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LA CONVENCIÓN EN VIENA

LA CONVENCIÓN EN VIENA

Aunque no se crea, los ojos de media Europa seguían con más interés del que uno se imagina, la suerte que correría en Colombia la convención sobre el narcotráfico. La respuesta que da el país no va a convencer a nadie porque las reservas con que se aprobó en nuestro Congreso hacen irrisoria la suerte del convenio internacional en que estábamos nosotros más comprometidos que ninguna otra nación. Lo que preocupa a los países que comienzan a ser inundados por la cocaína colombiana, es el establecimiento de una norma internacional que supla la incapacidad en que están en el Viejo Continente aún los Estados más fuertes para defenderse del negocio de los carteles de Medellín y Cali. La nueva Constitución colombiana, dictada bajo la presión de esos carteles, tiene el insólito artículo de establecer un privilegio que le impide al gobierno entregar a un delincuente de origen colombiano que se refugie en Colombia para eludir la justicia internacional. Con este artículo Colombia prácticamente

Las declaraciones de la prensa francesa dicen que Francia no está en condiciones de enfrentarse a Pablo Escobar. Dan los números exactos del personal de que disponen para controlar el contrabando de cocaína colombiana, para mostrar que el director del cartel de Medellín dispone de un personal que Francia no tiene cómo contrarrestar. Lo mismo me decía un jefe de la Democracia Cristiana para el caso de Italia.

El Congreso y sus declaraciones proclaman la primacía del orden constitucional colombiano y la aplicación de nuestro sistema penal con prevalencia sobre disposiciones de la Convención y unas cuantas cosas más, que se desprenden de las declaraciones del mismo Presidente de que en Colombia se aplicará el rigor de nuestra justicia, como si en esa materia nos asistiera cómo durante el tiempo en que Pablo Escobar estuvo en la cárcel de Envigado, pudo ordenar su negocio de cocaína con tal maestría que se duplicó la exportación de contrabando registrada en las aduanas del país.

Ni el Senado ni la Cámara muestran el más remoto propósito de enmienda y siguen campantes exhibiendo ante el mundo la Constitución del año 91, que defiende los intereses de los narcotraficantes, como ellos lo pidieron a la Constituyente.

No tengo ni idea de quién será la persona que represente a Colombia en la Conferencia que se realizará el mes próximo y que se espera inaugure una política nueva en materia de drogas. La voz de Colombia será oída en Europa con interés especial. Qué podrá decir nuestra ingeniosa y bella ministra encargada de las Relaciones Internacionales para explicar la nueva Constitución o en qué forma se produjo el artículo de la extradición y de qué elementos extraordinarios goza la policía colombiana para dominar a los carteles?

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