DESAPARECIERON LOS CAMINOS, NO NOSOTROS

DESAPARECIERON LOS CAMINOS, NO NOSOTROS

Entre coplas se escuchaba su llamado: desaparecieron los caminos pero no nosotros .

24 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Entre coplas se escuchaba su llamado: desaparecieron los caminos pero no nosotros .

Así cantaba Edgar Montoya, el `Juan Valdés Pobre , como lo conocen en el suroeste antioqueño sus colegas los arrieros.

l, al igual que Alfonso Velásquez, de 73 años, y tal vez el arriero más viejo de la Región, suelen cargar bultos de maíz y fríjol, o `ataos de madera por las trochas de sus pueblos.

Desde Támesis, Valparaíso y otras localidades del suroeste de Antioquia, 20 de ellos, hombres comunes y corrientes dedicados a la arriería, se reunieron en La Pintada (población ubicada en esa misma zona) para iniciar una larga jornada que concluyó el domingo 9 de mayo en Medellín, como un homenaje a los desaparecidos Guillermo Gaviria Correa, gobernador de Antioquia, y Gilberto Echeverri Mejía, asesor de paz, asesinados hace un año por la guerrilla de las Farc.

Su fin: avanzar con sus mulas, unas 50 en total, para llevar comida a los desplazados por la violencia que se encuentran en la capital antioqueña. Es gente como nosotros. Podríamos ser nosotros , comentaba Osvaldo Becerra, un arriero, trovador y cuentero de Támesis.

Les tocó enfrentar largas jornadas. El primer día tuvieron que soportar las aguas del río Poblanco (en La Pintada) y cruzarlo 25 veces para llegar hasta Fredonia, donde fueron recibidos con una gran fiesta.

El viernes, aunque tarde, las ganas de continuar con el recorrido fueron más grandes que el cansancio que producían las empinadas calles de Fredonia. Acompañados de una orquesta de no más de cuatro hombres con carrascas, llegaron a Palomos, corregimiento de esa localidad que sería sitio de descanso antes de arribar a Amagá.

La mañana estuvo soleada. Los arrieros caminaban rápido. Pero no porque queramos sino porque la mula va volando y peyendo duro , contaba Becerra, quien no dejó de echar cuentos sobre lo `jodidos que son los arrieros.

Paisas al infierno.

El paisa es mentiroso, mujeriego, bebedor, parrandero, jugador y tramposo. Los paisas siempre se van para el infierno , continuaba Becerra.

Y es que con el recorrido de los arrieros, todos con sus machetes, sus zurriagos y carrieles, se pudo ver que no han desaparecido. Desaparecieron los caminos pero no nosotros , repetía Montoya, que seguía cantando bajito sin olvidar a Gitana, su mula consentida.

Ellos son hombres fuertes y hacen parte de la memoria de Antioquia. Son mentirosos y guardan en los seis bolsillos secretos de sus carrieles los teléfonos de las muchachas.

Es que nosotros somos como marineros , dice Montoya, tenemos una mujer en cada pueblo , agrega.

Y para acabar de ajustar somos más valientes que cualquiera. Cuando le diga que una vez un arriero amigo y yo tiramos a matar a un tigre que se nos apareció en el monte, y se asustó tanto que desapareció , concluye el arriero.

Llegaron cansados a Medellín en un día lleno de actividades capitalinas. Era el día del homenaje especial a la Beata Madre Laura y entonces Alfonso Velásquez, el viejo arriero, levantaba una imagen de la religiosa. Los demás miraban el rostro de los asesinados en una foto en blanco y negro.

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