LOS HIJOS DE HERMAN MONSTER

LOS HIJOS DE HERMAN MONSTER

Nosotros nacimos paramilitares. En julio de 1983, las armas que nos llegaron al Magdalena Medio venían con el sello del Estado. Ahora dirán que el papá no va a responder por el muchachito. Pues ahora les va a tocar ver qué hacen con el hijo de Herman Monster que crearon. Esta frase, que salió publicada hace una semana en EL TIEMPO, en un revelador reportaje hecho al estado mayor de los paramilitares, hoy concentrados en Santa Fe de Ralito, me hizo recordar a Bernardo Jaramillo.

24 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Nosotros nacimos paramilitares. En julio de 1983, las armas que nos llegaron al Magdalena Medio venían con el sello del Estado. Ahora dirán que el papá no va a responder por el muchachito. Pues ahora les va a tocar ver qué hacen con el hijo de Herman Monster que crearon. Esta frase, que salió publicada hace una semana en EL TIEMPO, en un revelador reportaje hecho al estado mayor de los paramilitares, hoy concentrados en Santa Fe de Ralito, me hizo recordar a Bernardo Jaramillo.

Carismático como pocos líderes de la UP, Bernardo fue asesinado en 1991, entre otras cosas porque se atrevió a denunciar la existencia de este monstruo. Su problema es que lo hizo desde el lado de las víctimas, una orilla distinta a la que les permite hoy a los paras confesar su participación en la construcción de ese adefesio, sin que por ello se sientan responsables de los crímenes cometidos por el monstruo.

Lo cierto es que, mientras las autodefensas se armaban en el Magdalena Medio, Jaramillo denunciaba la existencia de unos hacendados que estaban amparados por el Estado con el propósito de orquestar una alianza que sacara a la guerrilla de esas zonas; una alianza que, según sus palabras, podría estar creando un inmenso monstruo, porque estaba diseñada no solo para combatir a la guerrilla, sino para acallar a todos los segmentos de la población que se resistieran a sus tácticas y no pensaran como ellos.

Obviamente, el notablato político poco le creyó a Jaramillo; desconfiaba de él, por considerarlo un hombre demasiado relacionado con las Farc, cuando en realidad, en ese momento, y junto con otros miembros de la UP, él se encontraba enfrentado a los jefes guerrilleros, a quienes se atrevió a cuestionar duramente por su injerencia en los movimientos de izquierda. Es difícil saber qué país seríamos si Bernardo y su gente no hubiesen caídos abatidos por las balas que disparó y sigue disparando esta alianza basta ver lo que está pasando en la Guajira con la etnia de los wayú . Como también es difícil saber qué país seríamos si todos los muertos que ha producido la guerrilla estuviesen vivos.

Lo que sí es sintomático es que, después de tantos años de sangre y de muertos, los paras hoy congregados en Santa Fe de Ralito confiesen lo inconfesable y no solo nadie se inmute ,sino que se pase de largo frente a otra afirmación, acaso más grave que la confesión en la fabricación del monstruo: la de que la política de seguridad democrática del presidente Uribe ha sido exitosa gracias a ellos. Es decir, que de no haber sido por sus ejércitos, los que controlan ya varios corredores estratégicos por donde antes circulaba la guerrilla, la política de seguridad democrática no habría podido materializarse. Grave acusación que tampoco ha merecido mayor reacción en el Gobierno, que sigue demasiado ocupado en el tema de la reelección.

Por menos, a ONG como Americas Watch, las huestes uribistas las han señalado con el dedo acusador, tratándolas de permisivas, con el argumento de que sus denuncias le hacen el juego a la guerrilla. No se dan cuenta de que lo que hoy confiesan los paras viene siendo denunciado por varias de ellas, a las que el Gobierno cuestiona por ser profetas del desastre . Y cuando estas mismas denuncias que hacen las ONG las dice Mancuso, y las confirma Jorge 40..., qué vienen a hacer? Contribuciones a la política de corazón grande?.

Sería bueno que el Gobierno se pusiera de acuerdo en este asunto, no va y sea que el monstruo termine como Saturno, devorando a sus hijos. Si lo que dicen los paras en Santa Fe de Ralito es cierto, ello ameritaría no solo un serio replanteamiento de la política de seguridad democrática, sino que arrojaría aún más dudas sobre los peligros que podría tener la aplicación de un instrumento como el Estatuto Antiterrorista, aprobado a trompicazos en primera vuelta.

Descansa en paz, Bernardo Jaramillo.

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