DEL LIBRE DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD

DEL LIBRE DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD

Dentro de la constelación de luminarias de la ciencia médica en los Estados Unidos, emergió con la luz propia de una nova rutilante el doctor Spock. Sus teorías sobre la educación de los niños, promulgadas como verdades absolutas que la crédula sociedad norteamericana aceptó como tales, giraban alrededor de lo que la inefable Constitución de 1991 entre nosotros estableció como el libre desarrollo de la personalidad, y la honorable Corte Constitucional, creada para dar desarrollo jurídico a la Carta Magna, viene convirtiendo en doctrina incontrovertible, no importa cuáles sean el alcance y el daño que de ello se deriven.

28 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Dentro de la constelación de luminarias de la ciencia médica en los Estados Unidos, emergió con la luz propia de una nova rutilante el doctor Spock. Sus teorías sobre la educación de los niños, promulgadas como verdades absolutas que la crédula sociedad norteamericana aceptó como tales, giraban alrededor de lo que la inefable Constitución de 1991 entre nosotros estableció como el libre desarrollo de la personalidad, y la honorable Corte Constitucional, creada para dar desarrollo jurídico a la Carta Magna, viene convirtiendo en doctrina incontrovertible, no importa cuáles sean el alcance y el daño que de ello se deriven.

La teoría Spock, aceptada y puesta en vigencia por los padres de familia, comenzó con el decenio de los cincuenta a inundar con su sabiduría los hogares estadounidenses. Al niño no se le podía contrariar en nada, so pena de causar traumatismos sicológicos profundos. En cada gesto, cada ademán, cada acto, se veía la proyección del niño hacia el futuro. Pegarle al hermanito menor se convertía para los alelados padres de familia en el pronóstico de una actitud vencedora. Arremeter con alguna herramienta contra el televisor, configuraba un talento mecánico en potencia.

Menos de dos decenios más tarde, la infancia Spock ya adulta fue la juventud turbulenta, vestida de harapos, sucia, desgreñada, inconforme, iconoclasta, que embestía contra todo sin proponer nada. Contagiando, de paso, con un hipismo promiscuo e irreverente, otras sociedades endebles, sin talante propio, en parte producto de la teoría Spock, copiada al pie de la letra por quienes creyeron que esa imitación servil conduciría a la Gran Sociedad que el presidente Johnson pregonaba como objetivo y aspiración máxima del pueblo norteamericano.

Las universidades comenzaron a sufrir el vandalismo y las depredaciones de los rebeldes sin causa, y las familias, fibra poderosa de la sociedad norteamericana, a deshacerse. Los niños terribles de ayer arrasaban hoy con valores desuetos, desconocían cualquier noción de disciplina, desafiaban a sus maestros y a la misma autoridad. Imposible olvidar la universidad de Massachusetts, donde un camión cargado de explosivo fue lanzado contra un laboratorio de química que había costado millones de dólares y apenas se estrenaba, reduciéndolo a escombros.

La marihuana primero, las drogas heroicas más tarde, fueron penetrando sin resistencia válida en miles de muchachos que habían desarrollado su personalidad sin influencia formativa alguna, ni respeto por los valores ancestrales que hicieron grande a su nación. Spock, que esperaba resultados grandiosos de su teoría, ante la realidad de la generación desastrada, se quitó la vida. Si, según Rosseau, el ser humano nace bueno y la sociedad lo corrompe, hagamos una sociedad mejor pero no ayudemos a deteriorarlo.

La Constitución del 91, obsesiva por los derechos y permisiva con los deberes, establece en su artículo 16: Todas las personas tienen derecho al libre desarrollo de la personalidad, sin más limitaciones que las que imponen los derechos de los demás y el orden jurídico . La amplitud del texto no puede dar a ese desarrollo de la personalidad carácter absoluto. Qué es el orden jurídico cuyo limitante se reconoce? El que se deriva de la Constitución, y se expresa en la ley, los decretos y la normatividad jurídica. Pero también de los reglamentos que las instituciones particulares y del Estado se den para su régimen interno y el logro de sus legítimos objetivos. El otro limitante impuesto por el artículo 16, el de los derechos, cubre no solo al individuo sino, con mayor acento, a los organismos creados por la sociedad para su desarrollo armónico y el logro del bien común que la Carta consagra en su artículo primero como principio: la prevalencia del interés general .

La providencia que abre el camino a la conversión de los cuarteles en poco menos que lupanares, comentada en Clepsidra (14 de mayo/04), es la interpretación desbordada del libre desarrollo de la personalidad. De aplicarse con el alcance absoluto que le da la Corte, al permitir llevar a los cuarteles a todo tipo de damiselas y realizar actos sexuales en los sitios donde habitualmente ejercen su labor los militares , aplica la teoría Spock a la milicia. Sin miramientos por la dignidad institucional y el debido respeto a los templos de la patria que son nuestros cuarteles.

De seguir así, la disciplina misma desaparece. La diana que obliga a levantarse y pasar por una ducha helada antes del amanecer, violentará el libre desarrollo de la personalidad de los aún imberbes Spock criollos. En palabras del ex magistrado de la misma Corte, doctor José Gregorio Hernández, siempre inclinado a respaldar fallos y sentencias de su antigua sede, ante la absurda providencia declaró en su Momento Jurídico por Radio Melodía que ella merece banderillas negras .

Si la Corte abre audiencias públicas para temas de interés social, no debería hacerlo también para materias vitales de orden castrense, sobre las cuales demuestra tan lamentable desconocimiento? Creemos que sí. Y lo proponemos con vehemencia.

alvatov2@yahoo.com

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