LOS RICOS NO VIAJAN COMO EL RESTO

LOS RICOS NO VIAJAN COMO EL RESTO

Viaje a donde viaje, no se topará con ellos. Los super-ricos no piensan en términos de alqui-lar un cuarto de hotel, ellos alquilan toda una isla.

16 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Viaje a donde viaje, no se topará con ellos. Los super-ricos no piensan en términos de alqui-lar un cuarto de hotel, ellos alquilan toda una isla.

Seamos totalmente sinceros, solo por un momento. La verdadera emoción de un asiento de avión en business no es la toalla tibia o el pan recién horneado. La emoción sobreviene antes del despegue, al arrellanarnos en nuestro asiento, beber un sorbo de champaña y pretender que no notamos las densas hordas de desdichados que pasan apiñándose.

Miramos indolentes por la ventana, u hojeamos un ejemplar de la revista del avión, mientras el torrente de pasajeros tristes con dificultades para ascender fluye, con las manos car-gadas de bebés, cajas y valijas demasiado grandes, haciendo rodar, empujando y arrastran-do sus pertenencias hasta un asiento apenas lo suficientemente grande como para un chico de 8 años, y con espacio apenas para un libro en edición rústica en la gaveta superior.

Fingimos que no nos damos cuenta, pero no es así. Y nos damos cuenta de que ellos se dan cuenta, y sentimos su envidia y quizá su bronca y -seamos muy, muy sinceros- eso hace de alguna manera que el asiento en que nos encontramos sea aún más amplio, y el champaña que estamos bebiendo un poquito más burbujeante. Forma parte de la naturaleza humana, supongo, que la mejor manera de disfrutar las cosas que tenemos sea gozándolas directa-mente frente a alguien que no las tiene.

O quizá sea simplemente lo que los no tan ricos hacen cuando tienen la suerte suficiente de acceder a alguna promoción. Porque los ricos, los ricos de verdad -al contrario de los que viajan mucho en business, o usan determinada tarjeta de crédito, o saben cómo manejar el tema del viajero frecuente- no se desesperan tanto por consumir notoriamente. Ni siquiera están en el avión, bebiendo champaña y mirando con condescendencia la clase económica. Están en su propio avión, bebiendo lo que se les antoja beber, yendo donde quieren ir.

Y vayamos donde vayamos, no nos los encontraremos. Los super-ricos no piensan en tér-minos de alquilar un cuarto de hotel, ellos alquilan una isla entera. La Isla Necker, en el Caribe, cuesta alrededor de 22.000 dólares la noche, y cuenta con 30 personas de servicio. Una opción más barata podría ser el Chteau de la Guillonnire en el valle del Loire (Fran-cia), que se consigue por el módico precio de 10.000 euros por semana en temporada alta.

Pero ser rico es en realidad ser rico en opciones, o sea que para algunos viajeros de alto nivel que quieren partir la diferencia entre una isla y un cuarto de hotel común, está el Amanpuri, en Phuket (Tailandia), que ofrece villas con múltiples habitaciones por una tarifa muy aceptable de 5.000 dólares la noche.

Y cuando deciden ir de juerga por los barrios en el Ritz de París, digamos, o el Four Seasons de Maui (Hawai), tenga la certeza de que no se quedan parados tristemente en la recepción, esperando para registrarse. Son acompañados a sus suites, protegidos de las miradas espías de los pobres patanes que tienen que registrarse como corresponde.

Por supuesto, tiene que ser irritante descubrir, al registrarse en el Ritz de París, que no lo van a acompañar a ninguna parte hasta que no aprueben su tarjeta de crédito y que, en general, el acompañamiento y los mimos son algo que reciben los que están en las suites de 2.000 dólares la noche -las grandes, las que tienen nombres- y no la gente del llano que paga unos miserables 850 la noche por una habitación común sin vista.

Pero es así como debe pensar el tipo de business que se ríe solapadamente de los miserables en económica justo antes de percatarse de lo agradable que es la primera. O para el tipo de primera que mira con presunción por la ventana y ve un pequeño avión Gulfstream V listo para despegar. Pero incluso el tipo del Gulfstream, en su cabina privada, es consciente de que no es el dueño del avión. Es un contrato temporal. Y si mira por la ventana en el mo-mento justo, tal vez vea a Paul Allen, uno de los fundadores de Microsoft, saliendo en su Boeing 707. Perdón, uno de sus Boeing 707.

Claro que, en cierto modo, una vida llena solo de mimos de alto nivel tiene que resultar decepcionante. El verdadero lujo se saborea mejor cuando viene después de un poquito de incomodidad. Años atrás, después de varias semanas de caminata en Birmania, cansado, sucio, agotado y un poco enfermo, llegué a Bangkok (Tailandia).

Me dirigí directamente al Mandarin Oriental Hotel. Mientras luchaba por salir del taxi, se aglutinaron junto al auto empleados uniformados. En un frenesí de actividad, sacaron el equipaje, le pagaron al taxista, me guiaron por el hall y directamente hasta mi habitación, desempacaron por mí, enviaron mi ropa sucia a la lavandería, prepararon el baño, me tra-jeron té. . . era un ballet increíble de servicio. Antes de que pudiera darme cuenta de lo que pasaba, estaba parado en mi cuarto de hotel, con mi bata puesta y una orquídea en una ma-no y mi tarjeta American Express en la otra.

El Mandarin Oriental Hotel es uno de los hoteles más grandes del mundo, obviamente. Y es lujoso, más allá del estado en que uno llegue -sucio y enfermo, o impecable, recién salido del Gulfstream V-. Pero quiero pensar que fue especialmente fantástico porque era lo que necesitaba, justo cuando lo necesitaba. Quiero decir, los mimos para super-ricos las 24 ho-ras los 7 días de la semana tienen que volverse aburridos, no? No?.

Digamos que sí, de acuerdo?

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.