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CUBA: EL HAMBRE, EL EMBARGO Y EL DILEMA MORAL

CUBA: EL HAMBRE, EL EMBARGO Y EL DILEMA MORAL

La triste situación de los cubanos comienza a ser conocida. El hambre los está dejando ciegos, inválidos, sin dientes. Los está matando. Prácticamente todo el país padece anemia y la avitaminosis cabalga a lomo de un agente imprevisto: el azúcar. El mismo vaso de agua con azúcar que varias veces al día permite soportar la bicicleta, el sol abrasador, los aplausos unánimes en la plaza pública, el decaimiento infinito, acelera el metabolismo e impide la fijación de las vitaminas en el cuerpo. En 1888 lo descubrió un sabio entre los cortadores de caña jamaicanos y desde entonces se llama el Síndrome de Strachan . La Revolución, esa pavorosa abstracción, comienza a poner en peligro los fundamentos biológicos del pueblo cubano. Pero la macabra ceremonia sólo se ha iniciado. En el Minsap, en el Ministerio de Salud de Cuba, ya saben la fecha exacta en la que van a comenzar a recoger en las calles y en las casas los primeros muertos por inanición: diciembre de 1993. En el socialismo todo está

Al margen de la legendaria torpeza del socialismo, comprobada en todos los climas y por todas las gentes, el villano de la historia vuelve a ser el azúcar. Como los soviéticos llegaron a pagar más de mil dólares por tonelada de azúcar, cuando el precio del mercado andaba en torno de los 200, Castro decidió dedicar todo el esfuerzo del país a explotar los cañaverales en detrimento de la diversificación agrícola. El cincuenta por ciento del área cultivable de la Isla dos millones de hectáreas está consagrada a la caña. Mientras existía la URSS las cuentas salían. Hoy casi todo el esfuerzo económico de los cubanos se dedica a producir, al costo de 17 centavos libra, algo que luego vale 10. Conclusión: Cuba, a precios de mercado, sólo es capaz de exportar 2.200 millones de dólares, pero necesita importar 8.500 y no tiene de dónde obtener la diferencia.

Eso se llama negligencia criminal. En uno de los pocos paraísos agrícolas del planeta, Castro permitió que la producción de alimentos se fuera degradando hasta el punto de que hoy es necesario importar y no se puede la mitad de la poca comida que los cubanos se llevan a la boca. Pero, no satisfecho con practicar furiosamente el monocultivo azucarero, en nombre de Marx y de la justicia social les prohibió a los campesinos que criaran y vendieran animales, o que produjeran leche o huevos al margen del Estado, diezmando en un breve plazo la cabaña bovina y avícola de un país que al comienzo de la revolución no solo se abastecía de carne, sino que comenzaba a exportarla.

Cuánto debe la crisis actual de Cuba al embargo americano? Fundamentalmente, el embargo consiste en que los norteamericanos no pueden comerciar con Cuba ni gastar dinero en la Isla en calidad de turistas. Arbitrariamente, Castro fija las pérdidas acumuladas por esas medidas en 40 mil millones de dólares. Si eso fuera cierto la Isla todavía tendría a su favor el saldo de 60 mil aportados por los soviéticos. Pero, en realidad, el efecto del embargo sobre la economía de Cuba hoy es mínimo y hay varias maneras de probarlo. La primera consiste en remitirse a los discursos triunfalistas de Castro en la década de los 70, entonces en la cúspide de su papel de Júpiter Tonante del Tercer Mundo, cuando afirmó, una y otra vez, que habían vencido al imperialismo yanqui y no les afectaba la falta de relaciones económicas entre los dos países. Cuba ya había reemplazado toda la maquinaria norteamericana y comerciaba libremente con el resto del mundo. Qué podría negarle Washington que no encontrara en Japón o Alemania, en Francia o en España? Era cierto. Tan cierto, que esa posibilidad de comerciar con todos los países de la Tierra, menos con Estados Unidos, le permitió convertirse en una de las naciones más universalmente endeudadas: le debe 7.500 millones a Occidente, 25 mil al antiguo bloque socialista, y no le paga a nadie desde 1986. Si Cuba hubiera estado impedida de comerciar libremente, como alegan sus gobernantes, no se hubieran podido endeudar de la inmensa y estúpida manera en que lo han hecho.

Pero ni siquiera es verdad que los productos norteamericanos no lleguen a Cuba. Los hoteles y diplotiendas no carecen de nada made in USA . Desde Coca-Colas hasta IBM todo lo yanqui, furtivamente, lo compran en Canadá o México, en Panamá o Venezuela y lo ponen a disposición de los turistas. Cómo es posible que una parte del país esté bloqueada y la otra no? Eso no es serio. Las penurias de Cuba se deben a que el país no tiene prácticamente nada qué vender y carece de dinero para comprar. No hay más secretos.

Por eso es una tierna imbecilidad luchar contra el embargo de los gringos para tratar de ayudar al pueblo cubano. Eso es caer en una burda trampa propagandística. Hay que luchar para poner fin al marxismo-leninismo. Ese es el culpable. El embargo, a estas alturas, probablemente sea un error estratégico o una torpeza política de Washington que le proporciona a Castro una coartada, pero no tiene la menor relación con la catástrofe económica y sanitaria que padecen los cubanos.

En todo caso, la compasión que hoy inspira ese pobre país, víctima de todas las plagas, comenzando por la del socialismo, nos plantea a todos un amargo dilema moral: Se socorre con alimentos y medicinas a un pueblo que agoniza precisamente por culpa del sistema al que se le brinda la ayuda solidaria? No contribuye esa ayuda a perpetuar lo que se quiere evitar? No es obvio, pues, que la ayuda cualquiera que sea hay que darla con condiciones para que produzca algún efecto duradero? Por estas fechas, y tras la campaña de mendicidad internacional orquestada por La Habana, Castro ha conseguido recolectar 50 millones de dólares. Cuarenta se los han enviado los españoles y diez el resto del mundo. Poca cosa comparada con los cien mil que inútilmente recibió de la URSS. Pero, qué va a ocurrir dentro de dos meses cuando el próximo ciclón o la próxima epidemia estrujen lo poco que queda en pie de la pobre Cuba? Se le volverá a entregar otra limosna? No es mucho más sensato exigirle a Castro reformas y democracia a cambio de ayuda? No hacerlo es contribuir a la desgracia del pueblo cubano. Todo el mundo sabe que premiar al mendigo con dádivas es condenarlo prácticamente a la miseria permanente.

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