LA PRIMERA AUTORIDAD DE LIMA HABLÓ CON EL TIEMPO RICARDO BELMONT: UN ALCALDE EN CAMPAÑA

LA PRIMERA AUTORIDAD DE LIMA HABLÓ CON EL TIEMPO RICARDO BELMONT: UN ALCALDE EN CAMPAÑA

Ricardo Belmont es un hombre vital. Maneja los gestos moderadamente, pisa los 50 años y desde hace nueve meses es el alcalde de Lima, una ciudad en plena turbulencia social, a orillas del Océano Pacífico. En noviembre del año pasado, Belmont, quien se postuló por el Movimiento Obras, que apoyaba la candidatura de Mario Vargas Llosa, resultó electo. Según dijo en entrevista con EL TIEMPO, triunfó sin prometer nada.

22 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

No puedo prometer nada --dice-- porque no hay presupuesto. No necesité decirle al pueblo nada. Mis 17 años de vida pública lo dicen todo. Actúo con transparencia. Que las obras hablen por mí . Responsabiliza a la falta de presupuesto de los problemas capitalinos, similares en la mayoría de las ciudades latinoamericanas: deficientes servicios públicos, problemas de transporte, limpieza y desempleo, el flujo migratorio --entran a Lima 200.000 personas al año-- y la amenaza terrorista.

Lima, según señala, tiene treinta veces menos el presupuesto de Bogotá, pese a que las proporciones habitacionales de las dos ciudades son semejantes: aproximadamente siete millones de habitantes.

El alcalde de Lima se describe sin titubeos y con modestia: Soy un alcalde en la oposición. Solo en el mundo. Sin partido. Elegido por el pueblo. Represento la voluntad popular .

Encara los problemas de la capital peruana con una primera reunión de carácter estrictamente municipal, que se lleva a cabo en su residencia, bien temprano. Luego dedica de dos a tres horas a los problemas coyunturales. Evita y delega lo protocolar. El resto del día lo reparte en problemas estructurales. A las 7 de la noche se dirige al canal de televisión de su propiedad.

Belmont lleva a cabo una especie de alcaldía-campaña. Los domingos a las 8:30 de la noche en el programa de televisión Usted tiene derecho, le cuenta a la población lo que la autoridad elegida hace y advierte que la democracia no es sólo ir a las urnas; es la fiscalización de sus gobernantes .

Los domingos visita los pueblos jóvenes (marginados) para conversar con la gente. Asegura que frente a las demandas alimenticias y salariales, lo único que por ahora se puede hacer es explicarles que Lima es como una casa sin presupuesto . Cuatrocientos mil limeños conforman el sector informal de la economía que crece día a día en la capital peruana.

Después de nueve meses de gestión, Belmont asegura haber obtenido logros en la pavimentación de calles, en la construcción de canchas deportivas, que son más económicas que hacer un hospital , y en campañas contra la drogadicción en los estratos medios y bajos.

Se manifiesta esperanzado. Dice que con este gobierno es evidente una mayor seriedad, porque en la administración anterior (la de Alan García), no había futuro. Le dejó a Fujimori el país quebrado --dice--. De allí la actual política económica .

Señala que el plan económico del Gobierno (de shock) es el mismo del de Vargas Llosa y dice: La única diferencia es que Vargas Llosa se lo anunció a la población. Fujimori no, y lo aplicó .

Belmont quiere que su gestión logre la aceptación y apoyo del presidente Fujimori. Fujimori sabía que yo apoyaba a Vargas Llosa. Estudió la forma de buscar consenso en el Gobierno nacional para recobrar la confianza perdida .

Su optimismo abarca el desarrollo de un plan metropolitano que existe desde hace diez años. Dice que las actuales negociaciones con el Banco Mundial abren esa perspectiva.

Por otra parte, está seguro de sus pretensiones: tener una Lima planificada en el año 2000, con presupuestos suficientes en cada una de las áreas.

Y advierte, sin temor, que su ciudad está enferma. Tiene todas las enfermedades de las capitales latinoamericanas con diferentes grados de temperatura. Está enferma en su estructura institucional. Se ha perdido el principio de autoridad. También de las clases políticas tradicionales. El ejemplo elemental es la elección del pueblo: Fujimori. Hay delincuencia común. La ciudad crece y malogran sus servicios públicos .

Este hombre de estatura mediana, deportista consagrado, empresario cotidiano y periodista --más bien político-- por la suerte de haber agarrado un micrófono hace 17 años, se mueve por las calles de Lima con una escolta contratada por él en vista de que el Gobierno no puede ofrecerle tal garantía. Pero se declara curtido frente a la constante amenaza. Con una década terrorista, la familia y los hijos se curten .

Cuenta que en la capital se empieza a sentir en forma directa la presencia senderista. Mueren cinco o seis cada noche --informa--. La autoridad capitalina se encuentra impotente. Los insurgentes se sienten protegidos. Hasta el momento no se les ha juzgado. Agarraron a varios y se escaparon extrañamente. Le han ganado terreno a la justicia. El crimen es selectivo .

Pero prefiere hablar de lo que necesita el Perú y no de sus problemas: Asegurar una conciencia cívica, capacidad empresarial, no luchas partidarias, ni éxitos personales. Hay que cambiarle la mentalidad al pueblo peruano .

Belmont, que es, además, presidente de los alcaldes de Perú --son 1.968-- y vicepresidente de la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas (UCCI), cuenta que así como las noticias del Perú se magnifican en el exterior, las procedentes de Colombia corren la misma suerte. Recibimos información --dice--sobre la actividad del cartel de Medellín. No obstante, lo consideramos un país con una gran vocación democrática. Se perfila como una gran potencia. Tiene cinco o seis ciudades en desarrollo y una industria fuerte. Hay mayor identidad nacional .

Y vuelve al Perú para contar que la gente andina no ha podido desarrollarse en la provincia. Razón por la cual llega a la capital. De esa forma, no se puede integrar fácilmente a ese sesenta por ciento provinciano , concluye.

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