EMPRESARIOS FRENTE AL TLC: ESTRATEGIA Y COMPETITIVIDAD

EMPRESARIOS FRENTE AL TLC: ESTRATEGIA Y COMPETITIVIDAD

Evidentemente, las consideraciones políticas juegan un papel fundamental a ambos lados de la mesa de negociaciones. Como cualquier tratado internacional, el TLC entre Colombia y los Estados Unidos eventualmente requerirá de la aprobación de sus respectivos Congresos. Igualmente importante es el hecho de que en ambos países, los órganos legislativos llevarán a cabo un seguimiento y acompañamiento cercano del proceso de negociación. El papel de los parlamentos como canalizadores de la opinión pública y de diversos intereses sectoriales, ideológicos y regionales, y como ratificadores finales del tratado es, sin duda, fundamental.

26 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Evidentemente, las consideraciones políticas juegan un papel fundamental a ambos lados de la mesa de negociaciones. Como cualquier tratado internacional, el TLC entre Colombia y los Estados Unidos eventualmente requerirá de la aprobación de sus respectivos Congresos. Igualmente importante es el hecho de que en ambos países, los órganos legislativos llevarán a cabo un seguimiento y acompañamiento cercano del proceso de negociación. El papel de los parlamentos como canalizadores de la opinión pública y de diversos intereses sectoriales, ideológicos y regionales, y como ratificadores finales del tratado es, sin duda, fundamental.

Específicamente, voy a concentrarme en el proceso político del lado norteamericano, por ser éste un tema central al trabajo de la Embajada en Washington, y porque considero es de especial interés para este auditorio. Con ello no pretendo, ni mucho menos, minimizar el importante rol del Congreso Colombiano en todo el proceso de negociación; ni pasar por alto la necesidad de que el gobierno y otras organizaciones que apoyan el tratado, mantengan un diálogo constante y proactivo no sólo con los parlamentarios colombianos, sino con los diferentes grupos, tendencias y perspectivas que ellos representan.

Esta labor de comunicación y "evangelización" es indudablemente uno de los pilares críticos para el éxito del proceso. Una cosa es negociar un buen acuerdo; y otramuy diferente, pero trascendentales convencer de ello a la opinión pública. Haríamos bien en recordar las sabias palabras del gran político inglés del siglo 19, Lord Macaulay: "El libre comercio, una de las mayores bendiciones que un gobierno le puede otorgar a un pueblo, es en casi todos los países impopular".

En Colombia existe la percepción de que Estados Unidos es un "ogro", y su equipo negociador una "aplanadora" que nos van a arrasar. Con tanta discusión sobre el coloso del Norte , no nos percatamos de que la verdadera competencia de Colombia en el ámbito del comercio y la inversión extranjera son países con niveles de desarrollo y perfiles productivos similares, como Brasil, China, India y los "Tigres Asiáticos". Mientras hacemos manifestaciones contra el TLC con los norteamericanos, olvidamos que hace un par de meses firmamos un acuerdo de libre comercio con el Brasilun país cuya economía es en esencia una versión ampliada de la nuestra.

Este tratado implica que en un plazo de 12 años, la mayor parte de la producción brasileña tendrá libre acceso al mercado colombiano. Y que en 15 años, todo producto brasileñoincluso en sectores sensibles como agricultura y calzado, donde Brasil es superpotenciaentrará a Colombia libre de arancel. Si de buscar culpable se tratara, habría que decir que el coco "fala portugues".

Para hablar ahora sí del proceso político del TLC en los Estados Unidos, quiero empezar por recalcar que Colombia hace parte de un grupo bastante selecto y reducido de países con los que los norteamericanos han emprendido negociaciones de libre comercio. De hecho, previo a la administración del Presidente Bush, Estados Unidos solo había celebrado acuerdos de libre comercio con tres países en toda su historia: Israel, Canadá y México. Haber ingresado a esta selecta fila de naciones, ya es de por si un logro significativo de Colombia y una fuente potencial de ventaja competitiva en una economía globalizada.

Los tiempos de las negociaciones entre Estados Unidos y los países Andinos coinciden con un momento crucial en el debate político norteamericano. En noviembre próximo se realizarán no sólo las elecciones presidenciales, sino también los comicios parlamentarios.

En un ambiente, como el actual es muy difícil avanzar la agenda comercial. Es altamente probable, que la gran mayoría de los tratados ya concluidos y aquellos en curso, tengan que esperar hasta el 2005 para ser enviados al Congreso. El primero es que cambios en la Casa Blanca o en la composición del Congreso generen un viraje en la política comercial norteamericana.

La posición del Senador John Kerry en materia comercial sigue siendo, hasta cierto punto, un enigma. Aunque votó a favor del Nafta en 1993, y del "Fast Track" en el 2002, el año pasado Kerry se abstuvo en las votaciones de los TLC con Chile y Singapur. Al mismo tiempo, su plataforma de campaña plantea que bajo su administración todos los tratados comercialesincluidos los ya vigentesse someterían a un período de revisión de 120 días con el fin de garantizar que los socios de los Estados Unidos estén cumpliendo con sus compromisos. De lo contrario, advierte, podrían estar sujetos a modificaciones.

En cualquier caso, así no se detenga del todo, es posible que la agenda negociadora de Estados Unidos se retrase bajo una eventual administración de Kerry, y que las exigencias en materia laboral y ambiental se tornen más estrictas.

El segundo riesgo surge del hecho de que las actuales facultades de "Fast Track" se vencen en junio de 2005. Si bien es probable que el Congreso las extienda, lo más conveniente para Colombia es planificar sobre la base de que no las van a renovar.

Para poder ser considerado por el Congreso bajo las facultades del "Fast Track" que vencen el primero de junio de 2005, el TLC tendría que ser firmado por el presidente de Estados Unidos a más tardar el 31 de mayo del próximo año. Así las cosas, para cumplir con los requisitos del "Fast Track" vigente, los negociadores colombianos y norteamericanos tendrían que llegar a un acuerdo definitivo antes del final de Febrero del 2005.

Aparte de los obstáculos políticos y las presiones del reloj, Colombia tendrá también eventualmente que lidiar con la competencia de otros países interesados en sacar adelante sus acuerdos antes de que expiren las facultades del "Fast Track". Por todos estos motivos, quiero hacer énfasis en que la tarea de movilizar al Congreso norteamericano para que apruebe un eventual TLC con Colombia no sólo es crítica, sino también urgente.

En términos generales, Colombia cuenta con una serie de ventajas sobre otros países en lo que a la labor de "lobby" y movilización en el Congreso se refiere. A raíz de este trabajo, Colombia se ha logrado consolidar como una nación clave para la seguridad y la estabilidad del hemisferio a los ojos del establecimiento norteamericano, y en el Congreso existe un alto nivel de conocimiento e interés sobre nuestro país. Es importante mencionar que excluyendo a Iraq y AfganistánColombia es actualmente el tercer mayor receptor de ayuda norteamericana en el mundo, detrás de Israel y Egipto. Todo esto constituye sin duda una ventaja de cara a la eventual aprobación del tratado, toda vez que la relación con Colombia va más allá de lo puramente comercial e incluye elementos vitales del interés nacional de los Estados Unidos.

También hay que señalar que de cara al Congreso norteamericano, y en especial a los ojos de los sectores menos amigos del libre comercio, Colombia presenta algunos lunares importantes, particularmente en temas trascendentales para una eventual administración Demócrata. Por ejemplo, en temas ambiental y laboral.

La prioridad inmediata es sacar adelante una buena negociación. Simultáneamente, el gobierno y el sector privado tienen que trabajar en llave para abonar el terreno en ambos congresos. Quiero enfatizar que las circunstancias políticas en Estados Unidos son muy difíciles.

Por este motivo, hay que pensar en formas creativas de contrarrestar las críticas de algunos sectores, especialmente en materia laboral, y armarnos de argumentos contundentes para demostrar que el TLC ayudará a sentar las bases para una Colombia más justa, más saludable, más educada y más prospera.

*Apartes de la intervención del embajador de Colombia en Estados Unidos, durante el seminario de Uniandes, realizado en Cartagena, denominado "Empresarios frente al TLC: estrategia y competitividad":

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