EL CALVARIO DE UNA PORTADORA DE VIH

EL CALVARIO DE UNA PORTADORA DE VIH

La historia de Marina Rodríguez* es un ejemplo claro de las dificultades que afrontan las personas de escasos recursos que padecen el Vih-Sida. Una de estas tiene que ver a los problemas para ser atendidos a través del régimen subsidiado de salud.

28 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

La historia de Marina Rodríguez* es un ejemplo claro de las dificultades que afrontan las personas de escasos recursos que padecen el Vih-Sida. Una de estas tiene que ver a los problemas para ser atendidos a través del régimen subsidiado de salud.

Marina descubrió que era portadora del Vih-Sida cuando Juan Martínez*, su esposo, fue diagnosticado con la enfermedad, poco antes de morir atacado por múltiples enfermedades.

Juan venía presentado diversas dolencias pero los médicos no sospechaban cuál era la causa de las mismas y, en consecuencia, no estaba recibiendo tratamiento contra el Vih.

La ausencia de tratamiento debilitó gravemente su sistema inmunológico hasta llegar a un punto crítico en el que las enfermedades oportunistas que atacan a los portadores del Vih le provocaron la muerte en unas pocas semanas.

Fue en ese momento cuando su familia y esposa descubrieron la verdad. Marina se practicó la prueba y resultó positiva, al igual que su bebé de meses. Por fortuna, sus cuatro hijos mayores están libres del Vih.

Pero enterarse de que era portadora de esta enfermedad fue solo el comienzo del calvario para esta mujer, que además ha tenido que enfrentar el rechazo y la incomprensión de su familia, así como las habladurías y hasta malos tratos de amigos, vecinos y conocidos.

Pero los problemas no terminan allí para Marina, una mujer sin ningún recurso económico que cada día se levanta pensando cómo hacer para alimentar a sus hijos y proporcionarles al menos lo mínimo para su subsistencia.

Ante la escasez de dinero, a esta mujer le resulta imposible cubrir los costosos tratamientos que demandan ella y su hijo menor para defenderse del Vih.

Por eso, fue para ella una bendición cuando al poco tiempo de la muerte de su esposo gracias a la gestión de la Fundación San Antonio de Padua, entidad de apoyo para las personas portadoras de Vih, la Secretaría de Salud la vinculó a ella y sus dos hijos menores a una administradora de régimen subsidiado (ARS).

Sin embargo, el alivio no le duró mucho, pues varios meses después, por un error de la EPS Humana Vivir fue cancelada su afiliación a la ARS.

En efecto, en diciembre de 2003 Humana Vivir envió a la secretaría de Salud de Villavicencio una base de datos desactualizada, en la que ella aparecía como beneficiaria de su esposo, pese a que solamente estuvo en esta EPS entre julio de 2000 y abril de 2001.

Y aunque su hijo menor ya fue inscrito nuevamente a una ARS, por este descuido Marina lleva cinco meses desprotegida en su enfermedad.

Hasta la fecha, la Secretaría de Salud no ha dado ninguna solución a su problema, pese en la que en las múltiples visitas a esa dependencia siempre le prometen que su caso será resuelto prontamente.

Pero esta no es la única dificultad que enfrentan los enfermos de VIH con las ARS, pues la negativa a inscribirlos a estas entidades, a suministrarles los medicamentos o pruebas que requieren se han vuelto recurrentes (ver nota anexa).

* Los nombres fueron cambiados para proteger la identidad de las personas, pero los documentos de cada uno de los casos están en poder de la Fundación San Antonio de Padua.

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