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EN EL III ENCUENTRO NACIONAL EXTERNADISTA

EN EL III ENCUENTRO NACIONAL EXTERNADISTA

En el curso de este emocionante e interesantísimo III Encuentro Nacional Externadista, orientado a la promoción y formación educativa del ciudadano ideal para el siglo XXI, se han oído planteamientos y conceptos de tal trascendencia que llevan al convencimiento de que nuestra Universidad no se detiene en la tarea educacional de la juventud, que con tanto éxito en cantidad y calidad crecientes se ha impuesto desde el año de 1886, primero bajo la dirección de Santiago Pérez, Diego Mendoza Pérez, Ricardo Hinestrosa Daza y, durante los últimos 30 años bajo la fructífera y brillante rectoría de Fernando Hinestrosa Forero. Está muy bien todo lo que se diga y se logre realizar en materia de preparación de la persona humana y mejoramiento de sus condiciones de vida, para que pueda afrontar con éxito los retos del próximo siglo. Todo ello pertenece no sólo al concepto de lo necesario sino de lo irrenunciable. Pero existe otro factor, el ambiente nacional, quizás más importante que el anterio

En los últimos 30 años en el territorio nacional son cientos de miles las personas que han tenido que renunciar a seguir atendiendo sus propiedades rurales, con la natural consecuencia de tener que enajenarlas a menos precio por el caso de las mal llamadas guerrillas, que no son otra cosa que negocios muy productivos en los cuales no se necesita capital sino la colaboración de un número variable de personas de ambos sexos, en parte obligadas y en parte seducidas por el señuelo de los dineros mal habidos. Todas esas gentes han tenido que refugiarse en pequeñas y grandes ciudades, agravando los problemas inherentes a la aglomeración urbana y colocando a la agricultura, la ganadería, la avicultura, la minería, etc., en un proceso de disminución permanente, como a todo el mundo le consta.

Con todo, a lo largo y ancho de nuestra patria de advierten hoy señales elocuentes de crecimiento y modernización de las industrias urbanas, de robustecimiento de la economía nacional auspiciado por las medidas oficiales y principalmente por la apertura hacia el exterior, de aumento de las utilidades de las empresas de todo orden, de reorganización y modernización del gremio de los comerciantes, que acaba de crear su Fundación Técnica , tendiente al aumento de las exportaciones, de preocupación unificada del Gobierno y el Congreso por dotar al Estado de una legislación que le suministre los instrumentos que con tanta urgencia necesita, de los logros alcanzados por el Ejército y la Policía en su desigual lucha contra la delincuencia organizada, y lo que es mejor, un notorio incremento del éxito de la Rama Judicial en la lucha contra la violencia en general y contra la corrupción administrativa en particular, que le está devolviendo a la opinión pública su confianza y su fe en los encargados de administrar justicia.

Todo ello es un buen síntoma de la preparación de los sectores oficial y particular con miras al siglo XXI. Pero no es suficiente, pues el país no puede dejar abandonado a su triste suerte el campo colombiano, y menos ahora cuando al lado de la anormalidad e inseguridad de que se ha venido hablando, se presentan las quejas de los productores del agro en el sentido de que están siendo llevados a la ruina por la competencia desleal de los productores extranjeros subsidiados. Se impone, pues, revisar de inmediato la política de apertura por lo que hace a la importación de determinados productos.

Y si el Estado no logra en un plazo máximo de dos o tres años resolver el problema de orden público, con armisticio guerrillero o sin él, se verá abocado a promover una reforma constitucional que permita mediante una ley sancionar con pena de muerte y pérdida de los bienes de los delincuentes en los casos de los delitos atroces y de tipo económico cometidos por los secuestradores, narcoterroristas y saqueadores del tesoro público.

En la maltrecha y atemorizada sociedad de hoy lo único que amedrenta a los protagonistas de la delincuencia organizada es la pérdida de la vida y de los bienes. La pérdida de la libertad ya ha pasado a un plano muy secundario, pues de la cárcel se puede salir por indulto o rebaja de penas o por la amplia vía de la fuga de presos, de la cual es un ejemplo elocuente la cárcel de máxima seguridad construida para Pablo Escobar.

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