QUÉ LES ENSEÑAN

QUÉ LES ENSEÑAN

Esta semana se firma en Washington el Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos y Centro América, y la ciudad se está preparando para las manifestaciones y disturbios que se anticipan con motivo de este acto que se va a celebrar en la sede de la OEA. Uno se puede imaginar que van a estar presentes los grupos habituales: los sindicalistas de los Estados Unidos estarán ahí protestando por los puestos que se van a crear en los países centroamericanos; y los sindicalistas de esos mismo países centroamericanos va a secundarlos.

28 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Esta semana se firma en Washington el Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos y Centro América, y la ciudad se está preparando para las manifestaciones y disturbios que se anticipan con motivo de este acto que se va a celebrar en la sede de la OEA. Uno se puede imaginar que van a estar presentes los grupos habituales: los sindicalistas de los Estados Unidos estarán ahí protestando por los puestos que se van a crear en los países centroamericanos; y los sindicalistas de esos mismo países centroamericanos va a secundarlos.

Seguramente llegaron con pasaje pagado por la AFL-CIO y no quieren darse cuenta de que la solidaridad sindical va en estos casos en contravía de los intereses de los trabajadores de la región, porque lo que los sindicatos gringos persiguen es que los productos manufacturados que provienen de Centro América no se importen a los Estados Unidos, o entren con elevados aranceles. Estarán, como en otras ocasiones, los grupos de radicales opuestos a la globalización por diversas razones -por ser enemigos del progreso, porque creen que defienden el medio ambiente, porque se oponen al capitalismo y a las transnacionales o porque simplemente ven globalización y embisten-.

También habrá políticos de Centro América, que posiblemente van a lanzarse contra los escudos de la policía para aparecer como héroes de sus movimientos. Y van a asistir estudiantes latinoamericanos de las universidades del área a defender consignas que de ponerse en práctica harán más difícil su regreso a los países de origen. Los cientos de miles de salvadoreños que viven en el área metropolitana de Washington tendrán que asombrarse de que haya compatriotas suyos que se oponen al comercio entre su país y los Estados Unidos. Superando obstáculos gigantes, han progresado individualmente y colectivamente en los Estados Unidos y entienden las ventajas de un mercado libre, pues les ha permitido salir de la miseria y crear un futuro seguro para sus hijos.

La semana pasada se vivió algo parecido en Cartagena. Fuera de los políticos que quieren sacar tajada de ese tipo de eventos para lucirse, muchos manifestantes protestaron a favor de lo que no les conviene. La representante de una ONG feminista se quejaba de lo que el TLC significaba para las mujeres. Se le explicó que el TLC seguramente va a crear muchísimo empleo femenino para mujeres con baja calificación laboral y que el tratado va a apuntalar la igualdad de géneros en términos laborales. Con un gesto de desprecio, replicó que los puestos que se van a crear con el TLC van a ser de maquila . La distinguida economista Joan Robinson, no precisamente un adalid del capitalismo, decía con mucha gracia que hay algo peor que ser explotado: no serlo. No hay duda de que para una mujer es mejor trabajar en una empresa de confección a destajo que estar por ahí en un semáforo con el hijo cargado a ver qué resulta.

Los estudiantes que participan en estas manifestaciones y protestan contra la protección de la propiedad intelectual deben ser víctimas de ideologías que no tienen mucho que ver con sus posibilidades y con su futuro. Qué les estarán enseñando que no ven las oportunidades? El profesor Carlos Alberto Cobos, de Popayán, y los estudiantes que le colaboraron para concebir el software que Microsoft seleccionó para representar a la región andina en un concurso mundial seguramente se van a beneficiar de las reglas de respeto a la propiedad intelectual que se buscan con el TLC.

Aquí también inventamos cosas, doctora Piedad Córdoba. Hasta en Popayán, que es tan tradicionalista, hay inventores. En el Amazonas, las culturas indígenas han inventado usos medicinales de plantas autóctonas que les piratean los antropólogos y biólogos extranjeros. A ellos hay que protegerlos también. Hay que protestar por la injusticia, por la pobreza, por el subdesarrollo, por los derechos humanos, no por lo que ofrece una ventana de oportunidad para salir de pobres.

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