos tratados en 1995.

Pero lo más interesante de la obra se ubica en su planteamiento sobre la posibilidad de que el actual Gobierno, sin desmedro de su política de Seguridad Democrática, pueda concretar un Acuerdo Humanitario que permita a todos los privados de su libertad rehacer sus vidas. Frente al galimatías jurídico que se ha creado alrededor de este punto, la pregunta que subyace es la de si el Estado puede ignorar indefinidamente la suerte de los secuestrados.

En qué consiste el DIH?.

Es un conjunto de normas y principios de carácter universal que pretende hacer menos absurda y dolorosa la guerra. Si bien le son indiferentes las causas por las cuales existe, sí le interesa que se desarrolle en condiciones menos inhumanas, por ejemplo, que medios y métodos de combate sean limitados, que no se cause innecesario sufrimiento, que se proteja y respete a los civiles, al personal médico y sanitario, a los organismos neutrales, a los combatientes que están heridos o enfermos. En otras palabras, que sela guerra.

Es posible?.

La guerra es absurda y por ello también lo parecería pretender regularla. Pero esto no es así, lo que carece de sentido es desconocer que estamos en guerra y que al no poder acabarla sí es posible limitar sus efectos.

Cuál es el argumento para oponerse a un intercambio?.

Hay muchos argumentos en contra, pero el principal, que respondo en mi libro, es que no se puede negociar sobre el secuestro. Que el secuestro, concebido como toma de rehenes por el DIH, es un crimen de guerra prohibido expresamente por este ordenamiento. Que el Artículo 3 Común a los Convenios de Ginebra de 1949 contiene un mínimo humanitario de obligatorio cumplimiento, y la posibilidad que da de celebrar acuerdos sólo permite la ampliación de ese mínimo, mas no pactar sobre este.

Pero equivale a decir que como el secuestro está prohibido, el Estado sólo puede rescatar a los secuestrados militarmente.

En efecto, el secuestro o toma de rehenes está prohibido por el DIH; la guerrilla no debería secuestrar y debería liberar unilateralmente a todos los secuestrados, pero la realidad es que no lo hace, que hay miles de secuestrados y que el Estado no puede rescatarlos a todos con éxito. A este le corresponde, en su obligación de garantizar vida y libertad de sus ciudadanos, encontrar alternativas y mecanismos viables para conseguir la libertad de los secuestrados.

Algunos consideran que aceptar el intercambio va en desmedro de la autoridad del Estado.

Muchos reprueban que para obtener la libertad de los secuestrados salgan de la cárcel guerrilleros, que deben purgar sus penas y responder ante la ley por alzarse en armas. Por el momento, me remito a uno de los antecedentes que menciono en mi libro para demostrar que, históricamente, ha habido acuerdos que no han afectado autoridad, soberanía, ni legitimidad del Estado; a lo que dijera el ex canciller Londoño y Londoño, en carta durante su secuestro al entonces presidente Lleras Restrepo en 1970:al derecho de la sociedad para castigar el delito se levanta el derecho de un hombre a la vida.

Es posible un acuerdo humanitario sin desmedro de la Seguridad Democrática?.

Sí, dentro de la política de Seguridad Democrática es perfectamente coherente un acuerdo humanitario como el que planteo. En la actualidad se adelanta una negociación con las autodefensas, que al igual que la guerrilla son y han sido terroristas, sobre la base de haber suprimido el requisito de reconocimiento de estatus político del grupo armado en la ley de orden público. Esta ley justamente refiere al DIH, donde el principio de distinción entre combatientes es pilar fundamental. Si la lógica de esta negociación necesariamente radica en tratar a las autodefensas como combatientes, no del Estado sino de la subversión, pues lo lógico es que esta también lo sea. De otra manera no se podría entender ni aceptar dicho proceso ni todo el programa de desmovilización y reinserción. Cualquier banda de atracadores o jaladores de carros podría acceder a sus beneficios por la simple entrega de armas. Además, si el Presidente aceptó no exigir para el acuerdo humanitario el cese de hostilidades, ello implica concebir sus condiciones y su negociación dentro de la confrontación armada.

Cuál es su propuesta?.

Mi propuesta se apoya en razones históricas, políticas y jurídicas para realizar el acuerdo humanitario. Explico todas las dificultades del DIH en los conflictos no internacionales, los temas candentes como el reconocimiento de beligerancia, el estatus de combatiente y de prisionero de guerra, la ambivalencia del Estado colombiano, los antecedentes de acuerdos pasados de intercambio, la jurisprudencia de la Corte Constitucional y demás argumentos para demostrar que el acuerdo humanitario es viable, que no requiere de ley y que basta con el Artículo 3 Común, la Tercera Convención de Ginebra y los dos protocolos adicionales. Propongo un reconocimiento del estatus de combatiente y en consecuencia de prisionero de guerra a los guerrilleros presos por el delito de rebelión y demás relacionados con el combate como fórmula, no solo para el intercambio, sino para lograr la humanización de la guerra y la efectiva aplicación del DIH.

Sugiere la participación de la Comisión de Encuesta, por qué?.

La Comisión Internacional de Encuesta es un organismo internacional creado por el Protocolo I Adicional a los Convenios de Ginebra. Su competencia fue aceptada por el Estado Colombiano en 1996 y, sin duda, podría jugar un papel muy importante para avanzar en la consecución de la paz. La facultad que tiene de intervenir, en ejercicio de su función de buenos oficios, para lograr el acercamiento de las partes en conflicto y la capacidad de verificar y esclarecer hechos, sin ser tribunal penal de juzgamiento, le permitirían colaborar positivamente en la solución del conflicto armado. Colombia, al ser pionera en pedir oficialmente la intervención de la Comisión, daría ejemplo ante la comunidad internacional al dar este importante paso hacia el fortalecimiento del DIH.

- El ex canciller Ramírez Ocampo, el ex presidente Betancur, Ana Caterina Heyck, el ex presidente López y el ex Procurador Bernal Cuéllar.

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