UN GRUPO DE RECONOCIDOS ECONOMISTAS REPLANTEAN UN MODELO DE DESARROLLO MÁS ALLÁ DEL CRECIMIENTO

UN GRUPO DE RECONOCIDOS ECONOMISTAS REPLANTEAN UN MODELO DE DESARROLLO MÁS ALLÁ DEL CRECIMIENTO

A mediados de los años cincuenta del siglo pasado, el economista Simón Kuznets escribió que en las primera etapas de desarrollo, los países dañaban la distribución del ingreso y que luego cuando alcanzaban etapas superiores del desarrollo volvían a recuperarla y a mejorarla.

07 de octubre 2004 , 12:00 a.m.

Esa teoría fue adoptada por muchos economistas como un hecho sin mayor reparo.. Y en esa tónica entraron entraron organismos recién creados como el Banco Mundial para quienes el crecimiento de la economía se convirtió en una prioridad. Solo algunas voces aisladas de economistas estructuralistas siguieron planteando que el crecimiento y la distribución del ingreso podrían ir a la par.

Por ejemplo, a mediados de los setenta, el economista H. Chenery, quiso rebelarse en el Banco Mundial con la idea general de solo mirar el crecimiento económico, pero la realidad no tuvo mayor éxito. Chenery estuvo en Colombia apoyando una misión de empleo a comienzos de los años ochenta en la que tuvo como asesor al ex ministro Juan Luis Londoño. Otros estudiosos como Dani Rodrik tampoco tuvieron eco en sus ideas acerca de que una mala distribución del ingreso reduce el crecimiento económico posterior: si una economía arranca mal no tiene por qué mejorar en el fututo.

Todos esos intentos de discrepancia cayeron rendidos frente a lo que se llamó el Consejo de Washington, que tenía el respaldo del Tesoro de Estados Unidos y de instituciones como el FMI, el Banco Mundial y el BID: diez políticas de reforma económica, con énfasis en la estabilidad de precios para empujar el crecimiento y en medidas de ajuste estructural para mejorar la eficiencia y competitividad.

Durante los años 90, los países aplicaron la receta y América Latina no fue la excepción. Sus defensores pregonaban que la década perdida en la región y la caída del comunismo mostraban que solo con el ajuste y la preponderancia del mercado en la asignación de recursos se podía recuperar el crecimiento. El intervencionismo de Estado dio paso a la privatización vigorosa.

Los fundamentalistas del mercado aceptaron los beneficios de los mercados financieros globales, pero desconocieron sus problemas. Creyeron que los mercados financieros hacían el equilibrio y producían una distribución de recursos óptima y que resultaba inconveniente la regulación del Estado para corregir las distorsiones del mercado. Con el paso de los años, se ha llegado a aceptar que es peligroso confiar excesivamente en la dinámica y poder del libre mercado, lo cual es mucho más valido en los países del mundo en desarrollo.

Sin embargo, hoy el reconocimiento es que los resultados han sido malos en términos no solo de crecimiento, sino más grave aún, en términos de reducción de la pobreza, distribución del ingreso y disminución del desempleo.

Dado que la aplicación de las recetas no se discute, los interrogantes se han hecho cada vez más grandes en los últimos años, incluso entre los economistas inspiradores del Consejo de Washington, como John Williamson: no basta con el mero ajuste, sino que se requiere complemento en términos de equidad.

En la última semana de septiembre, un importante grupo de economistas se reunieron en Barcelona, España, y expidieron lo que llamaron La Agenda del Desarrollo de Barcelona , en la que desnudaron el problema: no solo se requieren ajustes, sino que plantearon siete prioridades hacia el futuro.

Entre los economistas que firmaron la Agenda, que dará mucho de qué hablar, pues es un claro replanteamiento del modelo de desarrollo, están Jeffrey Sacas, Paul Krugman, Dani Rodrik y el mismo John Williamson. Por Colombia aparece José Antonio Ocampo.

La verdad es que si hay un replanteamiento muy interesante: no se descuida el crecimiento, pero se necesita distribución del ingreso. Así, las políticas tienen que ser distintas al no darle solo importancia al PIB sino también a la distribución del ingreso y Colombia no puede quedarse por fuera del tema , piensa el economista Alejandro Gaviria.

Su creencia es que ello implica el regreso a medidas más heterodoxas que se habían desterrado en el pasado como le banca de fomento, el desarrollo sectorial y la recuperación de instituciones dentro del mismo marco.

El tema lo ha pregonado desde hace algún tiempo el ex ministro y ex secretario de Cepal, José Antonio Ocampo, al hablar de la necesidad de retomar la agenda del desarrollo .

Mauricio Cárdenas, director de Fedesarrollo, comparte la idea de ampliar la visión del desarrollo, sin abandonar la necesaria disciplina en el frente fiscal y de los postulados de estabilidad.

Es un debate que se abre y debemos promoverlos , considera el ex ministro Cárdenas.

Pero hay economistas que se atreven a ir un poco más allá. Alvaro Montenegro, quién fue asistente del profesor Lauchlin Currie, considera que es parte fundamental del replanteamiento tener estadísticas que permitan y faciliten las políticas públicas.

Hoy se tienen datos sobre PIB y cifras fiscales, pero no hay datos en términos de distribución del ingreso y sin estas el discurso es incompleto , comenta Montenegro.

Lo cierto es que el giro sobre lo que se debe hacer en materia de crecimiento y desarrollo parece claro. De todas formas, no es que se crea que se borran las disputas agrias entre neoliberales y estructuralistas, pero si es claro que hay un acercamiento importancia, en que coinciden ya hasta los más ortodoxos técnicos de entidades como el Banco de la República.

Comienza el debate!.

*** La Declaración de Barcelona Un grupo de economistas de países desarrollados y en desarrollo, se reunieron en Barcelona los días 24 y 25 de septiembre pasado para debatir sobre el crecimiento y el desarrollo en el mundo.

Discutieron los efectos de las reformas económicas aplicadas por muchos países en desarrollo durante las dos últimas décadas, las lecciones para la toma de decisiones económicas que emergen de esta experiencia, y el comportamiento de un sistema económico internacional en el cual los países pobres y de renta media están cada vez más integrados.

*** Apreciamos tres tendencias positivas: -Los avances realizados en el respeto a los derechos humanos, el asentamiento de la democracia y el cumplimiento del imperio de la ley en muchas -aunque no lamentablemente todas- naciones en desarrollo.

- La aceleración del crecimiento en distintos países -incluidos India y China- tiene el potencial de sacar a millones de personas de la pobreza.

- Una mayor convicción sobre la importancia de la estabilidad macroeconómica, que por el momento ha conducido a una reducción espectacular de la inflación en una región históricamente postrada ante la misma como América Latina.

*** Pero también señalamos tres tendencias preocupantes: - La recurrencia y severidad de las crisis financieras sistémicas que han afectado a países en desarrollo, incluso a aquellos que habían llevado a cabo políticas de ajuste y estabilización siguiendo las sugerencias de los organismos internacionales.

- Los mediocres resultados de las reformas diseñadas para alcanzar un crecimiento económico sostenible en muchas regiones del mundo.

- La persistencia -y a menudo empeoramiento- de una distribución de la riqueza y de la renta altamente desigual en muchos países en desarrollo.

Nuestro debate se centró en extraer lecciones de las políticas aplicadas y en debatir la necesidad de cambios, tanto en países ricos como pobres. Ha habido un amplio acuerdo en siete temas, que a su vez deberían definir las prioridades de las reformas.

1. Tanto los principios económicos como la experiencia internacional nos sugieren que el respeto por el imperio de la ley y los derechos de propiedad, una economía de mercado que mantenga un equilibrio entre mercado y estado, y la atención a la distribución de la renta son la base de las estrategias de desarrollo con mayor éxito.

Además, las instituciones que trasladan estos principios a la realidad importan mucho. Los países en desarrollo deberían trabajar para mejorar sus entornos institucionales. Pero las innovaciones institucionales eficaces dependen mucho de la historia del país, su cultura y otras circunstancias específicas. Animar a las naciones en desarrollo a copiar mecánicamente las instituciones de los países ricos -como tienden a recomendar las instituciones internacionales- no garantiza obtener resultados positivos y hasta podría tener efectos contraproducentes.

2. La experiencia nos muestra, una y otra vez, que un endeudamiento elevado -tanto público como privado-, un sistema bancario escasamente regulado, y una política monetarias laxa son serios obstáculos al desarrollo. Estas prácticas no sólo no estimulan el crecimiento a medio plazo, sino que también pueden exponer a las naciones a crisis que conlleven tremendos costes, especialmente para las pobres.

Las naciones en desarrollo que esperan prosperar deberían seguir unas políticas financieras, monetarias, fiscales y de endeudamiento prudentes. Pero una posición fiscal prudente no es lo mismo que un presupuesto equilibrado cada año, sean cuales sean las circunstancias. Las políticas macroeconómicas anticíclicas son más eficientes y políticamente más viables.

Los países en desarrollo deberían crear instituciones para hacer posibles estas políticas y las instituciones financieras internacionales deberían alentar este tipo de políticas en la medida de lo posible. Los criterios diseñados por estas instituciones para evaluar los objetivos macroeconómicos deberían tener la flexibilidad necesaria para hacer posible, por ejemplo, que las infraestructuras productivas y la inversión en I+D se considerara como adquisición de activos y no como gasto corriente, para un objetivo fiscal dado.

3. No existe una única política económica que pueda garantizar un crecimiento sostenido. Las naciones que han conseguido llevar a cabo esta importante tarea han hecho frente a distintos tipos de obstáculos y han adoptado diferentes políticas sobre regulación, exportaciones, promoción industrial, innovación tecnológica y adquisición de conocimiento.

Los países deberían tener la libertad de diseñar políticas adaptadas a sus circunstancias específicas. Las organizaciones financieras internacionales, así como las agencias de ayuda al desarrollo, deberían alentar esta posibilidad. Pero esto no implica una aproximación al desarrollo donde todo vale. Esta libertad tampoco debería ser utilizada para disfrazar políticas que simplemente transfieran renta a los grupos políticos más poderosos.

La prioridad es identificar las restricciones que más dificultan el crecimiento y superarlas mediante políticas microeconómicas y macroeconómicas adecuadas. Las intervenciones de carácter microeconómico deberían tratar de corregir los fallos específicos del mercado, y los incentivos económicos deberían reducirse a medida que la situación de los grupos beneficiarios mejora.

4. Las negociaciones comerciales multilaterales deberían perseguir el desarrollo económico. El proteccionismo agrícola y textil en los países desarrollados representa un obstáculo importante a la participación de los países en desarrollo. Pero algunos de los países en desarrollo podrían estar limitando su potencial a través de políticas comerciales inapropiadas. Por ello, alentamos a que la Ronda de Doha concluya con éxito, ofreciendo más oportunidades de crecimiento mundial y más espacio para que los países en desarrollo pongan en marcha sus propias estrategias de crecimiento.

5. Los acuerdos financieros internacionales no están funcionando bien. Los países pobres continúan alejados de los flujos financieros privados y los niveles de ayuda oficial siguen siendo insuficientes. Los flujos de capital privado a los países de renta media son muy volátiles, y esta volatilidad tiene muy poca relación con los fundamentos económicos de los países receptores. Los shocks sistémicos sobre la balanza de capitales continúan siendo comunes, y el contagio golpea cada vez más a países con políticas económicas sólidas.

La raíz del problema es la ausencia de mercados e instrumentos que permitan un reparto del riesgo más eficiente entre países. Las instituciones financieras multilaterales no hacen bastante para superar estos fallos de los mercados financieros privados. Además, la consideración del riesgo moral como causa principal de las crisis financieras ha desviado la atención de otros elementos de inestabilidad.

El debate sobre la reforma de la arquitectura financiera internacional ha producido pocos resultados tangibles. Una de las razones podría ser los países en desarrollo están infrarepresentadas en el proceso de toma de decisiones de las instituciones financieras multilaterales. La asignación de votos en los consejos de estas instituciones es un reflejo del pasado y tiene poco que ver con el peso actual de los países en la economía mundial. En resumen: la reforma de las instituciones financieras internacionales debería ser una prioridad, tanto para los países ricos como para los pobres.

6. Los acuerdos internacionales actuales tratan los movimientos de capital y de trabajo de forma asimétrica. Las instituciones financieras internacionales y los gobiernos del G-7 consideran generalmente que la movilidad de capital debe ser impulsada. Pero no ocurre lo mismo con la movilidad internacional del trabajo. Sin embargo existen razones, tanto de equidad como de eficiencia, para justificar unos mayores movimientos migratorios a escala internacional.

Necesitamos un conjunto de reglas e instituciones internacionales para guiar el movimiento transfronterizo de población, incluyendo a los trabajadores temporales y de servicios, y que promuevan el uso de las remesas de los emigrantes como una fuente de financiación adicional. La mejora de los derechos de los emigrantes facilitará su integración en el mercado laboral y limitará su explotación.

7. El empeoramiento del medio ambiente y sus externalidades negativas, incluyendo los problemas de calentamiento global, necesita ser abordado con políticas de desarrollo sostenibles a nivel global y nacional. En este tema tanto los países ricos como los pobres tienen trabajo por delante.

No se puede decir que la situación del mundo sea satisfactoria. El hecho que más de mil millones de seres humanos vivan en la pobreza exterma debería ser causa de una profunda preocupación. El Sida y otras epidemias representan una tragedia para los países menos desarrollados, especialmente en Africa. En los Objetivos de Desarrollo del Milenio las naciones donantes se comprometieron a incrementar la ayuda para corregir estos y otros problemas. Pero este compromiso continúa siendo mayoritariamente incumplido. También es fácil desalentarse por el fracaso de todo tipo de recetas mágicas para fomentar el desarrollo.

Pero preocupación no es lo mismo que desesperación. Y la preocupación tampoco debería servir para justificar actitudes anti-crecimiento. En el último medio siglo un buen número de países han podido salir de la pobreza por sus propios medios, y otros están haciendo lo mismo hoy en día.

Hay lecciones esperanzadoras que aprender de estas experiencias, algunas de las cuales hemos intentado resumir en esta agenda. Existen, por tanto, políticas para conseguir un desarrollo equitativo y sostenible. No existe una única política económica que garantice el éxito, pero hoy estamos más preparados para buscar las claves de dicho éxito.

Los ciudadanos de los países en desarrollo saben bien que el progreso largo y arduo. Si sus líderes apuestan con decisión por el desarrollo, y si los países ricos ayudan reformando los acuerdos internacionales que ahora obstaculizan dicho progreso, aún quedan motivos para la esperanza.

*** Asistentes de la Cumbre Alice Amasen Olivier Blanchard (MIT, Estados Unidos) Guillermo Calvo (BID) Ramón Caminal Daniel Cohen (U. de Paris) Antón Costas Guillermo de la Dehesa (OECD ) Jeffrey Frankel (U. de Harvard) Jordi Galí (U. Nueva York) Ricardo Hausmann (U. de Harvard) Louka Katseli Martin Khor Paul Krugman (U. Princeton) Deepak Nayyar José Antonio Ocampo (ONU) Dani Rodrik (U. Harvard) Jeffrey Sachs (Columbia U.) Miguel Sebastián Narcís Serra (España) Joseph Stiglitz (U. de Columbia) Ernesto Talvi (Uruguay) Joan Tugores Andrés Velasco (U. de Harvard) Jaume Ventura (MIT) Xavier Vives John Williamson (Creador del Consenso de Washington).

*** Economistas de la región Fedesarrollo y la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes comienzan hoy el Cartagena el encuentro anual del Grupo de Economía Política de la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Economía (Lacea).

En el evento participarán de destacados economistas nacionales e internacionales que se dedican a estudiar los problemas de la región, en particular la importancia de las instituciones en el proceso de implementación de las políticas públicas.

Las experiencias internacionales contribuirán a un mejor entendimiento de las restricciones de economía política que se presentan en la región, de manera que se logre conciliar lo técnicamente deseable con lo políticamente viable. Esto es crucial para Colombia, especialmente el coyuntura política y económica que vive en la actualidad , dijo el director de Fedesarrollo, Mauricio Cárdenas Santa María.

Asistirán entre otros, Juan Carlos Echeverry de la U. de los Andes, Ernesto Stein, IDB, Guillermo Perry, economista Jefe del Banco Mundial,áá Francisco Monaldi, Universidad Católica Andrés Bello, Jorge Streb, de la Universidad del Cema, Andrés Escobar, Universidad de los Andes, Mario Bergara, Universidad de la República Oriental del Uruguay, Marcela Eslava, Universidad de los Andes,áMauricio Olivera, IDB, Alejandro Gaviria, Universidad de los Andes, Fabio Sánchez,ááááá Marco Bonomo, School of Economics, Jorge Streb, UCEMA, Ernesto Stein, IDB, Leonardo Hernández y Fernando Parro, Banco Central de Chile, Leopoldo Fergusson, Universidad de los Andes, Raja Kali, University of Arkansas, Fabio Sánchez, Universidad de los Andes.

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