LOS TITANES DE LA LENTEJA

LOS TITANES DE LA LENTEJA

Después de los fríjoles y el maíz, la lenteja es el alimento más consumido por los colombianos. No tiene las medallas alcanzadas por los dos primeros y siempre será ese plato oscuro que comemos pausadamente con una cuchara, temerosos de encontrarnos con una piedrecilla entre los dientes, que nos deja viendo estrellas un largo rato.

22 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Después de los fríjoles y el maíz, la lenteja es el alimento más consumido por los colombianos. No tiene las medallas alcanzadas por los dos primeros y siempre será ese plato oscuro que comemos pausadamente con una cuchara, temerosos de encontrarnos con una piedrecilla entre los dientes, que nos deja viendo estrellas un largo rato.

En mi adolescencia aprendí a comer lentejas con piedras, sólo por ver a la rubia Mireya en su pequeño restaurante, al que también iba el alcalde a sudar, sobre todo, la pena de no saber cómo llegar al corazón de aquella muchacha. Hay una vasta población que ni con diez rubias las comerían, lo que en un país subalimentado resulta una herejía.

Pero existe un grupo selecto de nuestra población, sin embargo, que ha hecho de la lenteja un culto: los políticos de pelo en pecho que han elevado esa actividad a la condición de principio. Ellos cultivan este cereal, lo cosechan, lo cocinan y se lo comen con piedras y lo que haga falta.

Expliquémoslo. Desde la remota ocasión en que Jacob robó a su hermano Esaú tierras y ganado a cambio de un plato de lentejas, la noche se le vino encima a quienes ejercen trueques chuecos a un pelo de la criminalidad. En nuestra política nacional, a lo mismo se la llama lentejismo y, madre de los pecadores, las cosas que nos toca ver. Aquí los pactos, las componendas, la intriga, las méngualas, la paridad, la corbata, la coima, el pastel burocrático, la cuota, la colaboración patriótica, la recomendación, el hilo, el pabilo, la hilaza, el miti.miti, la escoria del proceso 8.000, son parte sustancial de una misma lenteja.

El Frente Nacional del 57 es la cazuela de lentejas más espesa y abundante del siglo anterior. Liberales y conservadores se gastaron dieciséis años sin sacar la cuchara del cocido mientras el país se pudría. Después los jefes y subjefes que tomaron el relevo honraron lo aprendido y aquí los tenemos incombustibles haciendo de las suyas, como si los indios de ayer fueran los mismos de hoy. Aquí no hay una lenteja más, hay un mar de lentejas. Una fiesta nacional.

Observe usted amable lector, a la vieja promesa del liberalismo Horacio Serpa, identificado como el diablo ayer, al hoy presidente Uribe y con quien las diferencias eran tan irreconciliables como el agua y el aceite.

Así lo dijo. Después de su Apocalisis político se alió con el diablo y se fue con la cola entre las piernas a hacer patria como embajador en la ONU. A la señora Noemí Sanín, otra promesa, que duró hasta que el demonio la tentó con la embajada de Madrid y que también ella acepto por patriotismo, sin dejarnos ver su cautivadora sonrisa.

Y al indescifrable senador Antonio Navarro, condenando el lentejismo del cuerpo diplomático como gran novedad, él que ha sido su expresión más acabada y doliente, al enterrar cerca de un millón de votos en los buenos tiempos del M-19 para pasarse al enemigo con su acostumbrada cara dura, en el gobierno de César Gaviria, doce años atrás, como su ministro de Salud.

Hay que tener poco ceso y mucha desfachatez para arrojar piedras a estas alturas de nuestra tragicomedia, pero ellos son así, como la lenteja siempre será nuestra. Los perdedores en el ejercicio político siempre ganan en el paraíso de las trapisondas. Los que pierden son sus electores que terminan cornudas y apaleados. Como se dice ahora, perdón si pero también buena memoria y a comer lenteja que es más sabroso.

* Escritor

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