EL HOMBRE DETRÁS DE LA PELOTA DE LETRAS

EL HOMBRE DETRÁS DE LA PELOTA DE LETRAS

Cuando Andrés López se presentó al examen del Icfes sacó 385 puntos, sobre un máximo de 400. Fui uno de los tres mejores de Bogotá y uno de los cinco del país . La cifra la recita con la misma precisión con la que dice el número de la cédula. Sabe muy bien lo que eso significa entre los bachilleres del país. Es una forma de decir estoy pasado de lote , sin parecer arrogante.

26 de diciembre 2004 , 12:00 a.m.

Fui el mejor Icfes del colegio Navarra . Para los que no lo saben, este colegio suele ocupar uno de los tres primeros lugares en los exámenes del Estado. Es decir, era el más pilo entre los pilos. Dos de los compañeros que me siguieron son hoy unos duros. Uno está en España y es uno de los que ha logrado mayores avances en la investigación contra las vacas locas y otros está al frente de los tendidos de redes informáticas de un multinacional , asegura como para reiterar lo que esto significa.

En cambio, la decisión profesional de López, el tipo de 385 puntos en el Icfes, da risa: se dedicó a la comedia. No se equivocó. Este año su espectáculo unipersonal, La pelota de letras, fue el más exitoso, hasta el punto de tener vendidas funciones adelantadas durante dos meses.

Como su espectáculo, en donde habla de la cotidianidad colombiana en los últimos 40 años, López es la sumatoria de las cosas más absurdas. Una de esas casualidades cósmicas que terminan creando individuos excepcionales.

Mi papá nació en Aranjuez (un barrio popular de Medellín), fue uno de sus muchachos de la comuna que pudo bajar a vivir al Valle. Allá se dividen en dos: los que se quedan y los que bajan. Los primeros terminan muy mal y los otros son los que salen adelante. El estudió ingeniería civil en la Facultad de Minas. Mi mamá, en cambió, es de muy buena familia, de Santander. Es hija de un inglés. Fue una mujer típica de los sesenta, rebelde y de mente abierta, de hecho ella es la primera graduada de Ingeniería Industrial de la Universidad Industrial de Santander.

Ellos se conocieron en Coltejer, a donde mi mamá fue a trabajar. Mi papá le echó el cuento y la niña bien se dejó convencer. El tiene muy buena labia y eso al parecer yo lo heredé. Se separaron cuando yo tenía 6 años. Mi mamá lo safó por exceso de bohemia .

La cátedra de la vida y por ende buena parte de la historias de La pelota de letras la recibió en la casa de su madre y no en la Universidad de los Andes, donde estudió algunos semestres ingeniería de sistemas y luego se pasó a antropología. No terminó ninguna de las dos.

Me crié con una mamá muy camelladora y una familia enorme. Son como 20 tíos y 200 primos. Soy el niño que en la década de los setenta, mientras los grandes bailaban La sirena, se quería ir a dormir. El mismo al que una tía misericordiosa se apiadaba de él y lo llevaba a un cuarto donde estaban el resto de sus primos .

López tuvo el privilegio de conocer uno de los hechos más importantes de la historia del siglo XX en la voz de un testigo, su abuelo. El vivió los bombardeos de los nazis sobre Inglaterra. Además tenía una biblioteca llena de libros de todos los temas. Creo que con él desperté la habilidad de contar historias. Porque lo que él me decía luego yo se los contaba a mis amigos .

Esa fue su primaria. Se graduó de cuentero, sin saberlo claro está, por su afición al cine. En el bachillerato iba mucho a cine con un primo, luego prácticamente les repetía la película a mis compañeros del colegio .

La vida lo llevó a recorrer media Bogotá, pasó por Marsella, Pontevedra, Modelia, Pablo VI, Villa Claudia y ahora, Chapinero alto. Conoce la ciudad en todos sus estratos y eso lo traduce en historias.

El 6 de mayo de 1990 ocurrió el milagro de mi primera presentación. Ese día un muchacho de 18 años se paró por primera vez frente al público. Fue en la Universidad Javeriana. Allí relaté un cuento de mi autoría, El vengador académico. Era la historia de una soldado estadounidense que muere en Vietnam y luego reencarna en un estudiante de la Universidad de Los Andes. Una vez contando ese cuento en la Universidad Nacional, me metí en unos matorrales para relatar el episodio de las selvas de Indochina y me di un totazo, que me dejó una cicatriz en la frente. Terminé el cuento con la cara llena de sangre. Por eso digo que yo tengo una herida de guerra .

López convirtió en regla de vida una lección de su abuelo. Los que hacen algo completamente original se demoraran el doble pero ganan el doble . Apegado a eso se hizo un lugar en el movimiento de cuenteros en Colombia.

Pero fue un viaje a Canadá lo que cambió su perspectiva del oficio de la narración oral. Viajó a ese país para ponerle un orden a su vida, pero lo que estudió no le sirvió de mucho: educación experiencial.

En cambió sí conoció de cerca el mundo del stand up comedy y decidió importarlo a Colombia. Entendí que es como una cuentería, pero chistosa. Fui el primero que hablé de eso y la primera presentación la hice en 1998. Es un arte muy difícil, pues se trata de utilizar la menor cantidad de recursos con el máximo talento. Antes de lo que hicimos creo que se puede destacar lo que hacía Franky Linero con El pachanga y Fanny Mikey, con sus café concerts .

Toda la pilera de un estudiante de 385 puntos en el Icfes la puso al servicio de su nuevo oficio. En materia de humor se toma muy en serio. Conoce al derecho y al revés la vida y la cátedra del canadiense Lorne Michaels, el hombre que creó Saturday Night Live, el programa por el que han pasado casi todos los cómicos importantes de Estados Unidos en las últimas tres décadas: Jim Belushi, Adam Sandler, Bill Murray, Chevy Chase, Eddie Murphy.

Y López también da razón del origen histórico del stand up comedy, de la diferencia entre el humor anglosajón y el humor español, de cómo se consolidó el movimiento del stand up comedy, en los tiempos de la depresión del 29, y cómo los humoristas británicos refinaron su estilo tratando de hacerles pasar un rato agradable a sus compatriotas mientras esperaban en los refugios antiaéreos el cese de los bombardeos alemanes. Es un académico del humor.

Sin embargo, sus primeros esfuerzos no fueron totalmente exitosos. Por eso, dice, tuvo que safarse de los que no se comprometieron por completo en su proyecto. Me tocó ser muy rebelde y radical. En ese proceso conoció la cienciología y asegura que su vida cambió. Di el gran salto. La cienciología me dio la radicalidad de espíritu para lanzarme a hacer La pelota de letras. Así les pasó a Chick Corea (músico de jazz) y a Tom Cruise. La obra me costó lágrimas. Pero ya se ha convertido en parte de la gente, eso es lo mejor que le puede suceder a un artista. Por eso, cuando Fanny Mikey me dijo que tenía vendidas un montón de funciones, le dije: no importa, no tomo vacaciones . Por eso La pelota de letras sigue en cartelera y seguirá todo el 2005, batiendo récords y enseñándoles a los colombianos a reírse de sí mismos sin recurrir a la chabacanería, los chistes de doble sentido y el sexo perverso.

FOTO/Reynel Ruiz EL TIEMPO Andrés López utiliza su capítulos de su vida, que son similares a los de todos, para hacer un monólogo de casi dos horas y media en el que los espectadores no paran de reir.

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