GENTE QUE BRILLA EN LA OSCURIDAD

GENTE QUE BRILLA EN LA OSCURIDAD

* LAZARILLO DE VIDENTES TUNJA En los sitios de interés turístico de Tunja, donde toda suerte de discapacitados pide limosna, los visitantes conocen a Elvia Lucía Martínez, ciega de nacimiento. No la encuentran implorando por una moneda, sino relatando historias antiguas.

25 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

* LAZARILLO DE VIDENTES.

TUNJA.

En los sitios de interés turístico de Tunja, donde toda suerte de discapacitados pide limosna, los visitantes conocen a Elvia Lucía Martínez, ciega de nacimiento. No la encuentran implorando por una moneda, sino relatando historias antiguas.

Ella, que a los 7 años se dio cuenta de que no veía, es guía turística profesional. Puede describir con sorprendente exactitud un paisaje natural, una cerámica muisca o un mortero antiguo. Sus ojos, afirma con sencillez, son los del alma.

Con 15 años de experiencia y una vanidad que le impide revelar su edad, lleva casi dos lustros en el Instituto de Cultura de Boyacá. Excepto por su bastón, no parece una persona con limitación visual. Se desplaza por las calles del centro sin dificultad, a diferencia de sus primeros meses de labores, cuando se caía con frecuencia.

Como toda cabeza de familia, también debe cumplir con las tareas de la casa: "Todos los días madrugo a despachar a mis hijas para el estudio, hacer el desayuno, arreglarme y tomar un colectivo para llegar a mi trabajo".

La gente se sorprende al ver su eficiencia como guía. "Tengo truquitos", confiesa. "Por ejemplo, recorro el lugar que voy a mostrar entre 5 y 10 veces, y hasta que me siento satisfecha no se los enseño a mis turistas", afirma, para explicar la precisión de sus movimientos. Además, en cada sesión despliega toda una batería de conocimientos históricos, sonríe y mueve sus ojos en la dirección del objeto al que se refiere.

"Cuando estuve en el Museo del Louvre, en París, vi la Mona Lisa -cuenta-. La guía me permitió estar cerca de la pintura y a medida que ella la describía yo sentía cada trazo, vivenciaba cada segundo que el autor dedicó a la obra y compartía con él las emociones que debió experimentar cuando la pintaba". Así, dice, ha visto todos los cuadros de los que habla.

Pero su mejor truco tiene que ver con los niños: "En los trenes y en los barcos me siento cerca de un niño, porque siempre estará preguntando: Por qué se oyen las olas? o qué es eso? La respuesta a esos interrogantes la escucharemos ese niño y yo. Así aprendo".

* JUSTICIA CIEGA.

MEDELLIN.

Cuando la actual juez primera penal del Circuito de Yarumal estudiaba derecho en la Universidad de Medellín, un profesor la desanimaba. "Le voy a demostrar que se equivocó de carrera", le decía. La razón? Angela María Gómez Bastidas no puede ver. Pero su maestro se equivocó. A los 40 años, con 13 de experiencia, ella fue reconocida en el 2003 como Mejor Juez de Antioquia.

De niña padeció el síndrome de Stiph o deterioro constante de la visión. Después de visitar varios especialistas, viajó a Bogotá, a la Clínica Barraquer, donde le hicieron un trasplante de córneas.

Entonces, pudo disfrutar las coloridas páginas de un cuento. "Fue pasar de no ver nada a ver un poquito", recuerda. Pero la enfermedad avanzó, las imágenes pasaron a ser parte de su memoria y su realidad se llenó de obstáculos. "Un limitado no puede enseñarles a otros", le dijeron, por ejemplo, cuando quiso entrar a la Normal de San Jerónimo. A pesar de todo, se graduó y dio clases.

"Los niños son muy crueles", dice al recordar que en el colegio le ponían apodos. En la universidad, en cambio, "la colaboración fue increíble, pero nunca pedí preferencias". La única diferencia con sus compañeros era que tenía que presentar los exámenes de manera oral.

Hoy tiene a Salomón , un escáner con sintetizador de voz que "lee lo que quiero, con la voz que escoja". Gracias a una "teletón familiar", pudo reunir los 8 millones de pesos que costó.

En su oficina se mueve sola, pues las cosas permanecen en un mismo sitio. A veces, no ver es incluso una ventaja; ella recuerda a un acusado por violación y homicidio "muy agresivo, que no se sentó en toda la audiencia y que miraba en forma amenazante, pero que a mí, por obvias razones, no me pudo intimidar".

Pero su vida no se trata solamente de sentencias. Hace una década se casó con Héctor Lopera, con quien tiene una niña de 7 años. Gómez considera que su ceguera sirvió mucho en la selección de pareja, "porque a una no se le arrima cualquiera, sino alguien a quien le interesa quién soy en realidad, aunque no pueda ver".

* COMO ENHEBRAR CON LOS OJOS CERRADOS.

BUGA (VALLE).

Para enhebrar la aguja es más rápido que cualquiera, y nunca se pincha la mano. Si no fuera porque sus vecinos conocen su impecable confección de pantalones, difícilmente alguien creería que Wilson Ospina es uno de los sastres más recomendados de Buga (Valle).

Pese a que hace casi 13 años quedó ciego (hoy tiene 42), también es reconocido como uno de los más habilidosos técnicos en reparación de fileteadoras y máquinas de coser.

En su memoria todavía está intacta la tarde del 13 de junio de 1991, cuando bebía una cerveza en un bar del barrio Divino Niño y varios pistoleros irrumpieron para asesinar a cuatro personas: "Como era el único testigo, me dispararon en 5 oportunidades en la cabeza".

Recuerda que despertó en una de las frías mesas de un anfiteatro, poco después de que una funcionaria notó que su cuerpo no presentaba la palidez de los otros 4. Después de 38 días en una unidad de cuidados intensivos, fue dado de alta, pero nunca volvió a ver.

Con la ayuda de su padre retomó el oficio de sastre, aunque hoy le va mejor como reparador de fileteadoras. Por cada trabajo cobra entre 12.000 y 15.000 pesos, que le sirven para cubrir los 55.000 que le cobran cada mes por la habitación donde vive. Sus únicos bienes son una cama, una cómoda y un pequeño radio. El televisor que lo acompaña por las noches se lo prestó una vecina.

Confiesa que a veces se deprime y llora, y aclara que sus conductos lagrimales quedaron intactos luego del atentado. Finalmente, cuenta con algo de amargura que les ha escrito infructuosamente a todos los presidentes, desde César Gaviria, con el fin de solicitarles ayuda para capacitarse.

* EL ESPECTADOR.

MANIZALES.

El 20 de octubre de 1995, a Luciano Pineda se le disparó accidentalmente un arma de fuego, la bala se alojó en su cráneo y perdió la visión. Tras 20 días en coma, este analista químico se vio obligado a dejar los tubos de ensayo y los laboratorios.

Luciano se mueve ahora entre micrófonos y estudios de radio. En agosto del año pasado recibió el grado de Comunicador en Radio y Televisión de la Universidad de Caldas, y actualmente tiene una sección propia en el programa La opinión pública, de la emisora Red de los Andes, en Manizales, en la que habla de sus dos pasiones: el deporte y el equipo de fútbol Once Caldas. Su experiencia previa incluye las secciones Una visión del deporte con Luciano y Visión superdeportiva, que se emitieron en Todelar y la Voz de la Feria, respectivamente.

La visión parece no faltarle a este hombre de 42 años, dos hijos y humor fino. Incluso desafió las cámaras de televisión con Charlas con Luciano, un espacio de entrevistas que se veía en Telecafé, el canal regional del Eje Cafetero, los sábados a las 7 de la noche. Sobre este programa basó su tesis de grado, La comunicación motivacional y testimonial.

Cuando no está trabajando, Luciano comparte con su familia. Monta en bicicleta, hace spinning y asiste regularmente a una piscina.

FOTO/José Miguel Palencia EL TIEMPO.

Elvia Lucía Martínez, ciega de nacimiento, es guía turística de Tunja.

FOTO/Julio César Herrera EL TIEMPO.

Angela María Gómez Bastidas sufrió el síndrome de Stiph y fue mejor juez de Antioquia.

FOTO/Rafael Velandia.

Wilson Ospina quedó ciego hace 13 años y es uno de los sastres más recomendados de Buga.

FOTO/Darío Augusto Cardona.

Luciano Pineda quedó ciego al disparársele un arma de fuego. Ahora es periodista.

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