FALSA DEMOCRATIZACIÓN

FALSA DEMOCRATIZACIÓN

Sería absurdo vender la Empresa de Teléfonos de Bogotá a unos pocos ciudadanos a un precio inferior al del mercado. La administración Garzón está evaluando esta posibilidad -que deberían investigar las entidades de control. Entre los comisionistas de bolsa interesados en el negocio y funcionarios de la Alcaldía de Garzón, han querido convencer a la ciudadanía de que no importa vender barato, porque se trata de procesos de democratización de la propiedad. Pero la democratización de la ETB es un disfraz para describir la compra de la empresa por parte de ciudadanos de ingresos medios y altos. Porque obviamente no son los ciudadanos de estratos uno y dos, el 37 por ciento de la población y seguramente muy pocos del estrato 3, el 35 por ciento de la población de la ciudad, los que compran las acciones. De modo que en el mejor de los casos sólo el 28 por ciento más rico de la población se beneficia de la compra de acciones a precios subsidiados.

26 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Sería absurdo vender la Empresa de Teléfonos de Bogotá a unos pocos ciudadanos a un precio inferior al del mercado. La administración Garzón está evaluando esta posibilidad -que deberían investigar las entidades de control. Entre los comisionistas de bolsa interesados en el negocio y funcionarios de la Alcaldía de Garzón, han querido convencer a la ciudadanía de que no importa vender barato, porque se trata de procesos de "democratización" de la propiedad. Pero la democratización de la ETB es un disfraz para describir la compra de la empresa por parte de ciudadanos de ingresos medios y altos. Porque obviamente no son los ciudadanos de estratos uno y dos, el 37 por ciento de la población y seguramente muy pocos del estrato 3, el 35 por ciento de la población de la ciudad, los que compran las acciones. De modo que en el mejor de los casos sólo el 28 por ciento más rico de la población se beneficia de la compra de acciones a precios subsidiados.

Sería difícil establecer el porcentaje real, por los casos de compra mediante testaferros. Pero seguramente la concentración de la propiedad en manos de ciudadanos pertenecientes al 5 por ciento de mayores ingresos es muy alta.

La empresa pertenece a todos los bogotanos por igual, incluso a los más pobres. Si un ciudadano pobre es dueño de una vaca que vale 100 pesos y un padrino que le administra la vaca la vende a un amigo por 50 pesos, está robando al dueño de la vaca. La obligación de quien vende acciones que son propiedad de todos los bogotanos es vender al precio más alto posible, sin importar quién sea el comprador; así este sea internacional. Por supuesto los corredores de bolsa interesados en su negocio prefieren las "democratizaciones", que no son otra cosa que vender barato lo que pertenece a los pobres, a unos ciudadanos de ingresos más altos, y en la mayoría de los casos, mucho más altos.

En la administración Peñalosa, con base en lo definido por los banqueros internacionales de inversión que contrataron para el efecto, se fijó un valor de la empresa de 1.420 millones de dólares. En el gobierno de Mockus se vendió el 10 por ciento de la empresa por un valor inferior a ese (800 dólares), sin que existiese argumento alguno que justificara la desvalorización. Y ahora, Garzón explora la posibilidad de vender a precio de ganga, tan sólo para conseguir recursos para su desfinanciado Plan de Desarrollo.

Anteriormente se había considerado que lo más conveniente para la ciudad era la vinculación mayoritaria a la ETB de un socio estratégico de calibre mundial, con capacidad financiera y tecnológica para mejorar el servicio. Es necesario conocer los argumentos que llevaron a sustituir esta estrategia por la de la "democratización" subsidiada por todos los bogotanos. Sería conveniente conocer la valoración actual -hecha por una firma internacional experta- de lo que podría ser el precio de la ETB para un inversionista estratégico de talla mundial.

La administración distrital no puede seguir entregando el patrimonio de todos los bogotanos a precios inferiores a los del mercado, con base en la ficción de la "democratización". Aunque es por supuesto deseable que haya muchos pequeños accionistas en el mercado colombiano de capitales, este propósito no puede lograrse por cuenta de lo que no pertenece a las administraciones distritales de turno, sino a todos y cada uno de los bogotanos. La manera de conseguir recursos para la inversión en nuestra ciudad es a través de impuestos y de una administración eficiente. Aunque este camino sea menos popular, es más responsable.

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