LA REINA DE LA NOCHE

LA REINA DE LA NOCHE

Aunque la comedia se considere un género menor del arte dramático, cuando alcanza su máxima cima de gravedad, cuando el ritmo fluye como la vida misma y el tiempo que nos cobija es real sin el artificio de la distancia entre el espectador y sus protagonistas , estamos ante una verdadera obra de arte.

10 de abril 2004 , 12:00 a.m.

Aunque la comedia se considere un género menor del arte dramático, cuando alcanza su máxima cima de gravedad, cuando el ritmo fluye como la vida misma y el tiempo que nos cobija es real sin el artificio de la distancia entre el espectador y sus protagonistas , estamos ante una verdadera obra de arte.

Eso se percibe en la comedia Noche de reyes de William Shakespeare, escenificada por actores rusos y dirigida por el británico Declan Donnellan. Es una enredada historia de amor, donde las pasiones humanas son mostradas en toda su esplendorosa banalidad: los caprichos, las debilidades, las saudades y alegrías, son matizadas por un constante y fino humor que proporcionan el talento, el rigor y la experiencia. El peso dramático de la historia, aquí se vuelve alado, ligero, ridículo, sublime, y en ese cambio de tono radica el éxito de la comedia.

La puesta en escena es pulcra, hay una implícita belleza en todo lo que vemos; el manejo del espacio es aleccionador, los actores salen y entran con una sutileza digna de aprehender, y la sobriedad estética de la escenografía es abrumadora: unas luces de color pastel, unos telones angostos de fondo que sirven de corredor o laberinto a los 13 actores, y unos músicos con aires de bolero y Caribe, son en síntesis el amoblado de la presentación.

Una impecable actuación, que combina experiencia y juventud, y una naturalidad que nos invita a la perplejidad, porque los actores no recitan un parlamento, ni impostan, ni declaman, simplemente conversan, sufren, son felizmente perversos; es decir, viven enteramente la obra. Aunque conservan la tradición del teatro isabelino, donde el papel de las mujeres es hecho por hombres que aquí por su contundencia pasa casi inadvertido , logran darle un sesgo contemporáneo a la obra especialmente por un cuidadoso vestuario, la música y las situaciones de época.

Los textos traducidos que podemos leer mientras la obra transcurre son fieles a Shakespeare, quien dice que en el amorcerebro y el corazón deben ser habitados por un solo reyEn esta interpretación rusa-británica la noche fue habitada por una sola reina: la comedia.

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