CUMPLEAÑOS INFELIZ

CUMPLEAÑOS INFELIZ

Dos generaciones perdidas, cuarenta años de lucha inútil, un cumpleaños, en definitiva, para olvidar. Supongo que allá en el monte, rodeado de fieles, brindando con Buchanani s, Manuel Marulanda hará un balance favorable de su larga vida revolucionaria, comenzando por los tiempos en que un grupo de campesinos comprometidos, soñadores, creyeron poder cambiar el mundo con unos fusiles viejos. No sé qué rollos contará después de recordar los inicios, salvo el exterminio de la UP o el absurdo ataque a Casa Verde para justificar su persistencia en el error. No creo que sea capaz de hacer la más mínima autocrítica, de comprender que su hora ya pasó, que debería obligar a su gente a entregar las armas así sea para incorporarse a esta sociedad injusta, sin oportunidades ni valores, que él y sus hombres contribuyeron a empeorar.

30 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Dos generaciones perdidas, cuarenta años de lucha inútil, un cumpleaños, en definitiva, para olvidar. Supongo que allá en el monte, rodeado de fieles, brindando con Buchanani s, Manuel Marulanda hará un balance favorable de su larga vida revolucionaria, comenzando por los tiempos en que un grupo de campesinos comprometidos, soñadores, creyeron poder cambiar el mundo con unos fusiles viejos. No sé qué rollos contará después de recordar los inicios, salvo el exterminio de la UP o el absurdo ataque a Casa Verde para justificar su persistencia en el error. No creo que sea capaz de hacer la más mínima autocrítica, de comprender que su hora ya pasó, que debería obligar a su gente a entregar las armas así sea para incorporarse a esta sociedad injusta, sin oportunidades ni valores, que él y sus hombres contribuyeron a empeorar.

Dicen las encuestas que un uno por ciento de colombianos apoyan a la guerrilla. Las Farc aseguran que esos datos, producto de la manipulación informativa de la oligarquía, son falsos. Yo tampoco los creo. Para mí que ni ese mínimo porcentaje les respalda, que el hecho de que en sus zonas de influencia les sigan colaborando no obedece a una afinidad ideológica, sino a que se acostumbraron a ellos, a que tienen hijos en sus filas, a que desconfían de los cuerpos de seguridad estatales y a que temen que su lugar lo ocupen los paramilitares. Al menos yo sí no encontré gente que les siga por sus ideas. Cierto que les gusta que en sus territorios apenas haya robos (como ocurre en los de los paras ), que de vez en cuando aplanen las carreteras destapadas y que impongan una justicia rápida. Pero de ahí a que alguien crea que algún día remoto vayan a conseguir con las armas mejorar sus condiciones de vida, dista un abismo.

Las Farc seguirán en el monte porque debe ser muy duro para Marulanda y sus comandantes reconocer que han fracasado, malgastado sus vidas, matado, secuestrado, extorsionado, arrasado pueblos, volado infraestructura, recurrido al terrorismo, para llegar a ninguna parte.

Un viaje de cuarenta años para no arribar a puerto alguno, para acabar en las listas de organizaciones terroristas denostadas, despreciadas e, incluso, odiadas por la Humanidad.

Seguirán en las mismas porque han creado una máquina de terror eficaz, capaz de dar trabajo a unos quince mil desempleados y enriquecer a decenas de jefes. La guerrilla es una opción laboral más para campesinos y jóvenes urbanos a quienes el Estado niega todo. No cobran salario pero no les falta comida, y el uniforme y el arma les ofrecen la respetabilidad que sus familias, en muchas ocasiones, y el Estado, siempre, les negaron. En las Farc, al menos, son alguien y pertenecen a algo. Y siempre existe la aspiración de llegar a comandante, ganar buena plata y ser propietario de grandes extensiones de tierras y ganado en diferentes regiones como los Llanos del Yarí o en La Macarena.

Lo peor de este desgraciado aniversario es que llegaremos a las bodas de oro. No veo nada en el horizonte que haga presagiar que el fin de las Farc esté cerca. Que no van a crecer, desde luego. Que no repetirán su violencia desbocada de los años de Pastrana, también. Pero que pueden seguir muchos años como van, matando de a poquitos, secuestrando menos, colocando bombas de forma más esporádica y dando la impresión de que están en todas partes, no me cabe la menor duda.

Ellos presumen precisamente de eso, de que no tienen prisa, que pueden esperar. Lógico, su viaje no conduce a ningún destino. Se trata solo de deambular por Colombia otras décadas más y eso, en un país desvertebrado, pobre, egoísta y con diferencias cada día mayores en la línea de salida, es posible.

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