EL PERIODISTA DE LA ALTA FIDELIDAD

EL PERIODISTA DE LA ALTA FIDELIDAD

Cuando se pasa la puerta de su casa, el tiempo da la vuelta y mira hacia atrás. Son los muebles de los años 50, las fotos de Bogotá de los 60, la nevera de los 70, el olor a libros escritos hace varias décadas, el piano de teclas percudidas, el sonido de las pisadas sobre la madera que se limpiaba con viruta, las sillas de cuero gastado, los vestigios de lo que alguna vez fueron unos muebles tapizados, el brevo que se levanta en el patio trasero...

11 de abril 2004 , 12:00 a.m.

Cuando se pasa la puerta de su casa, el tiempo da la vuelta y mira hacia atrás. Son los muebles de los años 50, las fotos de Bogotá de los 60, la nevera de los 70, el olor a libros escritos hace varias décadas, el piano de teclas percudidas, el sonido de las pisadas sobre la madera que se limpiaba con viruta, las sillas de cuero gastado, los vestigios de lo que alguna vez fueron unos muebles tapizados, el brevo que se levanta en el patio trasero...

Allí vive Arturo Abella, un nombre asociado a la historia, al periodismo, a la cátedra universitaria, a análisis políticos, a noticieros de televisión. Al verlo, el impacto es fuerte, porque todavía la mente tiene registrada su imagen en el noticiero Telediario, que dirigió durante 17 años. Quizás muchas de las nuevas generaciones no lo recuerden, pero su informativo fue de los más populares en los años 70 y sus análisis políticos, en los que no faltaba su frase célebre una fuente de alta fidelidad , para referirse a asuntos confidenciales que investigaba, marcaron toda una época.

Hoy está en silla de ruedas. Hace tres años, él mismo autorizó que le amputaran su pierna izquierda para evitar que el azúcar alto se le llevara la vida. Con esa misma decisión, este hombre, que el próximo 18 de octubre cumplirá 89 años, saluda estirando la mano y dando la bienvenida a su hogar.

A su lado la compañera inseparable de los últimos años: María Mercedes, la menor de tres hijos, que debe dividir el tiempo entre cuidar a su amiguito como dulcemente se dirige a su papá, visitar a su madre en un hogar geriátrico, porque sufre de parkinson, y repartir hojas de vida, pues fue liquidada por Telecom. Y aunque la situación es delicada, el par de amigos conservan el humor y el buen ánimo para conversar de cualquier tema. Pregunte lo que quiera que yo veré qué le respondo , dice don Arturo, para romper el hielo.

Con el mismo tono pausado que impuso en su Telediario intenta salirles al paso a las zancadillas que le hace la memoria.

Los noticieros hoy en día van muy rápido y me parece que no están cumpliendo con su labor informativa , dice un hombre que se caracterizó por tener en el suyo análisis y editoriales al aire. Lo que más le hace falta es recibir noticias internacionales, pero ese vacío lo llena con la radio, que enciende desde que comienza el día y apaga antes de dormir.

Su humor bogotano no pierde oportunidad para dejarse ver: los noticieros de hoy son como para bailar con la hermana: carecen de gracia .

Y como lo hizo durante tantos años, lo que más le gusta es hablar de política, recordar que siempre fue un seguidor de Laureano Gómez ( Con su muerte se acabaron los políticos ), y que no le gustaba el general Pinilla ( Fui censurado, pero no me callaron. Comentaba sin que lo notaran ). Pero ese profundo respeto por Laureano Gómez no lo intimida para reconocer que el mejor presidente de Colombia ha sido Carlos Lleras Restrepo, porque fue efectivo .

El bichito del periodismo.

El doctor Abella, título que obtuvo luego de estudiar un doctorado en filosofía y letras en la Universidad Javeriana, en 1944, creció entre escritos. Su familia tenía una imprenta llamada Minerva y su abuelo materno le transmitió el amor por la lectura: Me enseñó con una cartilla de lectura muy bonita , dice, pero no recuerda el primer libro que se devoró. Lo que sí tiene claro son las palabras de su profesor de álgebra: El que sabe leer es inteligente, el que no, es un bruto , y Abella dice sin modestia: Y yo sé leer .

Y aunque también se destacó como historiador pasión que ha combinado con la de escritor a través de 11 libros de su autoría cree que morirá siendo periodista. Sus comienzos en el oficio fueron precisamente con la máquina de escribir como corresponsal de El Colombiano en Bogotá y director de la Revista Javeriana y de la revista Justicia Social. Llegó a El Siglo a ejercer como jefe de redacción, mientras dirigía la Radiodifusora Nacional, hasta que fue nombrado director del diario conservador. Dejó este cargo por las cámaras de televisión, pero continuaba con sus columnas de análisis políticos en distintos diarios.

Fue la época en que su casa se convirtió en sala de edición y archivo. De esto conserva un monitor a color, de los primeros que llegaron a Colombia. El mismo aparato que no pudieron estrenar cuando se inauguró la televisión a color, por fallas técnicas que todavía no se explica.

Hoy aún escribe para El Siglo, gracias a otro de sus hijos, que le levanta los textos que él le dicta. Pero cuando se le sube el azúcar -sale al paso María Mercedes se eleva mucho y toca suspender todo .

Las ayudas económicas que recibe del El Siglo, El Colombiano y de la Academia Colombiana de la Lengua -de la que es miembro- no son suficientes, pues nunca pensó que necesitaría una pensión.tiene la boina de pensionadodice su hija menor, tomándoles el pelo a las circunstancias.

Pero ella sabe que la situación no es fácil, pues el seguro médico que tenía siendo empleada de Telecom donde era telefonista internacional se le acabará en un mes y no sabe cómo hará para costear los gastos de sus papás. Sin embargo, intenta hacerle la vida amable a don Arturo, llevándolo al parque, a misa, al médico, leyéndole y conversándole.

Los momentos más felices de quien es uno de los padres del periodismo en televisión están en la memoria de su infancia, cuando pintaba al óleo en su casa, aunque no recuerda en qué barrio de Bogotá fue. También se anima cuando visita a su esposa Lilia, porque le gustan las pendejadas que uno dice cuando está enamorado... Y cuando no, también .

FOTOS:.

1. Javier Ayala, Gonzalo Amor (fallecido) María Teresa del Castillo, Arturo Abella, Teresa Macía y Eduardo Vengoechea, en el set del noticiero Telediario .

2. En su casa, que también sirvió de sala de edición del Telediario, Arturo Abella y María Mercedes, su hija menor, se acompañan.

3. La sonrisa del Doctor Abella se conserva intacta.

Martin Garcia/EL TIEMPO

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