NO PERJUDICAR LAS REMESAS

NO PERJUDICAR LAS REMESAS

Que las remesas son importantes para los países latinoamericanos, lo confirman las siguientes cifras reveladas en la pasada Asamblea del BID, en Lima: en el año 2003 los trabajadores de la región, que emigraron en busca de una mejor vida, enviaron a sus países 38.000 millones de dólares; la suma mencionada superó a la de la inversión extranjera directa y a la de la asistencia oficial foránea, como fuente de capital; el país más importante es Estados Unidos, pues de allí salieron 30 de los 38 mil millones; el BID calcula que en la próxima década las remesas alcanzarán la abultada cifra de 450.000 millones de dólares.

12 de abril 2004 , 12:00 a.m.

Que las remesas son importantes para los países latinoamericanos, lo confirman las siguientes cifras reveladas en la pasada Asamblea del BID, en Lima: en el año 2003 los trabajadores de la región, que emigraron en busca de una mejor vida, enviaron a sus países 38.000 millones de dólares; la suma mencionada superó a la de la inversión extranjera directa y a la de la asistencia oficial foránea, como fuente de capital; el país más importante es Estados Unidos, pues de allí salieron 30 de los 38 mil millones; el BID calcula que en la próxima década las remesas alcanzarán la abultada cifra de 450.000 millones de dólares.

Las remesas, entonces, ya merecen ocupar lugar preponderante en la elaboración y aplicación de la política económica de los países.

Esa es la importancia económica, pero también debe considerarse su efecto social. La gran mayoría de emigrantes a los países industrializados, son personas que desempeñan oficios que se consideran bajos en la escala de la oferta laboral. Pero de eso viven con enormes sacrificios y se las ingenian para enviar parte de sus ingresos, que no son muchos, a sus familias, para que éstas puedan vivir y satisfacer necesidades fundamentales como la salud, el estudio, la alimentación y la vivienda. Para millones de latinoamericanos las remesas se convierten en recursos de subsistencia. Por eso merecen también ocupar un lugar en la política social de los países.

En Colombia las remesas son también vitales para muchos compatriotas. Han venido creciendo y estimaciones de Fedesarrollo las sitúan a final del año en 3410 millones de dólares, con lo que estarán por encima de los ingresos por petróleo y café. No son pues para la economía nacional un asunto de menor cuantía y menos para quienes las reciben. Por eso el ruido que se está haciendo sobre ellas y la sindicación de que son un vehículo del narcotráfico para lavar sus sucios ingresos, es muy inconveniente. Colocarles el estigma de que son recursos de las mafias, es condenar a mucha gente inocente, buena y trabajadora, a que se quede sin parte de sus ingresos para vivir. A las remesas no se las puede narcotizar sin que existan pruebas contundentes de que la gran mayoría de ellas, algo en que yo no creo, son utilizadas para lavar dinero de la droga. Ahí no está la fortuna de las mafias, como tampoco está la explicación de la revaluación de nuestra moneda. Ojo con irnos a equivocar en este asunto!.

Lo que se debe hacer es mejorar, para quienes las reciben, la rentabilidad de las mismas, disminuyéndoles los costos de transacción, lo que puede a su vez lograrse si el sistema financiero participa de lleno en el proceso y ofrece cuentas de ahorro, créditos y servicios. Las remesas son una oportunidad para trabajar por un sector de la población que ha estado abandonado y olvidado. Además y eso se dijo en el BID, es necesario mejorar la transparencia de la operación, promover competencia y precios justos y aplicar tecnologías adecuadas. Ojalá los banqueros tuvieran una visión diferente a la que han tenido.

No menos importante es la recomendación que se hizo en Lima a los organismos públicos, consistente en no perjudicar las remesas, en favorecerlas, en evitar gravarlas con impuestos y regularlas en exceso y en actuar en contra del flujo de las mismas. Situación absurda en la que podemos caer los colombianos si seguimos culpándolas sin fundamento.

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