EL CACIQUE , 6 MESES DESPUÉS

EL CACIQUE , 6 MESES DESPUÉS

Una de las pruebas de fuego para el proceso de reincorporación de 868 miembros de las autodefensas en Medellín se dio el pasado 25 de abril. Ese día se eligieron los dignatarios de 418 juntas de acción comunal de la ciudad.

28 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Una de las pruebas de fuego para el proceso de reincorporación de 868 miembros de las autodefensas en Medellín se dio el pasado 25 de abril. Ese día se eligieron los dignatarios de 418 juntas de acción comunal de la ciudad.

Aunque los ex paras -que protagonizaron la primera desmovilización de autodefensas el 25 de noviembre del 2003- se niegan a revelar sus cartas, dejan entrever que en dichas elecciones lograron victorias rotundas.

"No tenemos estadísticas, pero le puedo decir que así como sacamos el 90 por ciento en una localidad o el 30 por ciento en otra, también en algunas nos barrieron", dice Jovani Marín, quien figuró como uno de los comandantes del Bloque Cacique Nutibara de las Autodefensas y ahora es el director de la Corporación Democracia, creada por los desmovilizados para coordinar su reinserción.

Miguel Restrepo, encargado del tema de las juntas en la Alcaldía, ratifica esa apreciación. "Aún no tenemos estadísticas, pero es un hecho que en la Comuna 8 los reincorporados tuvieron una presencia casi total".

Los siete voceros que lideran el grupo de desmovilizados tienen muy claro que en el terreno político se juegan su supervivencia y sus intenciones de convertirse en un grupo de poder en la ciudad. "La ganancia política la tenemos desde que éramos Bloque. No podemos perder la base social que construimos y que es la que blinda este proceso", argumenta Marín.

El propósito no es de poca monta si se tiene en cuenta que la Corporación Democracia cuenta con muchachos en 10 de las 16 comunas de la ciudad y tiene el ojo puesto en el Concejo. Ya, por ejemplo, hicieron el cálculo de que pueden pelear 4 de las 21 curules, porque las demás tienen un electorado "escriturado".

Luna de miel?.

Pero ese -el político- es apenas uno de los varios capítulos que se han escrito en los seis meses transcurridos desde que entregaron sus armas.

El proceso está planteado, entre otras, como el conejillo de indias sobre el cual se experimenta para la desmovilización de los 20.000 hombres que aseguran tener las Autodefensas Unidas de Colombia.

Tras cuatro primeros meses críticos -por el cambio de administración y los problemas para desembolsar recursos-, los desmovilizados y el director del Programa de Paz y Reconciliación de Medellín, Gustavo Villegas, parecen estar ahora en una especie de luna de miel.

A la Alcaldía le ha tocado echarse al hombro la mayor parte del proceso. Ha destinado para este año 6.000 millones de pesos -el Gobierno nacional aporta 2.000 millones- y en vista de que la empresa privada no abrió puestos de trabajo, la administración local optó por meterse la mano al bolsillo y, a falta de empleo, ofrecerles actividad remunerada y capacitación.

El reporte de mediados de mayo indica que 762 reincorporados (un 90 por ciento) están asignados a entes gubernamentales, en tareas que van desde limpiar las quebradas o los escombros de las calles, hasta servir como vigías de parques o museos.

Y en lo que a estudio se refiere ya hay matriculados en primaria (18), en bachillerato (52), en el Sena (275), en universidades (91) y en un diplomado de liderazgo y reconciliación.

Donde más se han dado fricciones es en el aspecto jurídico. Y es por eso por lo que el estado mayor negociador de los paramilitares decía a EL TIEMPO que el proceso de Medellín era "un fiasco".

Con su habilidad para construir frases, el jefe paramilitar Ernesto Báez decía que lo de Medellín era "la más grande operación de autosapeo de la historia". Porque, según él, los muchachos contaron todos sus antecedentes a cambio de un auto inhibitorio, "es decir, que hoy no los investigan pero mañana sí".

Todo parece indicar que los paras no cayeron en cuenta de que la ley 782 -la que permite la desmovilización- lo único que les garantiza es inmunidad temporal por el delito de concierto para delinquir y deja a criterio de los fiscales decidir su conexidad con otros delitos.

El saldo, hasta ahora, está en rojo para ellos. Al cierre de la semana pasada, el balance era de 21 detenidos -3 condenados- y 265 investigados, sindicados por delitos como hurto u homicidio agravado, la mayoría cometidos antes de la desmovilización.

Por ahora, lo único claro es que los paramilitares concentrados en Santa Fé de Ralito exigirán que se solucione ese cuello de botella jurídico para una eventual desmovilización en todo el país.

Seguridad en la mira.

Si el político es el capítulo donde han tenido nuevos logros, el de capacitación el más avanzado y el jurídico el problema más evidente, la seguridad resulta ser el tema más ambiguo.

Medellín tiene unos de los más bajos índices de criminalidad de los últimos años, pero no es claro hasta qué punto tiene que ver con la desmovilización de los paras y sobre todo, qué tanto depende su sostenibilidad del éxito del proceso.

Tras muchos años de ser la triste campeona en tasa de homicidios del país, se dio una caída dramática: de 1.141 asesinatos en el primer trimestre del 2002, pasó a 815 en el mismo periodo del 2003 y a 395 en el del 2004.

Aunque se observaba una tendencia a la baja cuando los paramilitares estaban activos -se redujeron las muertes violentas en 28,5 por ciento entre el 2002 y el 2003-, es protuberante la disminución de 51,5 por ciento, entre el 2003 -cuando estaban en guerra- y el 2004 -ya en proceso de paz-.

Los ex paras se atribuyen buena parte del logro. "Nosotros entregamos una Medellín con los más bajos índices. Regulamos bandas y combos, que sumaban más de 600. Hicimos retroceder a la guerrilla y el solo hecho de no dejar matar a un muchacho más que porque fuma marihuana, como lo hacían las milicias, baja las estadísticas", dice la Corporación Democracia.

Para otros, como el analista Alfredo Rangel, la merma se debe, en parte, al fin de las confrontaciones.

Ahora esa "calma" se ha visto amenazada por nuevos brotes de grupos armados en la ciudad. De acuerdo con Jovani Marín, en abril, tres comandos de 10 hombres con fusiles irrumpieron en el barrio Santo Domingo y el fin de semana del 16 de mayo, se enfrentaron Ejército y Farc en el barrio San Blas.

También, confirman autoridades, el frente José Luis Zuluaga de las autodefensas del Magdalena Medio está incursionando en la Comuna 13, sectores del desaparecido Bloque Metro de los paramilitares tratan de reorganizarse en Santa Cruz, y tres de las bandas legendarias de la ciudad (la de los Triana, la Terraza y la de Frank) están rearticulándose. De acuerdo con un estudio de la Alcaldía, en Medellín hay hoy 10 bandas, 201 combos y 5 grupos de milicias.

Tocará entonces esperar la reacción de las autoridades -o de los mismos ex paras - ante estos nuevos fenómenos para ver qué tan sólido es el impacto del proceso sobre la seguridad de la ciudad.

Sigue el control?.

Tras recorrer barrios en donde el Bloque Cacique Nutibara ejerció dominio territorial, se percibe todavía cierto control sobre las comunidades. Se mantienen prácticas de la época paramilitar, como las llamadas zonas de despeje , es decir, sitios donde es permitido fumar marihuana. Se dan casos como el de un grupo de desmovilizados que, según cuenta un funcionario, sorprendió a varios jóvenes haciendo algo indebido y los obligaron a pintar la escuela.

En otro sector de la ciudad, para citar un último ejemplo, dos muchachos con radio de comunicaciones en mano pretendieron suspender una jornada de cine infantil al aire libre porque supuestamente se estaba ocupando la vía pública.

Gustavo Villegas explica que los desmovilizados "han creado redes de alertas tempranas" en los barrios, una especie de mecanismos de comunicación para advertir "problemas".

No deja de ser significativo que, en los próximos días, 70 ex paras llevarán casi de la mano a 70 policías comunitarios a los callejones y lomas que ellos dominaron o dominan para que se ganen la confianza de la gente.

Para los voceros de la Corporación Democracia todo tiene que ver con el aprecio que ellos se han ganado de la comunidad. Pero, para algunas organizaciones, lo que existe es una mezcla del temor de la gente ante un grupo que demostró su fuerza y que ahora trata de imponer sus esquemas.

Juan Carlos Tabares, director de la corporación Picacho con Futuro, fundada hace 10 años, y quien ha visto como en su barrio primero reinaron los combos, luego las milicias y después la poderosa banda de Frank, que fue abatida por los paras , tiene su propia interpretación. "A comienzos de los 90 y hasta el 95 los milicianos protegían el barrio, y ya después robaban y mataban. Después llegó Frank. Y luego los paras . Cada vez el grupo que llega, llega con la misma lógica. Vamos a ver qué pasa a la vuelta de cuatro años", analiza.

A los desmovilizados les preocupa, precisamente, saber que va a pasar en 12 o 18 meses cuando dejen de recibir los beneficios. En un año, habrá que hacer un nuevo corte de cuentas y tal vez podrá saberse si con este proceso se logra quebrar el destino trágico de las otras dos desmovilizaciones de grupos armados en los años 90 en Medellín.

FOTO/Edgar Domínguez EL TIEMPO.

Los paras desmovilizados trabajan, entre otros, en limpieza de quebradas. Otros retiran escombros de las calles, atienden público en museos y parques o trabajan en dependencias de la Alcaldía.

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