LA GUANTÁNAMO DE IRAK

LA GUANTÁNAMO DE IRAK

El nombre de Abu Ghraib causa muecas de desagrado en cualquier ciudadano iraquí. A varios kilómetros de la cárcel, las actitudes del convoy militar que nos traslada hacia las instalaciones parecen demostrarnos la clara antipatía que despiertan los soldados norteamericanos. Cinco vehículos hummer equipados con metralla de 50 mm. tienen la orden de custodiar el ómnibus con el pequeño grupo de periodistas seleccionados para conocer el interior de lúgubre penal.

25 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

El nombre de Abu Ghraib causa muecas de desagrado en cualquier ciudadano iraquí. A varios kilómetros de la cárcel, las actitudes del convoy militar que nos traslada hacia las instalaciones parecen demostrarnos la clara antipatía que despiertan los soldados norteamericanos. Cinco vehículos hummer equipados con metralla de 50 mm. tienen la orden de custodiar el ómnibus con el pequeño grupo de periodistas seleccionados para conocer el interior de lúgubre penal.

Hay que recorrer 36 kilómetros desde el centro de Bagdad hacia el oeste para llegar a la cárcel de las fuerzas de ocupación. El penal fue durante la época de Saddam Hussein escenario de muchos de los hechos más aberrantes de la dictadura como fusilamientos masivos que superaron el millar de personas en 1984, y asesinatos sistemáticos de cientos de disidentes políticos en la década del 90.

Comparación inevitable.

Comparar este complejo penitenciario con Guantánamo es inevitable. Un rápido vistazo en su interior nos entrega las mismas líneas en la edificación. Sectores formados por grandes corralones con paredes de alambre tejido de cuatro metros de altura se combinan con bloques independientes de edificios de dos plantas para los prisioneros de máxima seguridad.

"Está prohibido tomar fotos, no filmen ni hablen con los prisioneros"; la escueta y firme orden del coronel Essick nos pone en aviso de lo difícil que será documentar las condiciones de vida de los reclusos.

"Ahora conocerán el área médica, donde se cura a los prisioneros brindándoles servicios de primer nivel". Sus aclaraciones comienzan a darnos indicios del gran circo propagandístico armado para ese día.

Luego de caminar entre el polvo y el desorden del lugar, entramos a dos tiendas donde la pulcritud es total. Sintiendo la vigilancia sobre nuestros hombros, caminamos entre los detenidos que están distribuidos en doce camas, cada una con un soldado parado enfrente. "Ellos no están por seguridad, los pusieron aquí para que nosotros no registremos ninguna imagen", me comenta enojado el reportero gráfico Juan Ferrari.

El recorrido por la cárcel apenas comienza. El ánimo de los marines no es el mejor debido a que el 19 comenzará la corte marcial que juzgará a sus compañeros por las torturas registradas el año pasado entre estas mismas paredes.

"Esos hechos se cometieron porque faltaba una voz fuerte en el cargo. Les aseguro que nada hubiese ocurrido si las órdenes eran claras en la cadena de mando", explica el general Geoffrey Miller, nuevo jefe de las prisiones en el país. Comenta que por la ola de críticas que provocó el tema, Estados Unidos anunció la modificación de las técnicas de interrogatorio en Irak. "De noche suelo hacer recorridos por las celdas para que mis subordinados entiendan que siempre estoy pendiente de lo que está sucediendo en mis instalaciones", aclara.

Caminando hacia el norte del complejo, varios bloques de dos plantas parecen dominar toda la escena. Más de doscientas celdas de máxima seguridad se reparten en pequeños edificios que presentan un interior totalmente renovado.

Los potentes ventiladores de techo y la flamante pintura amarilla que recubre los calabozos dan una visión muy diferente de los ruinosos pasillos conocidos por las fotos de las torturas.

"Hasta aquí, no avancen más, si toman alguna fotografía les confiscamos el rollo", nos reclama Essick. Varios metros adelante podemos apreciar los brazos y pies de los reclusos que se asoman entre las rejas. No logramos llegar a ellos. Pero la fachada nueva y la pintura fresca no son suficientes para hacernos entender que viven bien, aunque sí demuestran la preocupación de la nueva cúpula militar por mejorar la impresión mundial.

A metros de allí, una casa de madera. Seis cuartos con el espacio justo para colocar una mesa y varias sillas se ven a través de los vidrios polarizados que dan al pasillo. "Son las nuevas salas de interrogatorios. Se construyeron hace varias semanas", comenta el teniente coronel Payne. Y confiesa: "A veces es necesario que seamos agresivos si sabemos que (alguien) tiene la información. Cuando las torturas yo no estaba a cargo de esta sección. No apruebo esas acciones bajo ningún punto, pero deben entender que todavía estamos en guerra y es imprescindible obtener datos.".

La mayoría de los 3.500 reclusos de Abu Ghraib se encuentran en campos dispuestos sobre el sector sur, donde a la intemperie, el aire se vuelve irrespirable cuando las partículas de polvo se combinan con temperaturas extremas que llegan a superar los 60 grados centígrados en verano. Las tiendas con piso de madera y capacidad para veinticinco camas están en el centro de un perímetro delimitado por paredes de alambre tejido combinado con rollos de alambre de púa. Más de trescientas personas sobreviven en cada campo donde los piletones para aseo y en los baños químicos son sus únicas comodidades.

"Estamos terminando de construir el nuevo campo Redemption para brindar mejores condiciones y seguridad a los prisioneros. Pensamos agregar paredes de cemento como protección de los ataques de morteros desde el exterior", dice Essick.

A nuestro alrededor, los prisioneros se han acercado hasta donde los deja el alambre. Con gestos y ademanes nos van mostrando diferentes inscripciones. " Por qué estoy acá?". El mensaje de una camiseta que un joven sujeta con los brazos extendidos parece resumir el sentimiento de muchos de sus compañeros.

El recorrido ha terminado. Durante cuatro horas, los militares estadounidenses intentaron cambiar la mala fama de Abu Ghraib, el escenario de las fotos de las torturas. Pintura fresca, ventiladores, nuevas salas de interrogatorio y mejores condiciones no borran la sensación de sospecha que deja el que a los periodistas se les prohíba mirar hacia donde están los presos. La tarde pasa y el bus nos devuelve a Bagdad con las mismas preguntas. Qué ocultan? Por qué apenas ahora estos cambios?.

FOTO/AP.

La pintura amarilla que recubre todos los calabozos da una visión muy diferente de los ruinosos pasillos conocidos por las fotos de las torturas.

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