POLÍTICA Y POLITIQUERÍA

POLÍTICA Y POLITIQUERÍA

En las últimas semanas se ha abierto un agrio debate en el país a propósito del ofrecimiento, real o supuesto, de Alvaro Uribe Vélez al Partido Conservador de cargos de significación en el Estado a cambio de su participación más activa y firme en la coalición de gobierno. Ahí fue Troya. De inmediato, este ofrecimiento fue catalogado como un repugnante pacto burocrático sin principios.

24 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

En las últimas semanas se ha abierto un agrio debate en el país a propósito del ofrecimiento, real o supuesto, de Alvaro Uribe Vélez al Partido Conservador de cargos de significación en el Estado a cambio de su participación más activa y firme en la coalición de gobierno. Ahí fue Troya. De inmediato, este ofrecimiento fue catalogado como un repugnante pacto burocrático sin principios.

Es justa esta crítica? De ninguna manera. En Colombia, en nombre de la defensa de la política, estamos destruyendo la política, la cual constituye el eje articulador de una nación. Todas las actividades normales de la actividad política están siendo tachadas, de manera absurda, como prácticas politiqueras.

En todas las naciones democráticas del mundo, tanto en Europa como en las Américas, la composición del gobierno constituye un reflejo fiel de la coalición gubernamental. Los gabinetes ministeriales son un espejo de las fuerzas políticas que apoyan el proyecto del Presidente de la República (América) o del Primer Ministro (Europa). En los sistemas parlamentarios, incluso, tanto el Primer Ministro como el resto de gabinete provienen en general de las bancadas parlamentarias en representación de las fuerzas políticas de la coalición gubernamental. Esta es la principal fuente de la gobernabilidad democrática en estos regímenes, dado que el gobierno es un simple reflejo del bloque dominante en el parlamento (mayorías coincidentes), a diferencia de los regímenes presidencialistas, en los cuales un presidente se puede ver confrontado con un Congreso adverso, como ocurre hoy en Ecuador y Perú (mayorías divergentes). De ahí, las altas probabilidades de parálisis en la gestión gubernamental o, incluso, de conflictos abiertos entre las dos ramas del poder público, en detrimento de la estabilidad institucional.

(A propósito: es impactante la pobreza intelectual del Partido Liberal, que apoya la idea de Alfonso López Michelsen de un régimen parlamentario, pero, a su turno, se opone a que los congresistas en ejercicio puedan desempeñar cargos ministeriales. Es decir, desaprueba uno de los requisitos básicos del parlamentarismo. En qué estamos?).

Sin embargo, la compenetración entre un gobierno y las mayorías políticas para la definición de los altos cargos en la dirección política del Estado de ninguna manera se debe confundir ni con los nombramientos propiamente clientelistas ni, mucho menos, con la entrega a uno de los partidos de gobierno de los cargos de fiscalización del Estado.

Es politiquería y clientelismo, en detrimento del fortalecimiento de la carrera diplomática que el país requiere a gritos. Por mínima dignidad, los familiares de los parlamentarios que ocupan cargos en el exterior deberían renunciar, salvo que puedan demostrar una excepcional hoja de vida.

Igualmente, es muy negativo que el Gobierno le ofrezca los cargos de control de la acción gubernamental (la Contraloría y la Procuraduría) al Partido Conservador. Estos cargos deben ser ocupados por miembros distintos a los de la coalición de gobierno. De lo contrario, se constituye en una farsa. Los actuales Contralor y Procurador Generales de la Nación, Edgardo José Maya y Antonio Hernández, son una prenda de garantía de independencia, honestidad y fiscalización rigurosas. Su cambio por aliados del Gobierno sería nefasto. Serían simultáneamente jueces y parte.

Un pésimo antecedente fue el nombramiento de Oscar González uno de los máximos dirigentes de la campaña de Luis Eduardo Garzón para la Alcaldía de Bogotá como Contralor de la ciudad. Este nombramiento constituye una verguenza para el Polo Democrático Independiente, que ha perdido gran parte de su autoridad moral para criticar los eventuales pactos burocráticos de Uribe.

En pocas palabras, la política es el arte de la construcción de mayorías para implementar un programa desde el Estado. Y la politiquería es la utilización del gobierno en beneficio privado de camarillas políticas. La confusión entre ambas es nefasta para la consolidación de la democracia en Colombia.

* Profesor del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia.

epizarro@cable.net.co

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.