CONGRESISTAS NO MANIATADOS

CONGRESISTAS NO MANIATADOS

Au revoir, Monsieur Parfait! Hay embajadores de embajadores. Y no son pocos los que pasan por el país sin pena ni gloria. No es este, exactamente, el caso de Daniel Parfait, quien durante tres años ha sido jefe de misión de Francia en Bogotá. Funcionario activo y muy compenetrado con la realidad colombiana, en el caso específico del conflicto armado que vivimos su presencia ha resultado admirable, en el esfuerzo por obtener la liberación de Ingrid Betancourt y los demás secuestrados. No ha sido la de su país una posición proguerrillerra, como algunos la interpretan. Al revés. Tuvo una participación clave en la entrega de los 400 soldados retenidos por las Farc en el Caguán.

26 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Au revoir, Monsieur Parfait!.

Hay embajadores de embajadores. Y no son pocos los que pasan por el país sin pena ni gloria. No es este, exactamente, el caso de Daniel Parfait, quien durante tres años ha sido jefe de misión de Francia en Bogotá. Funcionario activo y muy compenetrado con la realidad colombiana, en el caso específico del conflicto armado que vivimos su presencia ha resultado admirable, en el esfuerzo por obtener la liberación de Ingrid Betancourt y los demás secuestrados. No ha sido la de su país una posición proguerrillerra, como algunos la interpretan. Al revés. Tuvo una participación clave en la entrega de los 400 soldados retenidos por las Farc en el Caguán.

Lástima que Colombia -nuestros empresarios- no miren con más atención el mercado europeo, y sorprende que no haya una oficina de Proexport en Francia, la cuarta potencia comercial del mundo. Como es grave asimismo que el Gobierno Distrital hubiera roto definitivamente sus relaciones con Lyonnaise des Eaux para la depuración del río Bogotá, por un conflicto de intereses con pasadas administraciones. Aquí a Lucho le metieron un gol. Hasta pronto, embajador Parfait! Y de veras. Que vengan diplomáticos de sus condiciones intelectuales, con criterio para asimilar los traumas sociales y políticos de una nación tan peculiar como la nuestra.

* * * *.

Paralelo al proyecto de reelección presidencial, corre otro tendiente a permitir que los congresistas puedan volver a ser ministros o embajadores, según ocurría antes de la Constitución de 1991. Es obvio que se trata de una especie de peaje parlamentario para agilizar los trámites del primero. Que, como se sabe, es el que verdaderamente le interesa al Gobierno.

Sin embargo, algunos columnistas han salido a defender la posibilidad de que miembros del Legislativo puedan desempeñar otros cargos, alegando, por supuesto, razones distintas. María Isabel Rueda, por ejemplo, dice que nadie mejor que un congresista está facultado para ser ministro y tener eco con las diferentes bancadas en el Capitolio. Y que, por consiguiente, sería saludable que quienes se comportan como profesionales de la política puedan desempeñar labores neurálgicas en el gabinete.

El ex fiscal Alfonso Gómez Méndez va más allá. En reciente nota advierte que si bien conviene que así sea, la ley debería, de paso, prohibir los nombramientos de parientes de los congresistas en otros cargos del Estado, concretamente cuando estos sean ministros o embajadores. Y tiene toda la razón, no solo por el peligro que encierra desmontar las presuntas bondades de la Carta del 91, cuanto porque no habría Estado suficiente para albergar con remuneración a todos los familiares de los parlamentarios. Ya el propio hecho de nombrar a sus parientes en el exterior, permeando la independencia de aquellos, es una aberración burocrática. Y, claro está, una inquietante manipulación del poder.

La verdad es que no es sino mirar atrás para observar que los mejores gabinetes -los más célebres- siempre estuvieron integrados por congresistas muy brillantes. Basta recordar rápidamente que, cuando López Pumarejo, formaron parte de la Revolución en Marcha -a nivel ministerial- personajes de la talla de Antonio Rocha, Carlos Lozano, Darío Echandía y Alberto Lleras, entre otros. Carlos Lleras Restrepo fue en su momento Ministro de Hacienda durante la administración de Eduardo Santos. Y todos ellos pertenecían entonces al órgano legislativo. Eran, sin duda, auténticas nóminas de lujo.

Ahora, lo deseable y necesario serían dos cosas. La primera, que el congresista designado embajador o ministro pierda por completo la investidura parlamentaria, una vez entre a ocupar el nuevo cargo. Mantener dicha investidura -en receso- sería exagerado, porque entonces el Parlamento se convertiría en una repudiable puerta giratoria, excluyente y en foco aglutinador de poderes.

La segunda cosa es más bien un atenuante: a los congresistas, cuando no están en funciones parlamentarias, debería autorizárseles para ejercer sus respectivas profesiones. El que es abogado, litigar; y el que es médico, operar. Naturalmente en el estricto ámbito privado, es decir, sin ninguna remuneración estatal. Todo eso falta contemplarlo en la norma por aprobar.

Novedad japonesa.

Para los amantes de la cocina oriental -no occidentalizada-, recomiendo visitar Okano, un espléndido restaurante (calle 99 con carrera 10a.), con platos auténticamente japoneses, más variados que los tradicionales sushi y sashimi. El manejo del tofu es algo que vale la pena deleitar, al igual que el shumai, dumplings de camarón excepcionalmente exquisitos. Y ni qué hablar del sato nokabayaqui (filete de pescado blanco con salsa de anguila).

posgar@eltiempo.com.co

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