LA INTERCESORA NUESTRA

LA INTERCESORA NUESTRA

Por omisión involuntaria del linotipo, más no de la tijera, no se dijo lo que quise decir en la pasada Pedagogía de la exclusión cuando referí que la televisión se había negado en convertir en noticia la bebé, de dos meses de edad, que por culpa de una bala oficial se le había tenido que amputar su piernita, mientras en horario triple A y durante media hora, los colombianos se condolieron y muchas lloraron porque al, por cierto boyacense, (Pobre Pablo) Roberto Cano se le había tronchado su dedo gordo de su piecito izquierdoesa es la verdadera pedagogía de la exclusión, la que patrocinada por los emporios de la comunicación al pueblo le hacen ver otra realidad, y esa realidad es la que mustiamente nos duele más, porque disfrazada es la que esconde nuestras penas y lo que es más grave es que nos gusta el juego a tal punto que nos convertimos, normalmente, a las horas de las comidas en familia, en multiplicadores de sintoníapero bueno, esa es Colombia y sí eso, como otras tantas cosas n

18 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Mientras tanto volvamos a decir que la Paz es un derecho y un deber de todos los colombianos, por lo menos eso dice el mandato constitucional. Así está consagrado el reconocimiento al respecto por la vida y al desarrollo espiritual y material del ciudadano, en una sociedad destrozada en sus afectos e identidades, sin fe común de Nación, ni certezas, en desangre cotidiano, nunca a gotas siempre a ríos.

Legitimidad y necesidad, obligación de exigir la búsqueda del entendimiento entre los actores del eterno conflicto y contribuir solidariamente con recursos, imaginación, realismo y sensatez a acercar extremos 50 años de guerra.

Paz es superar la insensatez de actuar sin pensar en la secuela de odios disparados exponencialmente, y que son la mala savia de esta confrontación eterna.

Todos estamos obligados a revisar comportamientos y desplegar los mejores esfuerzos por construir un nuevo clima de entendimiento entre los enemigos, los contrarios, el soldado y el guerrillero, el general y el comandante, el statu quo y la insurgencia. El objetivo tiene que ser civilizar la política y no continuar militarizándola, y así avanzar venciendo la tentación de politizar la guerra y justificarla en el fracaso. Una sana agenda de la negociación debe reconocerle un puesto a la patria sangrante y desesperanzada, y aceptar la responsabilidad de cada cual. Así la paz tomará tiempo, pero no se perderá tiempo. Urge desactivar la muerte cotidiana que masacra la conciencia social desde hace años.

La clave de la paz es la redistribución de poderes y beneficios sociales. Ricos y pobres, justicia o injusticia, derechos humanos o desechos humanos, ser derechos en lo humano y, profundamente hermanos.

Y a sabiendas de ello y de que estamos aun en el mes de Mayo, y como sé que a casi a nadie molesta mi invitación, hago propicia la oportunidad para que nos permitamos pensar que la fuente de esa humildad pueda ser el Cielo. Porqué no nuestra inspiración puede ser tu Virgencita María, Madre de Dios, tu reina del Universo, tu que eres la mejor intercesora y abogada nuestra, será mucho pedirte, que como a Bernardetta en Massabielle te reveles en el Cagúan y sus alrededores, y ahora en Santafé de Ralito, y conmuevas a Jojoyes, Tirosfijos, Castaños, Mancusos y Raules?... Tu que lo puedes todo, concédenos ese favor para bien nuestro y de nuestros descendientes a quienes, a cambio, formaremos en la fe de tu Hijo.

* Catedrático UniBoyacá y Notario de Tunja.

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