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ORILLAS DE ABANDONO

ORILLAS DE ABANDONO

Increiblemente desde hace más de una década se encuentra restringida la libre movilización por el río Atrato. Restricción que comenzó en los años noventa cuando los miembros de los frentes guerrilleros que operan en la región iniciaron los primeros retenes fluviales en la jurisdición del municipio chocoano de Riosucio, y luego condicionaron la navegación a la expedición de ciertos salvo conductos para las embarcaciones que cubrían la ruta entre Cartagena, Turbo y Quibdó.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
16 de enero 2004 , 12:00 a. m.

Increiblemente desde hace más de una década se encuentra restringida la libre movilización por el río Atrato. Restricción que comenzó en los años noventa cuando los miembros de los frentes guerrilleros que operan en la región iniciaron los primeros retenes fluviales en la jurisdición del municipio chocoano de Riosucio, y luego condicionaron la navegación a la expedición de ciertos salvo conductos para las embarcaciones que cubrían la ruta entre Cartagena, Turbo y Quibdó.

Algunos propietarios y trabajadores de embarcaciones fueron asesinados y otros tuvieron abandonar la actividad por temor a las represalias de los subversivos. Esas restricciones marcaron el comienzo del drama de los pueblos del bajo Atrato y con el paso de los años los retenes se convirtieron en un verdadero calvario para los habitantes de los pueblos ribereños. Y fue así como paulatinamente la guerrilla acentuó su poder. Detras de ellos llegaron los paramilitares y ambos grupos en sus despiadados enfrentamientos por la supremacía militar han impuesto el imperio del terror y la muerte en la región.

En los últimos años miles de campesinos han sido asesinados y otros obligados a desplazarse hacia los cinturones de miserias de las ciudades. Cientos de ellos regresaron mediante los planes de retorno, y con el apoyo de la Iglesia Católica y diversos organismos defensores de los derechos humanos continúan resistiendo los embates de la guerra y las consecuencias económicas de las restricciones comerciales.

La crisis humanitaria que se vive en el Atrato no tiene precedente en la historia reciente,a pesar de los continuos anuncios del gobierno de medidas de seguridad para frenar las permanentes violaciones de los derechos humanos, la cosas van de mal en peor. Los problemas políticos, sociales y económicos se multiplican, y los más grave los campesinos no tiene los medios como vender las pocas cosechas, las maderas ni el pescado y menos de los medios para abastecerse de los productos de primera necesidad.

En otras palabras el Atrato es sinónimo de muerte, tristeza y desolación. Hoy es un río de pueblos abandonados y de casas en ruinas envuentas entre las marañas de la vegetación. Las ruinas son un testimonios más de las secuelas de la guerra, lo que ésta ocurriendo en éste río deja muchas dudas sobre la efectividad de la política de la seguridad democrática en la región.

En la guerra por el control del Atrato no sólo está en juego el control de los corredores geopolíticos y estratégicos para acceder al dominio del eje bananero antioqueño y hacia las nuevas zonas de cultivos y procesamientos de drogas en la cuenca media y baja del río y en la zona fronteriza con Panamá.

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