MARAS , EL TERROR DE CENTROAMÉRICA

MARAS , EL TERROR DE CENTROAMÉRICA

Dos pandillas nacidas en las calles de Los Angeles hace una década y que cuentan en sus filas cerca del tres por ciento de la población de Honduras, Guatemala y El Salvador, son responsables de innumerables crímenes y están provocando una dura respuesta oficial.

18 de enero 2004 , 12:00 a.m.

Dos pandillas nacidas en las calles de Los Angeles hace una década y que cuentan en sus filas cerca del tres por ciento de la población de Honduras, Guatemala y El Salvador, son responsables de innumerables crímenes y están provocando una dura respuesta oficial.

Las maras , como se las llama en Centroamérica, derivan ese nombre de una especie de hormigas agresivas. Reinan en sectores donde la presencia policial es mínima. Marcan sus zonas con símbolos distintivos, como banderas con pistolas y cruces al revés, e impiden a sangre y fuego toda invasión de su territorio. Y, en el más clásico de los esquemas extorsivos, ofrecen protección a comerciantes, transportadores y habitantes de esos sectores a cambio de dinero.

En Guatemala, las autoridades les atribuyen 200 de los 250 asesinatos de mujeres y adolescentes en el 2003. En Honduras, la Policía las señala como las principales responsables de los asaltos al comercio, del tráfico de drogas y armas en el país. Y en El Salvador, las acusan de extorsionar al transporte público y protagonizar monumentales balaceras, que, en el 2002, causaron la muerte a 82 mareros y a varios inocentes.

Según cifras del Ministerio de Seguridad y de la Policía Nacional Civil, en Honduras las pandillas aglutinan a unos 100.000 miembros (1,6 por ciento de la población), entre los 8 y los 35 años. En Guatemala, 200.000 jóvenes (1,8 por ciento de la población) han sido reclutados a la salida de las escuelas y en las calles, y en El Salvador, entre 30.000 y 50.000 menores de edad (0,7 por ciento de la población) están en sus filas.

Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo presentado a principios del 2003 en Tegucigalpa, sugiere a los gobiernos centroamericanos implementar políticas correctivas para minar el nocivo impacto de las maras .

Semanas después de presentado este informe un grupo de maras en Guatemala llegó a extremos de saña y violencia al decapitar y mutilar a dos adolescentes de 11 y 16 años. Casos similares se presentaron en Honduras y El Salvador.

Estos hechos llevaron a las autoridades de los tres países a poner en marcha operaciones estratégicas contra estos grupos que en Honduras se denominó Operación Libertad , en El Salvador, Mano Dura , y en Guatemala, Plan Escoba .

Los congresos de Honduras y El Salvador aprobaron en agosto y octubre, respectivamente, reformas al código penal (conocidas comoLey antimarasi ) que permiten la imposición de severas sanciones y penas a losmarerosi que cometan delitos (ver legislación). En Guatemala la ley se está discutiendo.

Las razones.

Según varios sociólogos centroamericanos lasmarasi surgieron a comienzos de los noventa como una subcultura trasladada de las pandillas de Los Angeles por salvadoreños que emigraron a E.U. durante la guerra en su país (1980-1992) y fueron luego deportados de regreso a El Salvador.

A comienzos de la década de los noventa, en San Salvador se establecieron las dos principales pandillas que dominaban barrios enteros de Los Angeles: la Mara Salvatrucha y la M 18. Estas a su vez trasladaron la rivalidad al territorio centroamericano y se volvieron pandillas internacionales que luego se afianzaron en Honduras y Guatemala. Se asociaron con bandas del crimen organizado y se convirtieron en pulpos cuyos tentáculos hoy no sólo controlan zonas enteras de Tegucigalpa, San Salvador y Guatemala, sino que se han extendido a las áreas rurales y prácticamente se les puede ver en todo el país.

La Mara Salvatrucha se formó para proteger a los salvadoreños de otras pandillas hispanas que vivían en un sector conocido comoel terrapléni en Los Angeles (E.U). Su fama de disciplinada y extremadamente violenta se extendió muy pronto en el área de California, y la pandilla logró ampliar sus tentáculos a varios estados del este, centro y sur de Estados Unidos. De allí pasó a Centroamérica, donde adquirió fuerza. Actualmente controla zonas en Honduras, Guatemala y El Salvador. También tiene contactos en Ecuador y México.

La M 18, cuyo nombre proviene de una calle de Los Angeles (18th street), fue formada en 1994 y 1995 por emigrantes mexicanos, pero con el paso del tiempo adoptó a otros hispanos, afros, e incluso asiáticos y anglosajones. Desde entonces sus miembros son cada día más. Recluta generalmente a la salida de las escuelas y en los barrios que domina.

Los investigadores concuerdan en que, si bien no se puede negar la influencia de los emigrantes retornados, hay factores locales, económicos y sociales, detrás de la implantación de lasmarasi en Centroamérica.

un conjunto de variables que inciden en un momento determinado, no hay una razón únicaexplicó a EL TIEMPO María Santacruz, investigadora del Instituto Universitario de Opinión Pública (Iudop), de la Universidad Centroamericana José Simeón de El Salvador.

A favor y en contra.

proliferación de las maras juveniles en Guatemala y en la región es un problema estructural de falta de oportunidades y de la crisis económica que se dio a partir de la baja en la cotización en el mercado internacional del café, que dejó sin trabajo a 250.000 familias. Eso agudizó el nivel de pobreza en la región, desintegró a muchas familias y llevó a los jóvenes a integrarse a las maras buscando sentido de pertenencia y algo de qué vivir sostiene Emilio Goubaud, de Aprede, una ONG que se dedica al trabajo con los pandilleros,.

Estas razones también llevan a los analistas a coincidir en que el tratamiento que los gobiernos están dando al problema no es el más adecuado.

Para la presidenta de la Corte Suprema de Justicia de Honduras, Vilma Morales,la aplicación de la Ley antimaras ha producido avances contra la delincuencia común, se debe buscar el equilibrio en la atención de los problemas financieros y económicos como complemento.

El presidente del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos de Honduras (Codeh), opina quemedidas tomadas por el Gobierno atacan el efecto y no la causa del problema porque el gobierno criminaliza la pobreza y la falta de educación y el desempleo.

Mientras que para la vicepresidenta del congreso guatemalteco, Zury Ríos,se logra nada con prohibir la existencia de las maras porque muchos de sus integrantes son menores de edad y son inimputables según la ley.

El presidente hondureño, Ricardo Maduro, quien ha encabezado los operativos de la llamada Operación Libertad protegido con un chaleco antibalas, justifica las medidas implementadas.la aplicación de la Ley antimaras , las muertes generadas por el enfrentamiento entre pandillas han pasado de 40 a 6 por semana. En la capital y otras ciudades del país se registra una reducción de entre el 25 y el 60 por ciento de los crímenes, ese es un avance y la muestra de que el endurecimiento de la legislación es un instrumento eficaz contra el flagelo de las marasafirmó hace poco.

En Guatemala el Plan Escoba ha permitido la captura de 400 pandilleros en todo el país, mientras que en El Salvador la operación Mano Dura respaldada por el 86 por ciento de la población (según una encuesta del Gobierno) ha puesto tras las rejas a 2.297 pandilleros.

Mientras los gobiernos celebran, Curru , un ex miembro de la Mara Salvatrucha aseguró a la AFP:agarrando a la gente que no es nada, y a los meros big man, a los que mandan en la mara , no los agarran. El crimen organizado -que abastece a las dos pandillas de cargamentos de cocaína para su consumo y para ser distribuida, así como de armas y vehículos- está formado por los grandes, pero qué pasa con ellos?.

-LEGISLACION.

La ley antimaras endurece las penas contra éstos en Guatemala, Honduras y El Salvador.

En Guatemala el proyecto que se discute en el Congreso y en Honduras la nueva ley imponen de 6 a 12 años de prisión a quienes pertenezcan a las pandillas y cometan delitos como extorsión, amenaza, daño en bien ajeno o cualquier otro delito en contra de la población. También se establecen multas de hasta 120.000 dólares a los cabecillas de maras o de grupos que se asocien para delinquir.

En El Salvador, el 11 de octubre del año pasado entró en vigencia la ley antimaras que permite juzgar como adultos a los menores que hagan parte de las pandillas y sean capturados cometiendo delitos contra bien ajeno. Las penas para estos van de 2 a 6 seis años de prisión. Para los cabecillas la condena llega hasta 12 años de prisión y las multas a 10.000 dólares.

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