LA DROGA

LA DROGA

Volvemos a quedar perplejos ante las gambetas que el otrora mejor futbolista del mundo le esta haciendo a la vida, esta vez con el balón que simboliza su desgracia, por el consumo de drogas prohibidas. El triste espectáculo de Maradona, sin tanta publicidad, se repite en infinidad de hogares que sufren los horrores de tener uno o varios de sus miembros en esa situación.

18 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Cuando pasan esas cosas, nos obligamos a pensar en los principales culpables, como son sin duda los narcotraficantes de todos los niveles, esos oscuros negociantes que enlodaron la imagen de Colombia delinquiendo de todas las maneras y recorren el mundo con su danza de corrupción, terror y muerte.

Los males de este país son consecuencia del narcotráfico, según la sentencia en la que coinciden gobernantes, militares, economistas y en fin personajes versados en cada una de esas materias a lo que hay que creerles.

Boyacá debe mirar esta realidad con enorme preocupación, por la gran influencia que poco a poco han venido tomando, sin que las autoridades regionales hayan dicho o hecho nada al respecto, excepto lo propuesto recientemente en Chiquinquirá para que los alcaldes con algunos voluntarios empiecen a arrancar los cultivos que encuentren en sus municipios, respuesta inapropiada ante las cifras de más de veinte mil hectáreas cultivadas y miles de laboratorios en plena producción.

Al ejercicio no se le puede dejar solo en esa lucha titánica contra los atizadores de la hecatombe del país y nuestro departamento. Necesitamos alcaldes valientes comprometidos así como la acción decidida del gobernador y todo el gobierno, para evitar que esos sujetos con su poder económico corrompan todo, controlen el presente y futuro de nuestros destinos y de nuestras vidas, en aras de su lucro personal.

Luchando contra ellos evitaremos figuradamente llorar por Maradona, quizás un caso perdido, el que debemos reivindicar para que se reflejen en él nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos y así no tengamos que lamentarnos cuando los alcance el vicio y los hunda, por culpa de nuestra cobardía, complicidad o permisividad.

* Periodista.

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