LA POLÍTICA COMO SABOTAJE

LA POLÍTICA COMO SABOTAJE

Actualmente es un decir que la política no funciona sin partidos fuertes y organizados. Yo diría que la economía tampoco y por consecuencia el bienestar social no se logra con movimientos y grupúsculos mejor preparados para el sabotaje que para la construcción de verdaderos pilares del Estado.

26 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Actualmente es un decir que la política no funciona sin partidos fuertes y organizados. Yo diría que la economía tampoco y por consecuencia el bienestar social no se logra con movimientos y grupúsculos mejor preparados para el sabotaje que para la construcción de verdaderos pilares del Estado.

La política de choque, sin el respaldo de un fundamento programático, hace que un partido político se convierta en una simple montonera, más propicia para la algarabía y la agitación callejera que para la conducción y orientación de la comunidad nacional. Mucho tememos los senadores liberales que hemos sido hostilizados burda e injustamente por la Dirección Liberal que sus miembros se dediquen más a la guachafita que a la formulación de verdaderos programas. El Partido tiene toda una plataforma social de amplio espectro que ayudamos a impulsar en compañía de la Sociedad Económica de Amigos del País, hasta trazar un derrotero claro hacia la verdadera y auténtica Social Democracia. Apoyamos durante un lustro esta tarea ideológica. Sería una lástima que ante el afán de agitación contestataria, las ideas queden tiradas a la vera del camino y se reemplace el argumento conceptual por la piedra y el garrote.

No me parece apropiado que la Dirección Nacional Liberal esté ahora dedicada a montar camorra en las plazas públicas y a agraviar a las mayorías parlamentarias que desde un principio se habían comprometido con el Acto Legislativo que autoriza la reelección inmediata del Presidente. Lanzarsele a los escudos de la Policía en Cartagena para crear noticia en vez de haber hecho uso de tan formidable foro para exponer puntos de vista sobre los riesgos y ventajas que puede traer el Tratado Comercial con los Estados Unidos, es un signo de decadencia que definitivamente desilusiona a la opinión pública colombiana. Se perdió un buen momento para elevar a primer tema de discusión pública los aspectos económicos y sociales que están íntimamente vinculados con la etapa de globalización que significa el TLC.

Que bueno hubiera sido haber realizado foros sobre los subsidios agrícolas y sus efectos en nuestras áreas campesinas, sobre el encarecimiento de los medicamentos y otros tantos temas que preocupan a la sociedad colombiana y que los partidos políticos en general deberían haber acogido en su agenda antes de que la ronda de negociaciones se echara a rodar.

Le pareció mejor a la Dirección Liberal cambiar el mandato expreso que le había dado la Convención de Mayo del año pasado deconstructiva con independencia críticapor una oposición a rajatablas. Ese viraje en la orientación del Partido lo llevó a utilizar elementos anacrónicos en la discusión política que nos recuerda más las épocas del Stanilismo Soviético o del mamertismo bogotano en los años 60: El antiimperialismo hirsuto y un nacionalismo trasnochado.

Con razón Juan Gossaín decía que no se perdiera tiempo en tanta minucia y tanta disputa menuda que restan fuerza a la consideración de los grandes problemas nacionales. Como ya se ha dicho en otras oportunidades el TLC, para seguir con el ejemplo, va a constituir el plan de desarrollo de los próximos 50 años.

No habrá allí materia suficiente para que los partidos, especialmente el liberal, que por tradición histórica debe ocuparse de los problemas sociales, hubiera armado una discusión seria?.

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