VIDA ETERNA A LOS QUE SE FUERON

VIDA ETERNA A LOS QUE SE FUERON

Amantes despechados, héroes de la guerra, premios Nobel de la Paz, músicos, actrices, fabricantes de chocolate, payasos y cientos de ciudadanos anónimos descansan desde hace exactamente dos siglos en el cementerio Pere Lachaise de París.

27 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Amantes despechados, héroes de la guerra, premios Nobel de la Paz, músicos, actrices, fabricantes de chocolate, payasos y cientos de ciudadanos anónimos descansan desde hace exactamente dos siglos en el cementerio Pere Lachaise de París.

Desde la colina Champ L Eveque (Campo del Obispo), este cementerio parisino, escondrijo de miles de secretos y pedazos de la historia de París, celebró el 21 de mayo sus 200 años de existencia con exposiciones y ceremonias en honor a sus ilustres huéspedes. Entre ellos el escritor guatemalteco y premio Nobel de Literatura, Miguel Angel Asturias, el líder del grupo de rock The Doors, Jim Morrison, la soprano María Callas, el pintor Eugene Delacroix, o escritores de la talla de Moliere, Marcel Proust, Honoré de Balzac u Oscar Wilde.

Pero lo que hace realmente diferente al Pere Lachaise de otros cementerios es que los vivos que recorren sus empinadas laderas de piedra entre árboles centenarios son casi tan interesantes como aquellos que reposan bajo tierra. Fetichistas, espiritistas, amantes del rock, mujeres deseosas de tener un hijo, estudiantes de Bellas Artes, jubilados, nostálgicos, carteristas, obsesos sexuales y simples curiosos. Los guías cuentan que hay personas que saltan las verjas por las noches para practicar rituales satánicos o magia negra.

"Este cementerio tiene mucho de siniestro, mágico, apacible y trágico. Puede ser un parque para los niños o el escenario de un crimen", asegura Mathieu, que cuenta "todos los secretos" del cementerio por diez dólares.

Una de las tumbas imprescindibles es la de Allan Kardec (1804-1869), siempre florida y concurrida. Cada día, decenas de personas depositan una rosa y tocan el hombro del busto de bronce de este espiritista para pedir su reencarnación. No lejos de este mausoleo, yace otra de las estrellas del cementerio: Víctor Noir (1848-1870), un periodista con fama de galán que murió acribillado en la época de Napoleón III.

La estatua de bronce en tamaño real que adorna su tumba tiene tres partes desgastadas: los labios, la zona del corazón y allí donde se perfilan sus órganos genitales. No se sabe muy bien por qué, este joven se ha convertido en símbolo de la fertilidad y objeto de ofrendas de muchas jóvenes que desean ser madres y vienen a frotarse contra su estatua.

La tumba de Jim Morrison es otra de las más visitadas. Varios guardias vigilan el lugar para evitar los excesos de los fanáticos que se drogaban ante la tumba del líder de los Doors.

Cuando este cementerio abrió sus puertas, el 21 de mayo de 1804, la burguesía parisina se negó a enterrar a sus muertos lejos del centro de París en un barrio considerado "demasiado popular".

Tres años después de su apertura sólo 62 personas habían sido enterradas en el Pere Lachaise. Finalmente, en 1817, los restos mortales de Moliere y los célebres amantes Eloísa y Abelardo fueron trasladados a este camposanto y el Pere Lachaise comenzó a recibir clientes ilustres . Hoy en día, viejas tumbas abandonadas, invadidas y resquebrajadas por las raíces de los árboles, se mezclan con silenciosos mausoleos, ángeles de mármol y lápidas señoriales. Provistos de un mapa, decenas de turistas sortean las sepulturas hasta encontrar la que vienen buscando.

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