LUZ Y ZOZOBRA EN CARTAGENA

LUZ Y ZOZOBRA EN CARTAGENA

La satisfacción de llegar uno a Cartagena con vestido de lino y gafas de sol, de esas que usan los ejecutivos internacionales, invitado por el Convenio Andrés Bello, en momentos en que se inician las negociaciones del Tratado de Libre Comercio, con el fin de abogar por que la cultura no vaya a ser tratada -como siempre- como la Magdalena del paseo, se va convirtiendo en pesadilla cuando el taxi en que uno avanza se ve detenido por una manifestación de protesta de miles de esos condenados de la tierra -como los bautizara Franz Fanon-, quienes instigados por personajes de alta figuración pública presionan para ingresar a la ciudad antigua, lo que podría degenerar en saqueos -como si fuera poco el saqueo del imperio que se avecina- y mientras son a duras penas contenidos por la fuerza pública, a la que tampoco le tiembla el pulso, siente uno que dentro de pocos minutos el carro será alzado en vilo y seguramente incendiado o encunetado por la turba, que sospechará que en su interior viaj

26 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

La satisfacción de llegar uno a Cartagena con vestido de lino y gafas de sol, de esas que usan los ejecutivos internacionales, invitado por el Convenio Andrés Bello, en momentos en que se inician las negociaciones del Tratado de Libre Comercio, con el fin de abogar por que la cultura no vaya a ser tratada -como siempre- como la Magdalena del paseo, se va convirtiendo en pesadilla cuando el taxi en que uno avanza se ve detenido por una manifestación de protesta de miles de esos condenados de la tierra -como los bautizara Franz Fanon-, quienes instigados por personajes de alta figuración pública presionan para ingresar a la ciudad antigua, lo que podría degenerar en saqueos -como si fuera poco el saqueo del imperio que se avecina- y mientras son a duras penas contenidos por la fuerza pública, a la que tampoco le tiembla el pulso, siente uno que dentro de pocos minutos el carro será alzado en vilo y seguramente incendiado o encunetado por la turba, que sospechará que en su interior viaja uno de lo indeseables negociadores.

Antes de que me suceda lo que a los diplomáticos gringos en Indochina -según se veía en las películas-, trato de sacar la cabeza por la ventanilla para decirles que yo pertenezco al bando de ellos, que contra la globalización aportaría hasta el último de mis glóbulos rojos. Pero me asustan sus palos y sus pancartas. Mientras la policía arremete con sus bolillos contra los hoscos manifestantes, y la emprende a garrotazo limpio contra la cirugía plástica de una senadora -que para eso la inmunidad parlamentaria pasó a mejor vida-, el taxista da un timonazo afortunado y logra escabullirse del zafarrancho.

En la puerta del Hilton, donde llego con explicable retraso, me encuentro con Ana Milena Escobar, Secretaria Ejecutiva del CAB, mi gentil anfitriona, quien al ver mi descompostura me pregunta cómo me fue. Cuando le cuento mi odisea, me clava una mirada suspicaz y me dice, para risas de mis amigos Juan Lozano, Germán Bula y Carlos Ronderos, ante quienes funjo de periodista candidato por mi intrepidez al Pulitzer Price: Mire, poeta, ni usted es García Márquez, ni está en el Chocó cubriendo una huelga. Nos interesan sus impresiones sobre el evento, pero que sean reales y conceptuales . Nunca pude con el periodismo ficción. Siempre me pillaron por no descuidar ningún punto.

Es sabido que en Colombia la cultura no es la señora de la casa. Mientras más incultura haya, nos podremos matar con menos verguenza. Con su presupuesto en menguante, el Ministerio hace lo que puede. Y el Convenio Andrés Bello, con diez países afiliados, tomó el papel de doliente para jugársela por la proyección cultural que propicia. Y organizó en Cartagena, mientras comenzaban las negociaciones del TLC, el Foro sobre Identidad Cultural, bajo el lema: Todo lo contiene? Educación, ciencia y cultura. Que sean tratados! .

Nunca había visto que se pusiera de presente con tanta vehemencia el papel que cumplen en los pueblos la cultura, la educación y la ciencia. Entre los múltiples participantes, escuchados por 150 invitados de 12 países, más los medios de comunicación, fueron definitivas las declaraciones de los ministros de Educación de Cuba y de Venezuela. Y los reportes de los delgados de México y Chile, por donde hace rato pasó el tratado. El contundente análisis de Germán Rey. La exposición esclarecedora de Carlos Ronderos. A pesar de la posición neutral del Convenio, que lo que hacía era aportar elementos de juicio a la discusión y enriquecer los argumentos de los futuros negociadores, por ninguna parte encontré voces de entrega total al TLC por parte del sector cultural. Antes bien, me sorprendió la reflexión final de Germán Bula, con la cita del leit motiv del personaje de la novela Bartleby de Herman Melville: Preferiría no hacerlo .

Estamos pues ante la disyuntiva de dejarnos clavar o dejarnos sacar del mercado. La firma del tratado es irreversible, que para eso estamos comprometidos hasta las cachas. Los pobres continuarán con sus protestas para que no los hagan más pobres. Y la cultura con la mínima figuración en este tratado. Para bien o para mal, porque ya lo ha dicho la Unesco: El desarrollo cultural es un fin en sí mismo, y por eso no puede supeditarse a las lógicas del mercado . Habrá que decirle adiós a la gestión cultural y darle vivas a la industria del espectáculo?.

nadaismo@telesat.com.co

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.