EL ARTE DEL COMBATE

EL ARTE DEL COMBATE

Impera el silencio. Frente a él hay seis baldosas, en llamas. Invoca la sabiduría que domina los templos Shaolin, en el lejano Oriente. Y luego, un grito, al tiempo que rompe la pequeña construcción de cemento con un solo golpe de su cabeza.

28 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Impera el silencio. Frente a él hay seis baldosas, en llamas. Invoca la sabiduría que domina los templos Shaolin, en el lejano Oriente. Y luego, un grito, al tiempo que rompe la pequeña construcción de cemento con un solo golpe de su cabeza.

"No es magia", afirma, al terminar la demostración, el cinturón negro, IV Dan, José Pulido.

Este suceso, al igual que doblar cucharas, levitar o permanecer sin movimiento durante horas son considerados por algunos como fenómenos paranormales, como actos de la más pura hechicería o como un mito.

La realidad es que son producto de la observación y de una ecuación de tres factores: concentración, respiración y budismo; fórmula que dominan los practicantes del Hap Ki Do, disciplina creada en tiempos del emperador Young Soul Che (1902-1984) para la defensa personal de los soldados de las fuerzas armadas del ejército coreano.

"La práctica de la respiración y la concentración permite conducir el Qi (energía) a un lugar determinado y, en este caso, formar un escudo en la cabeza. Este es el que permite el rompimiento, protegiendo la identidad", dice el discípulo José Pulido.

Según él este arte marcial, que significa el camino de la acumulación de la energía, enseña a fijar la mente en un punto determinado del cuerpo (meditación), tener el dominio para mantenerla en ese lugar (concentración) y proyectar la energía para actuar, no solo en el combate sino en la vida misma (budismo).

Pulido, aprendiz del maestro Nam Kyuvak, dirige clases personalizadas de Hap Ki Do de una hora y 30 minutos. Estas comienzan con una fase de calentamiento de articulaciones y de extremidades superiores, fortalecimiento abdominal y elasticidad.

Continúan con la parte técnica, que depende del grado del alumno: cinturón blanco, amarillo, azul, rojo y negro. Independiente de los conocimientos adquiridos por el estudiante, en esta etapa se invocan ejercicios de otras artes marciales de oriente.

Los movimientos de las extremidades inferiores son influencia del Tae wondo, las técnicas de defensa personal en piso, las que proclama el Judo, y en lo referente a las articulaciones, las que enseña el Aikido.

Pero las patadas, los puños, los ganchos son circulares. "En vez de oponer resistencia ante un golpe o una patada, el practicante intenta desviarla. Así la inercia se convierte en un arma a su favor", afirma Pulido.

Otros instrumentos para derribar al contrincante son el bastón largo, los nun chakus, el bastón corto, el pañuelo, el látigo y la espada.

La clase termina con reflexiones que le enseñan a los estudiantes a ser inteligentes y responsables de sus comportamientos. "Ellos pueden convertirse en un arma, que jamás deben usar. Si utilizan mal sus conocimientos marciales las infalibles leyes de la naturaleza se la van a cobrar. Al fin y al cabo, si hay algo certero en la vida, es que la ley de la compensación existe", dice Pulido.

Hap Ki Do. Clases personalizadas maestro José Pulido. Teléfono 3107701722.

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