INQUIETUDES AGROPECUARIAS Y OTRAS

INQUIETUDES AGROPECUARIAS Y OTRAS

Un jefe de un reconocido gremio del sector agropecuario les preguntó a varios miembros del equipo negociador del Gobierno qué debía decir si se le acercaba un agricultor a preguntarle si debería sembrar o no algodón, maíz o palma africana, a la luz de lo que puede llegar a definirse en el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Es natural que los productores de todos los sectores se preocupen, que deseen saber lo que les podría pasar en ese contexto y que vean al TLC con aprensión.

27 de febrero 2004 , 12:00 a. m.

Un jefe de un reconocido gremio del sector agropecuario les preguntó a varios miembros del equipo negociador del Gobierno qué debía decir si se le acercaba un agricultor a preguntarle si debería sembrar o no algodón, maíz o palma africana, a la luz de lo que puede llegar a definirse en el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Es natural que los productores de todos los sectores se preocupen, que deseen saber lo que les podría pasar en ese contexto y que vean al TLC con aprensión.

La información que se tiene sobre las consecuencias de un acuerdo de esta naturaleza es asimétrica: quienes prevén los costos se han preocupado por hacerlos conocer, mientras que con los beneficios ocurre algo distinto: o no los conocen o no hacen bulla con ellos, pues representan oportunidades. Adicionalmente, los agentes privados organizados saben qué se ha pactado en otros casos y más o menos qué esperar; pero, a los pequeños productores, el eventual tratado les produce incertidumbre. También existe asimetría en la información entre el Gobierno y el sector privado porque el primero sabe para dónde va, mientras que los agentes privados tratan de adivinarlo.

El Gobierno va a buscar formas de eliminar o de suavizar esa asimetría de información comunicando ampliamente la visión oficial sobre los propósitos y beneficios del TLC. Pero, de parte de los privados, se debe modificar la percepción equivocada que existe de que el Gobierno no está comprometido con los intereses de los productores nacionales. Los que se oponen al TLC no tienen bases para afirmar que se quiere entregar al país y cosas por el estilo, como lo escribe irresponsablemente Francisco Barnier, un banquero aparentemente franco-colombiano, en Portafolio del pasado miércoles.

Esa es una calumnia que no se debe dejar prosperar. El Gobierno tiene el mayor interés en llegar a un acuerdo, pero al mismo tiempo va a tratar de obtener las mejores condiciones a favor del empleo y de la producción nacional. El tratado se está adelantando precisamente con el ánimo de aumentar las oportunidades de colocar esa producción en el mercado. Los representantes del sector privado y los delegados del Congreso van a estar presentes en todas las sesiones de negociación en el cuarto de al lado, van a conocer lo que se está negociando, la forma como se adelantan las negociaciones, y van a poder dar sus conceptos y sus opiniones.

Ello es una garantía adicional de que se van a buscar las mayores ventajas posibles para Colombia. Hace falta ponerles fin a los juicios temerarios en la prensa especializada y crear mayor confianza entre el Gobierno y los agentes privados, especialmente los agricultores. El equipo negociador es una Selección Colombia que va a jugar en representación del país entero, sin preferencias.

En cuanto a la pregunta con la que se inició este artículo, si alguien se mete ahora a cualquier actividad productiva que depende para su sobrevivencia de subsidios del sector público o de excesiva protección debe pensarlo dos veces, pues corre el riesgo de que tarde o temprano le quiten esos subsidios, y la protección va a desaparecer casi completamente en el contexto del Alca o del TLC (aun de Mercosur).

En el ambiente de un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos se va a poder sembrar maíz y algodón por muchos años, con una protección descendente, lo que permitirá que los agricultores afinen sus habilidades y calibren sus capacidades para prever si pueden competir. El caso de la palma africana es más delicado por las condiciones de producción y de mercado.

Dentro del mismo sector palmicultor están surgiendo autorizadas voces de alerta que piden que se incentive el establecimiento de nuevos cultivos solamente si estos ofrecen suficientes garantías de que van a poder competir en un futuro con competidores muy agresivos, ya que tendrán que exportar buena parte de su producción, pues ya principian a copar el mercado nacional.

* Asesor del Presidente de la República y consultor privado. Los comentarios de esta columna solo comprometen a su autor.

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