MÁS CULTURA QUE FUERZA CONTRA VIOLENCIA

MÁS CULTURA QUE FUERZA CONTRA VIOLENCIA

Que el Plan de Desarrollo de la actual Administración toque el tema de derechos humanos y tome la cultura ciudadana como una estrategia, son novedades loables, que sin embargo toca profundizar.

26 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Que el Plan de Desarrollo de la actual Administración toque el tema de derechos humanos y tome la cultura ciudadana como una estrategia, son novedades loables, que sin embargo toca profundizar.

Así se entiende de las pocas críticas que hacen los entendidos a la línea Medellín gobernable y participativa , quienes sin embargo le reconocen un viraje en el manejo de la convivencia y el orden público.

El director de la Corporación Región, Jorge Bernal, y de la Veeduría al Plan de Desarrollo de Medellín (conformada por 18 entidades), Luciano Sanín, coinciden en que a esta parte del Plan hay que incluirle una tercera palabra, es decir, debería llamarse Medellín, gobernable, participativa y democrática .

"No nos satisface la gobernabilidad solo en el sentido tecnócrata, de gobernar con eficacia y transparencia, sino también democráticamente, es decir reconociendo toda la complejidad y la diferenciación en la sociedad. No es que no estemos de acuerdo, pero eso solo no lo salva", dice Sanín.

Esta línea incluye cuatro componentes: cultura ciudadana, seguridad y convivencia, organización y participación ciudadana, y transparencia y desarrollo institucional, todo con miras a mejorar los niveles de convivencia en la ciudad, revitalizar el tejido social y mejorar las relaciones entre el Estado y los ciudadanos.

El secretario de Gobierno, Alonso Salazar, recalca que "en el largo plazo lo único que realmente nos da mayores condiciones de convivencia es un cambio cultural, porque al ritmo que viene la sociedad nunca habrá un sistema judicial y represivo suficiente para las infracciones que nosotros cometemos".

De ahí que el Plan se enfoque en buscar que la gente adquiera conciencia de sus límites individuales, paralelo al fortalecimiento de la fuerza pública y acercando la justicia a la gente.

Salazar reconoce las dificultades para cuantificar los logros en los cambios culturales, igual que a la hora de medir las disminuciones en la violencia doméstica, que se pretende impactar "pero hay que hacerlo", dice.

El desafío es poner a funcionar de manera coordinada las comisarías de familia y las inspecciones en la prevención, así como darles un impulso a los jueces de paz y de reconsideración, entre otras formas de justicia comunitaria.

Falta precisar metas.

El Plan se propone rebajar las violaciones a los derechos humanos, objetivo que ha recibido críticas de lado y lado. La Veeduría se lamenta de que la meta no está desagregada por tipos de violaciones (ej: muertes, desplazamiento, amenazas, etc). La Personería por su parte anota que debería proponerse el 100 por ciento aunque no se logre, teniendo en cuenta que es una "obligación constitucional prioritaria del Estado", e igual sucede con la meta de rebajar en un 30 por ciento los indicadores negativos de convivencia.

Otra virtud del Plan es el propósito de construir de manera participativa una política de seguridad y convivencia en unión con las demás alcaldías del área metropolitana. No obstante, para Sanín todavía no se dan muestras suficientes de que la seguridad se piense convertir en un debate público. Además, añade, no se visibiliza lo suficiente el conflicto urbano, puesto que la Administración se centra en la atención de los desmovilizados del Bloque Cacique Nutibara y sus comunidades, como si las bandas y otros grupos hubieran desaparecido.

La Personería anota que el apuntarle al desarme en la ciudad puede verse limitado porque la regulación de la tenencia de armas es una facultad del Gobierno Nacional, no local.

El Plan habla también de crear un observatorio de la violencia, una política pública de comunicación y de realizar cuatro congresos ciudadanos en los que se trazará un plan estratégico para la ciudad.

Jorge Bernal lamenta que no se haya incluido el programa de Ciudad Educadora, en el que la función educativa no se limita al mundo académico y todo hecho social se convierte en un acto pedagógico. A su juicio esa sería la mejor manera de promover la cultura ciudadana.

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