BOCHORNO EN MADRID

BOCHORNO EN MADRID

Bochornoso y lamentable, por decir lo menos, el incidente en que se vio envuelto el presidente Alvaro Uribe Vélez el domingo pasado en Madrid, cuando acudió a la estación de Atocha para rendir un homenaje a las víctimas del atentado del 11 de marzo en la capital española. No solo por la destemplada protesta de los miembros del grupo Ecologistas en Acción, que hicieron presencia allí para denunciar las violaciones de los derechos humanos en Colombia (algo a lo que el mandatario ya debe estar acostumbrado), sino también por la inusitada reacción de varios de los funcionarios diplomáticos que lo acompañaban (encabezados por el cónsul en Madrid, Jairo Berrío), que protagonizaron un espectáculo que dejó mal parada a la representación del país en España.

27 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Bochornoso y lamentable, por decir lo menos, el incidente en que se vio envuelto el presidente Alvaro Uribe Vélez el domingo pasado en Madrid, cuando acudió a la estación de Atocha para rendir un homenaje a las víctimas del atentado del 11 de marzo en la capital española. No solo por la destemplada protesta de los miembros del grupo Ecologistas en Acción, que hicieron presencia allí para denunciar las violaciones de los derechos humanos en Colombia (algo a lo que el mandatario ya debe estar acostumbrado), sino también por la inusitada reacción de varios de los funcionarios diplomáticos que lo acompañaban (encabezados por el cónsul en Madrid, Jairo Berrío), que protagonizaron un espectáculo que dejó mal parada a la representación del país en España.

Mientras el presidente Uribe, la canciller Carolina Barco y la embajadora Noemí Sanín mantenían la compostura, los acuciosos funcionarios y las esposas de algunos de ellos (que están en España con pasaporte y estatus diplomático) perdieron los estribos y, en una actuación más propia de verduleras, además de injusta y desproporcionada, se trenzaron en una absurda batalla verbal con los manifestantes, a los que lanzaron epítetos de narcoterroristas , cuando se trataba de dos jóvenes (un alemán y una bogotana) miembros de una ONG defensora de los derechos humanos reconocida por el Estado español.

Ya son bastantes los problemas de imagen que tiene el país en el exterior (particularmente en este tema de las ONG, desde la famosa frase del Presidente), para que sus funcionarios diplomáticos incurran en faltas de compostura y profesionalismo. Este episodio muestra una vez más la necesidad de un servicio exterior profesional, capaz de manejar situaciones como la aludida en una forma apropiada. La embajada en Madrid no debe minimizar la cuestionable conducta de sus funcionarios.

editorial@eltiempo.com.co

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