Secciones
Síguenos en:
ENTRE COMILLAS

ENTRE COMILLAS

Al Gobierno le están empezando a llegar voces de alerta sobre la situación fiscal. Pero lo interesante del caso es que estas voces provienen de cuarteles tradicionalmente amigos de la administración Uribe. Ojalá el Gobierno, en vez de desconceptuarlas arrogantemente como acostumbra hacerlo con todos sus críticos, les ponga cuidado y tome los correctivos adecuados.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
25 de agosto 2004 , 12:00 a. m.

Veamos: Anif, por ejemplo, que ha sido siempre bastante benévola en sus apreciaciones sobre la administración Uribe, hace observaciones como las siguientes, refiriéndose al proyecto de presupuesto para el 2005 recientemente radicado por el Gobierno en el Congreso: De la lectura de la exposición de motivos y del análisis frío de los números se desprende una conclusión: el objetivo de hacer un ajuste radical en las finanzas públicas ha desaparecido de las prioridades del Gobierno .

Para concluir así: Se asume que si el Gobierno tiene especial interés en financiar la seguridad, por ejemplo, debe sacrificar aumentos en otras áreas de la inversión pública. No hay tal. Como si no hubiera restricción presupuestal, tenemos aumentos reales en defensa y seguridad, pero también en educación, en infraestructura, en fomento y regulación del desarrollo económico, en vivienda y en espacio público y en recreación, deporte y cultura. Casi todo es prioritario, menos el ajuste fiscal . (Informe semanal No. 774 del 9 de agosto de 2004) Y Alejandro Gaviria (quien tiene por qué saber lo que dice como subdirector de Planeación y asesor económico que fue de la Casa de Nariño hasta hace poco) nos pone en guardia sobre el talante politiquero que está invadiendo en los últimos tiempos las decisiones gubernamentales. El tema de la reelección -dice- ha llevado a un debilitamiento de la tecnocracia y a una preeminencia exagerada de las consideraciones políticas a la hora de tomar ciertas decisiones (revista Cambio, No. 579, 2 de agosto de 2004, página 30).

Y más recientemente, refiriéndose seguramente a la catarata de anuncios gubernamentales que se hacen en el sinnúmero de Consejos Comunales sobre obras que no cuentan ni con la financiación ni con la prelación técnica del caso, dice lo siguiente: Queda advertir, para terminar, que el ambiente político actual, atiborrado de promesas ligeras y reivindicaciones regionales, podría conducir al surgimiento, no de un elefante blanco sino de una verdadera estampida (El Espectador, 15 de agosto, página 7-A).

Y por último: la prestigiosa revista británica The Economist, en una punzante nota que tituló The Price of Reelection , en su edición del 17 de agosto del 2004, dice, entre otras muchas cosas, las siguientes: Las muy necesitadas reformas fiscales arriesgan ahora a quedar relegadas frente a los afanes reeleccionistas. Sin ellas, algunos inversionistas empiezan a temer cómo hará Colombia para pagar sus deudas .

El unanimismo nunca es bueno y mucho menos cuando se trata de asuntos económicos. Ojalá, pues, que el Gobierno, en vez de ofuscarse con este tipo de voces de alerta que empiezan a oírse, resolviera ponerles bolas. Aún es tiempo para tomar correctivos. Y para evitar que los empeños reelecionistas que comienzan a mostrar su rostro oculto (así como los desatinos de la Corte Constitucional) nos conduzcan hacia las arenas movedizas del desorden fiscal.

* * * * * Contraste: mientras que el gobierno anterior tomó especial cuidado para que los televidentes colombianos pudieran disfrutar las transmisiones completas de las Olimpiadas de hace cuatro años, el actual se limitó a mandar a pasear a la Ministra de Cultura a Atenas, pero no movió un dedo para que los canales oficiales transmitieran los juegos.

Esto es chocante, pero tiene una explicación. Este Gobierno parece concebir a la TV oficial como una especie de perrito faldero encargado de seguir al Presidente de la República para arriba y para abajo en todas sus apariciones y consejos comunales sabatinos. Según el senador Navarro Wolf (EL TIEMPO, 8 de agosto, pág 1-4): Uribe ha estado 2.240 horas de televisión en dos años, incluyendo los consejos comunitarios, es decir 93,7 días continuos. Y esto a pesar de que, según las leyes vigentes, la televisión oficial pertenece al Estado y no al gobierno de turno. Qué bueno sería que la Comisión Nacional de Televisión, en vez de quedarse muda como una ostra, dijera algo al respecto!

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.