NEGOCIANDO EL TLC

NEGOCIANDO EL TLC

TLC y Alca son siglas que han aparecido con frecuencia en los medios de comunicación durante los últimos meses. La primera se refiere al Tratado de Libre Comercio, que es un acuerdo para eliminar obstáculos y restricciones al comercio y al flujo de inversiones entre países. La segunda se refiere al Area de Libre Comercio de las Américas, que era un acuerdo para lo mismo, solo que debía negociarse de manera conjunta y simultánea con todos los países de América.

24 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

TLC y Alca son siglas que han aparecido con frecuencia en los medios de comunicación durante los últimos meses. La primera se refiere al Tratado de Libre Comercio, que es un acuerdo para eliminar obstáculos y restricciones al comercio y al flujo de inversiones entre países. La segunda se refiere al Area de Libre Comercio de las Américas, que era un acuerdo para lo mismo, solo que debía negociarse de manera conjunta y simultánea con todos los países de América.

El Alca ha perdido impulso porque Estados Unidos prefirió negociar con cada país por separado, como lo hace ahora para el TLC, en lugar de enfrentarse a todos en bloque (ya que Argentina, Brasil y otros estaban poniendo trabas). Divide y reinarás.

El TLC en sí mismo no es bueno ni malo, sino que depende de cómo se negocie. Una buena guía es lo que dice un principio elemental: que el resultado de una negociación tiende a ser más equitativo cuanto más iguales sean las partes involucradas.

Un punto a considerar es que el gobierno colombiano comienza la negociación del TLC desde una posición débil pues, más que otros países, depende de Estados Unidos para su supervivencia, y ambos lo saben. Sin el apoyo militar y logístico de Estados Unidos, el gobierno colombiano tendría problemas para mantener el control territorial y su probabilidad de reelección descendería. Y sin el aval económico, la banca internacional suspendería de inmediato los préstamos que Colombia usa para el pago de la deuda pública, con lo cual el gobierno y la economía entrarían en moratoria y caos.

También está el tema de los negociadores. Estudiando sus hojas de vida (que los lectores pueden ver en Portafolio, lunes, mayo 17, p. 28), es fácil concluir que, aun siendo magníficos individuos, nuestros negociadores son o yuppies o neoliberales, o ambos. Confiar en ellos para negociar a nombre del pueblo colombiano es como poner los hijos en un jardín llamado Herodes.

Dada la trascendencia y el impacto que el TLC tendrá en la vida nacional durante las próximas décadas, es importante que los negociadores sometan sus decisiones finales al examen de todos los colombianos. En este sentido, podría proponerse que el TLC sea aprobado por algún tipo de consulta popular. Si la consulta aprueba el TLC, magnífico. Si no lo aprueba, se renegocia. Pero habría un incentivo para que lo hagan bien desde el principio.

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