COLOMBIA GAVILAN

COLOMBIA GAVILAN

Cuando Pasión de gavilanes apareció se veía extraña en su estilo y visualidad, pero gustaba. Más tarde el rating nos ha recordado que Julio Jiménez maneja muy bien las historias de emoción y suspiro y que Rodrigo Triana ha logrado crear un encantador pastiche posmoderno. Los colombianos han encontrado identificación, realismo y deseo en una obra en la que otros denunciamos la mexicanización de nuestra pantalla.

25 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Cuando Pasión de gavilanes apareció se veía extraña en su estilo y visualidad, pero gustaba. Más tarde el rating nos ha recordado que Julio Jiménez maneja muy bien las historias de emoción y suspiro y que Rodrigo Triana ha logrado crear un encantador pastiche posmoderno. Los colombianos han encontrado identificación, realismo y deseo en una obra en la que otros denunciamos la mexicanización de nuestra pantalla.

Qué tanto tiene los gavilanes de Colombia? Mucho de lo hombres de aquí, ya que demuestra que somos feos y requerimos de espejos extranjeros para imaginarnos; mucho en cuanto los hombres también somos objeto para desnudar y admirar por mujeres supervivientes de nuestro machismo tonto. Mucho, porque nos muestra en nuestra esquizofrenia machista de ser, en simultáneo, Juan Reyes, ese man de bronca honesta y tierna; Franco, ese bueno, suertudo y enamorador; Oscar, el interés y la manipulación. Los colombianos/hombres somos esos tres, en cuanto no somos nada.

Las gavilanes son como la mujer colombiana. Normas honestas-fieles-ultrajadas por la vida, recompensadas por el amor; Saras de mal genio que en el amor descubren su belleza; Ximenas casquivanas y seductoras. Las colombianas son una mezcla de las tres. Pero con un ideal en común: rebelarse contra la madre, ya que en Colombia, la virgen le dio golpe de estado a Dios y ya es tiempo para las madres dejen de molestar tanto.

Las estéticas gavilanes expresan ese gusto narcolombiano que quisiéramos esconder, pero aparece cuando tenemos billete. Ese hecho de nostalgia rural y mundos amarillentos colmex (nuestra alma provinciana popular), de modernidad de autos (BMW, Land Rover) y de parque de la 93 (descaderados).

Por fin, nos encontramos con nuestro nativo sueño gringo-mex-Marlboro, esa Colombia donde se mezcla lo popular con lo narco, con lo mexicano, con el exceso caribe. Por fin, podemos escuchar la música que nos gusta, esa de cantina chibcho-chicana que le canta al despecho y la valentía.

La Pasión de gavilanes es exitosa, tal vez, porque representa esa Colombia que le encanta reírse para exorcizar sus miedos y frustraciones; esa nación del sufrimiento; esa sociedad que suspira con el amor que no llega. O tal vez, porque Julio Jiménez descubrió que sólo podemos contarnos desde el odio. O tal vez, porque sí.

orincon61@hotmail.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.