EN LAS PLAYAS DE TOLÚ Y COVEÑAS

EN LAS PLAYAS DE TOLÚ Y COVEÑAS

Llegamos a Tolú y Coveñas, en el departamento de Sucre, golfo de Morrosquillo, para pasar la Semana Santa. Viajamos a Montería de donde salen colectivos hasta Sincelejo que demoran aproximadamente dos horas por excelente carretera. De Sincelejo salen unas busetas hacia Tolú que tardan unos 45 minutos. Cuando por fin llegamos, vimos que en el pueblo el transporte obligado son los bicitaxis , bicicletas acondicionadas para dos pasajeros, con portaequipajes, radios con parlantes y sombrillas vistosas en los que es un placer recorrer las calles.

27 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Llegamos a Tolú y Coveñas, en el departamento de Sucre, golfo de Morrosquillo, para pasar la Semana Santa. Viajamos a Montería de donde salen colectivos hasta Sincelejo que demoran aproximadamente dos horas por excelente carretera. De Sincelejo salen unas busetas hacia Tolú que tardan unos 45 minutos. Cuando por fin llegamos, vimos que en el pueblo el transporte obligado son los bicitaxis , bicicletas acondicionadas para dos pasajeros, con portaequipajes, radios con parlantes y sombrillas vistosas en los que es un placer recorrer las calles.

Nos instalamos en una cabaña con vista al mar que prometía un descanso sin igual. Sin embargo, la noche de nuestra llegada se fue la luz. Y sin energía eléctrica, sin ventilador y sin toldillo, los mosquitos hicieron de las suyas en brazos y piernas de los cachachos recién llegados.

Los primeros días de la semana el ambiente era de total tranquilidad. Salíamos en la mañana, desayunábamos con carne, arepas y café con toda la calma posible. Luego buscábamos el sitio más tranquilo de la playa, colgábamos las hamacas, llevábamos una buena provisión de frutas, a veces acompañadas con vino y un buen libro. El almuerzo era pescado frito con ensalada y patacón en los quioscos de la orilla del mar.

Volvíamos a la playa al atardecer. Al final de la tarde el plan era caminar por el malecón, recorrer las ventas de artesanías y dar una vuelta por el parque y la iglesia.

De Tolú salen colectivos para Coveñas, también con playas espectaculares. Cuando fuimos, coincidimos con la llegada de las caravanas turísticas por lo cual sentimos un movimiento de vehículos y de turistas que no habíamos visto hasta ahora en Tolú. El Jueves Santo todo cambió. Las calles y los restaurantes estaban copados y el paseo nocturno por el malecón parecía un desfile, en ocasiones interrumpido para dar paso a las procesiones de Semana Santa.

Estas me impactaron por el nutrido número de fieles, vestidos para la ocasión con túnicas moradas y blancas. El sábado ya teníamos la nostalgia del regreso. Ya no nos acordábamos de los mosquitos, el clima era perfecto y el paisaje inigualable. Como siempre, lo bueno dura poco. Espero con ansiedad volver a este destino donde todo es tan sencillo y calmado que cualquier intento por describirlo es vano. Hay que vivirlo y repetirlo.

Foto:.

Ana Perilla, frente a las playas de Coveñas.

Archivo particular.

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