ENTRE SIGNOS DE BONANZA Y HECHOS DE GUERRA

ENTRE SIGNOS DE BONANZA Y HECHOS DE GUERRA

(Desde Nueva York) En el febril abejorreo de las calles de Nueva York se refleja la firme recuperación de la economía estadounidense. En la memoria colectiva permanecen, como lección y advertencia, los traumatismos causados por el criminal derrumbe de su airoso símbolo arquitectónico y luego por el colapso resonante del auge bursátil. Muchos negocios, establecimientos y trabajos desaparecieron. Pero eso es cosa del pasado. Ahora se observa una vitalidad renovada, un nuevo empuje, una nueva esperanza, ya sin corrientes subterráneas de aflicción y pesadumbre.

25 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

(Desde Nueva York).

En el febril abejorreo de las calles de Nueva York se refleja la firme recuperación de la economía estadounidense. En la memoria colectiva permanecen, como lección y advertencia, los traumatismos causados por el criminal derrumbe de su airoso símbolo arquitectónico y luego por el colapso resonante del auge bursátil. Muchos negocios, establecimientos y trabajos desaparecieron. Pero eso es cosa del pasado. Ahora se observa una vitalidad renovada, un nuevo empuje, una nueva esperanza, ya sin corrientes subterráneas de aflicción y pesadumbre.

La creación de novecientos mil empleos en los últimos cuatro meses corrobora la impresión de que se han superado por entero la fase recesiva y el riesgo deflacionario. No sin el alto costo de haber convertido el inmenso superávit fiscal en déficit de alrededor de 450 mil millones de dólares. Con el agravante de que, a juicio de The New York Times, el 80 por ciento ha venido siendo financiado por el ahorro extranjero, circunstancia de la cual se desprende peligrosa vulnerabilidad para la pujante economía. Tanto más cuanto la cifra real del desequilibrio se halla mitigada y disimulada gracias al superávit de la Seguridad Social.

Por encontrarse el 37 por ciento de la deuda pública en poder de manos extranjeras y dada la propensión de los capitales externos a la volatilidad, de mantenerse semejante situación la suerte del dólar y de los mismos Estados Unidos, en concepto del diario citado, podría quedar a merced de los banqueros de Beijing y Tokio.

El éxito de la recuperación económica se ve contrarrestado por el estremecimiento moral y espiritual de las torturas en Irak y por la muerte graneada de jóvenes soldados estadounidenses. El hecho de que las encuestas arrojen 44 por ciento de aprobación y 48 por ciento de desaprobación a la forma como el presidente Bush desempeña su cargo, revela el impacto ocasionado por las espeluznantes noticias de los terribles vejámenes contra los presos iraquíes.

El testimonio gráfico de las brutales demasías revuelve la conciencia de un pueblo formado en el culto a la libertad y a los valores democráticos. La necesidad de combatir el terrorismo no autoriza a apartarse de regulaciones mínimas humanitarias de las conductas, que contengan los desbordamientos ofuscados y malsanos. Por lo demás, si la invasión fue fácil y rápida, la ocupación prolongada lleva trazas de trocarse en costosa trampa mortal.

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El alza del precio de la gasolina y el encarecimiento del cuidado de la salud, así como de los programas educativos, empañan el beneplácito por el repunte de la economía y ofrecen a los demócratas argumentos válidos para sus críticas. Sus voceros aducen, asimismo, que el estancamiento de los salarios de numerosos trabajadores, sumado al aumento de los costos, lesiona a muchas familias de clase media, a quienes también preocupa que el elevadísimo déficit fiscal reduzca la viabilidad de los programas sociales.

De otro lado, la perspectiva de inminentes alzas de las tasas de interés, aunque moderadas y graduales, no deja de preocupar a los endeudados hogares estadounidenses, pese a la confianza en el mantenimiento de los altos precios de sus viviendas.

Hasta ahora, según The Economist, el mensaje predilecto de los republicanos ha sido más bien simple: cortar impuestos. Inicialmente, se adujo el objetivo de impedir que el Congreso despilfarrara el superávit. Más adelante, la urgencia de estimular la economía en trance de desfallecimiento. En la actualidad, la conveniencia de consolidar y prorrogar la recuperación, haciendo permanentes dichas reducciones, hipótesis en la cual se acentuaría la dependencia del capital extranjero.

Los republicanos plantean algo más: la sociedad de propietarios, en cuya virtud, de conformidad con la citada publicación, las gentes prepararían la atención de la salud y los costos de retiro con cuentas privadas e individuales. Sepultura de buena parte de los mecanismos de seguridad social.

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En la presente ocasión, el duelo, reñidísimo, va a ser no sólo entre personalidades, sino entre concepciones, ideologías y tendencias. Entre el neoconservador de Texas y el exponente del establecimiento liberal de Massachusetts, a quien sus adversarios enrostran esta condición y agresivamente osan llamarlo francés. Entre el adalid de la guerra antiterrorista y de la ocupación de Irak y el veterano de Vietnam que a su regreso del campo de batalla se pronunciara contra esa contienda bélica.

Entre el heredero político de su padre y de Reagan y el senador experimentado que el candidato independiente Ralph Nader llama árbol garboso y que en general se asocia al recuerdo de John F. Kennedy. Ambos candidatos con rico patrimonio familiar, más vinculado el uno a los grandes empresarios y el otro a la causa de los trabajadores y del empleo. El principal problema de Kerry parece ser el de no contar sino con el voto del 36 por ciento de los varones blancos, mientras al presidente Bush lo acompaña el 55 por ciento.

abdesp@cable.net.co

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