LA GUERRA QUE E.U. HABÍA EVITADO

LA GUERRA QUE E.U. HABÍA EVITADO

Qué tienen en común el clérigo shiita Moqtada Sadr, y el senador demócrata de E.U. Edward Kennedy? Probablemente nada, salvo que ambos, desde perspectivas muy diferentes, predijeron esta semana que Irak sería el Vietnam de George W. Bush. Exageran? Un poco. Pero es claro que la violencia en el país, antes generada por focos de resistencia muy específicos terrorismo y remantes del régimen de Saddam Husseinahora parte de diversos sectores de la población que han encontrando una causa en común: Poner fin a la ocupación. Y en ese sentido, hablar de Vietnam no resulta ya tan disparatado.

10 de abril 2004 , 12:00 a.m.

Qué tienen en común el clérigo shiita Moqtada Sadr, y el senador demócrata de E.U. Edward Kennedy? Probablemente nada, salvo que ambos, desde perspectivas muy diferentes, predijeron esta semana que Irak sería el Vietnam de George W. Bush. Exageran? Un poco. Pero es claro que la violencia en el país, antes generada por focos de resistencia muy específicos terrorismo y remantes del régimen de Saddam Husseinahora parte de diversos sectores de la población que han encontrando una causa en común: Poner fin a la ocupación. Y en ese sentido, hablar de Vietnam no resulta ya tan disparatado.

Durante meses, E.U. había evitado convertir Irak en una guerra contraurbanas organizadas que luchan por expulsar del país a los tropas de la coalición. Si bien nunca fueron recibidos como los, existía una especie de mantenimiento del statu quo con las distintas facciones del país. Los shiitas, que componen el 60 por ciento de la población, agradecían de cierta manera haberse emancipado del yugo de Hussein, un sunita, y decidieron colaborar. Los sunitas, por su parte, optaron por desbandarse y mantener un bajo perfil mientras se estabilizaba la situación. Pero con el paso de los meses, el vacío de poder que dejó la salida del dictador se fue llenando con estas milicias urbanas que hoy constituyen pequeños ejércitos, armados hasta los dientes, que buscan su lugar en el nuevo Irak que debe surgir tras la transición política prevista para junio.

Estados Unidos, dice el asesor editorial de The Washington Post, David Ignatius, sabía desde hace mucho que estas milicias eran una bomba de tiempo que amenazaba con destruir todo lo edificado en el año largo que lleva la invasión. puede haber paz en Irak mientras existan milicias de más de 10.000 hombres controlando ciudades enteras en el país. El éxito de esta empresa depende de que el ejercicio del poder este en manos del Estado y no distribuido entre facciones tribales cada cual con su agendadice una fuente consultada en el Pentágono.

Por eso, afirma Ignatius, se decidió atacarlas antes de que sea demasiado tarde. En caso del Sadr, fue una acción programada. El cierre de un diario dirigido por él, y las órdenes de arresto contra él y sus principales lugartenientes, fueron los primeros pasos. Era previsible una reacción violenta como la que presentó en Bagdad y algunas ciudades al sur del país, donde Sadr es muy popular. Pero E.U. contaba con la aprobación tácita del líder nacional shiita, Gran Ayatolá Al Sistani, que ve en Sadr a un rival potencial. En el caso de los sunnitas, se pensó en una operación más quirúrgica y de bajo perfil, pero se terminó en ofensiva total luego de que una de sus milicias asesinó brutalmente a cuatro contratistas estadounidenses en Falluja.

confluencia de ambas operaciones contra Sadr y contra las milicias en Fallujaha generado una sensación de caos generalizado. El resultado, no intencionado si se quiere, es que E.U., finalmente, ha unido a shiitas y sunnitas en su contra. Algo impensable hace algunos meses dada la rivalidad natural entre ambos gruposopina Ignatius.

Hay que decirlo. Tanto Sadr como las milicias de Falluja son expresiones radicales que no representan el sentir de la mayoría de los iraquíes. Si E.U. logra extinguir esta hoguera con rapidez y poco ruido, quizás las consecuencias no sean nefastas. Pero si los combates se prolongan, y se tornan aún más violentos, el riesgo de que la insurrección se propague irá creciendo a ritmo exponencial.

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