DE ZORRERO A EJEMPLAR DE SALTO

DE ZORRERO A EJEMPLAR DE SALTO

Era un potro destinado a jalar una zorra -en medio de aguaceros y trancones-, para llevarles comida a los cerdos, cargar chatarra y recoger escombros de construcción por la ciudad, sin embargo, un par de felices circunstancias, unidas a los rasgos más sobresalientes de su personalidad , lo tienen hoy convertido en un encumbrado ejemplar de salto, que se pavonea por las pistas ecuestres con aires de campeón, avaluado en 30 millones de pesos después de haber sido comprado apenas por cien mil.

15 de abril 2004 , 12:00 a.m.

Era un potro destinado a jalar una zorra -en medio de aguaceros y trancones-, para llevarles comida a los cerdos, cargar chatarra y recoger escombros de construcción por la ciudad, sin embargo, un par de felices circunstancias, unidas a los rasgos más sobresalientes de su personalidad , lo tienen hoy convertido en un encumbrado ejemplar de salto, que se pavonea por las pistas ecuestres con aires de campeón, avaluado en 30 millones de pesos después de haber sido comprado apenas por cien mil.

Santuario fue su primer nombre y 1997 el año en que la suerte empezó a tocar sus cascos, cuando el dragoneante Orlando Sánchez lo negoció , a un zorrero del centro de Bogotá, por cinco mensualidades de 20 mil pesos.

Sánchez lo quería como medio de transporte, para que lo llevara desde su vivienda, ubicada en la vereda que circunda el cerro de Monserrate, hasta la Escuela de Caballería -Av. Circunvalar con calle 36-, donde el animal empezó a codearse con ejemplares Silla Argentina y Silla Europea, y pasó de comer zanahorias y lechugas marchitas, a saborear el alimento concentrado, sal, avena, alfalfa y otras delicias que solo prueban los caballos de cierta clase.

"A pesar de su tamaño, se abría paso entre los más grandes y les disputaba el alimento, pero ya en el corral, ante el silbido de su amo, era mansito y empezaba a mostrar sus habilidades para el salto. Su figura empezó a cambiar, y de sobrenombre, todos le decíamos Salchichón , como una broma al destino final de los caballos zorreros", dice Luis Carlos Ramón, jefe de veterinaria de la Escuela de Caballería.

"Se acostumbró tanto a su nueva vida que un día lo ofrecimos para que llevara una zorra adornada, en un desfile comparsas, sin embargo, dio pataleos y brincos de tal forma, que nos vimos obligados a desistir. Por nada del mundo quiso volver a su antigua vida", recuerda el mayor Oscar Ovalle, comandante de la Escuela.

Sin descendencia.

Hace cuatro años, estando amarrado de una mano a un árbol, cerca de la avenida Circunvalar, pasó Jorge Garzón, coronel del Ejército, quien en seguida recordó que una señora le había encargado un caballo pequeño y mansito, para que su hijo lo montara en una finca de Chía (Cundinamarca).

"Lo compré por 350 mil pesos -agrega Garzón-, y lo vendí, poco después de haberlo entrenado con crucetas y varas, en tres millones de pesos a un hijo del general Luis Ernesto Gilibert, a quien también compré de nuevo en cinco millones de pesos, para desarrollar de una vez por todas su vocación de saltarín".

Inscrito de manera oficial, bajo el nombre de Guly , este ejemplar tiene entre sus pergaminos el honor de haber participado en los preolímpicos de salto, salió campeón de la última prueba del Club Lindaraja, hace 15 días, y se entrena para repetir título, el próximo sábado, en el Club El Country.

Hoy, este caballo que calza el número más pequeño en herraduras (25), que hace cortar las correas de la cabezada, la rienda y el peto, para que el atalaje le quede bueno, que cuando lo suben al triller para transportarlo, parece un perro, comparado con el tamaño de los otros, que así de pequeño es el jefe de la manada, el que se cree dueño de Penélope, la yegua más apetecida del corral, y que le gana a caballos cotizados en 30 y 40 mil dólares, sería un buen semental, de no ser porque fue castrado.

FOTO/Fernando Ariza.

Con la monta de Gonzalo Guevara, Guly , que apenas tiene 1,50 metros de alzada, puede saltar 1,30 y hasta 1,40 metros en pista.

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