ESCORPIONES, DE FRENTE, MAR!

ESCORPIONES, DE FRENTE, MAR!

El inolvidable ( quién lo va a olvidar?) episodio de los alacranes en el Honorable recinto del Honorable Senado de la martirizada República de Colombia, uno más de tantas animaladas que allí se han cometido y se siguen perpetrando, a mí personalmente me divirtió mucho. Fue un homenaje a las 5 arañas gigantes y a los 4 escorpiones que viven conmigo en mi alcoba. Por los años 70, Gustavo Alvarez Gardeazábal escribió el Bazar de los idiotas, que fue telenovela en los 80. Uno de los personajes principales es el Hermano Andrés (que soy yo) y se narra su vida con las arañas y los escorpiones.

25 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

El inolvidable ( quién lo va a olvidar?) episodio de los alacranes en el Honorable recinto del Honorable Senado de la martirizada República de Colombia, uno más de tantas animaladas que allí se han cometido y se siguen perpetrando, a mí personalmente me divirtió mucho. Fue un homenaje a las 5 arañas gigantes y a los 4 escorpiones que viven conmigo en mi alcoba. Por los años 70, Gustavo Alvarez Gardeazábal escribió el Bazar de los idiotas, que fue telenovela en los 80. Uno de los personajes principales es el Hermano Andrés (que soy yo) y se narra su vida con las arañas y los escorpiones.

A los 7 años, en un cafetal de mi natal Armenia, descubrí lo que tantas veces he contado, que ningún animal venenoso pica el suelo sobre el que camina a menos que se alimente de ese suelo . Así lo expresé. Luego vendría mi convivencia con estos animalitos de Dios. Los que tienen perros cuentan anécdotas comunes y corrientes de perros y perras. Las mías son diferentes, como que Arthur Rubinstein, el más virtuoso intérprete del piano en el siglo pasado, me invitó en Madrid a que le hablara sobre arañas. Me preguntó si pudo ser cierto que cuando Beethoven niño tocaba el violín, una araña bajaba del techo, como se contaba, y se quedaba colgada de un hilo oyendo al músico, y cuando este acababa se subía.

Lo cierto es que terminó tocando cuatro piezas de nuestro preferido común, Federico Chopin, mientras una de las enormes arañas que yo había llevado y que posaba sobre el piano de cola se movía ante las vibraciones de los martillos en las cuerdas.

No entiendo el pánico de los Honorables ante esos animalitos, si todos sabemos que el peor de los animales es el hombre. Había que ver a esos varones curtidos en las lides, que no se acobardan frente a los entes de justicia que los investigan por sus constantes indelicadezas , temblando frente a un animalito de siete centímetros. Menos entendí ese zapatazo violento, antiecológico, que nos mostró y repitió la televisión, de un heroico y valiente ciudadano, aplastando contra el suelo y las sagradas alfombras al bichito.

Todos condenaron al Moreno, y yo también, por esa manera grotesca de hacer las cosas en ese santuario al que llegan los hombres más probos, sabios, virtuosos y honestos de nuestra democracia. Una vez más condeno las payasadas del Moreno, pero invito a otra reflexión. Un noticiero, luego de mostrar el hosco y desobligante enfrentamiento entre el Moreno y Artunduaga, ambos Honorables por título, abrió teléfonos al público con esta pregunta: Le gusta la manera de hacer política del senador Moreno? , y la respuesta fue aplastante. Un 82 por ciento a favor y un 18 por ciento en contra. Los millones de muertos de hambre de Colombia no tienen ni televisión ni teléfono. Los ricos no se molestan en llamar por teléfono.

Sabemos, sí, que ni estos ni aquellos, ni los colombianos decentes, gustamos de la politiquería rampante y descarada que vivimos y padecemos. Entonces, quién llamó por teléfono? La clase media, la que paga impuestos, la sufrida, la que no puede irse al extranjero. Dos moralejas. Primera: están tan asqueados los colombianos de la manera tradicional de hacer política seria , que muchos, muchísimos, prefieren las payasadas; por lo menos divierten. Segunda, cuidado, legisladores, el pueblo no tiene paciencia infinita y no tiene ya nada qué perder.

andreshurtadogarcia@hotmail.com

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