VENTAJAS DE UN PAÍS TROPICAL

VENTAJAS DE UN PAÍS TROPICAL

Recientemente tuve ocasión de asistir a un conversatorio sobre el cultivo del caucho, en la sede de Fedepalma, en donde el doctor Hansruedi Peter nos ilustró acerca del desarrollo del cultivo del caucho en Guatemala. La interesante reunión me ha servido para confirmarme en la creencia de que en el futuro de Colombia se debe contar con este producto del agro, como uno de los pilares fundamentales de su desarrollo.

30 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Recientemente tuve ocasión de asistir a un conversatorio sobre el cultivo del caucho, en la sede de Fedepalma, en donde el doctor Hansruedi Peter nos ilustró acerca del desarrollo del cultivo del caucho en Guatemala. La interesante reunión me ha servido para confirmarme en la creencia de que en el futuro de Colombia se debe contar con este producto del agro, como uno de los pilares fundamentales de su desarrollo.

El profesor Peter es una de las mayores autoridades en la materia, pues, como asesor del gobierno de Guatemala, ha conseguido resultados sorprendentes, no solo en el cultivo sino en la exportación del caucho y sus derivados. Esta república centroamericana es del tamaño de algunos de los departamentos de Colombia y, sin embargo, es, posiblemente, el mayor exportador de caucho en el norte del Continente.

El área plantada en ese país supera las 60 mil hectáreas, de las cuales 45 por ciento de la explotación producen 40 mil toneladas, y de estas un 10 por ciento se destina al consumo interno, mientras que el resto se destina a la demanda externa, principalmente a México, que consume un 62 por ciento, a Costa Rica y a otros países vecinos, incluyendo a Colombia, que importa de Guatemala un 12 por ciento. Exactamente lo contrario del papel que desempeña el caucho en nuestra economía, en donde se requiere importar el 95 por ciento para satisfacer las necesidades de la industria y solo un 5 por ciento es de procedencia nacional.

Cierto es que, por razones de orden público, regiones tan propicias como el Meta, el Caquetá y otros departamentos del sur de Colombia podrían suplir este déficit del caucho con la participación de la inversión extranjera, ya que es de conocimiento universal lo propicio de nuestro suelo y de nuestro clima para este cultivo. Experimentos realizados por distintas entidades inglesas y francesas lo han comprobado y estarían listas para incentivar la producción colombiana del caucho en cuanto se superaran los obstáculos del conflicto armado.

Pero en la propia altillanura podríamos incrementar la arborización del caucho, habida cuenta de que expertos ingleses y franceses al servicio de Harryson s Fleming y Michelin consideran superior estas zonas que, por estar situadas en el corazón de Colombia, cuentan, además, con una mano de obra capacitada y vías de comunicación que permiten distribuir el producto por todo el territorio, hasta sus costas. La experiencia guatemalteca demuestra que el caucho se puede cultivar por igual en las costas sobre los dos océanos.

En el caso de Colombia, el más interesante de estos experimentos cuenta con menos de diez años y está localizado en la región de Armero, en donde se cultivaron originalmente la caña de azúcar y el arroz. Mavalle S. A. pertenece a la Organización Pajonales y ya se encuentra en plena producción ofreciendo, simultáneamente, a través de Agromáquinas S. A., los servicios de siembra, preabonamiento, recolección y transporte a los vecinos minoritarios que se comprometan en empresas semejantes.

El comienzo del siglo XXI se ha caracterizado por la escasez o insuficiencia de ciertos artículos esenciales, entre los cuales se cuentan el acero, la madera y el caucho, fenómeno que obedece al descomunal crecimiento de la China y de la India que, con su poder de compra, consiguen adueñarse parcialmente de los mercados de estos productos. Se agrega, en el caso del caucho (hevea), el singular proceso de la decadencia del caucho sintético, el cual, según descubrimientos recientes, es de calidad inferior al caucho vegetal para ciertos propósitos.

En efecto, y en forma gradual, la preferencia por este último es cada día más manifiesta. Fabricantes de llantas, como Michelin, se inclinan de tal manera por el caucho natural que, desde tiempo atrás, se ha venido alimentando el propósito de procurárselo en territorio nuestro. Sin embargo, es, en el campo de la medicina, en donde parece ser más urgente regresar a las fórmulas clásicas, puesto que el caucho artificial no reemplaza al natural en el campo de los preservativos para la planificación familiar, o para evitar el contagio del sida en el curso del contacto sexual. Ilustrativa de este estado de opinión pública fue la polémica adelantada por un cardenal colombiano residente en el Vaticano, quien hizo pública su descalificación del caucho sintético como recurso aséptico.

Cuando se diagnostica acerca del futuro de nuestros renglones de exportación, con la caída periódica de los precios del café y las pocas perspectivas del petróleo, vale la pena tener en cuenta el cultivo del caucho, que no obstante ser de tardío rendimiento, reviste el carácter de una excelente inversión por su productividad y por el interés nacional en estimular y sostener un producto que, junto con la quina, constituyó en el siglo XIX uno de los pocos generadores de divisas antes de que los ingleses y los holandeses procedieran a cultivarlo en Asia, mediante el transplante puesto en práctica por sus botánicos.

Mis contemporáneos deben recordar, entre las novelas de nuestra adolescencia, El árbol que llora (el caucho), alrededor de cuya historia gira un idilio inolvidable en el seno mismo del mundo científico. Eran los tiempos de la Casa Arana, de tan ingrato recuerdo en nuestras relaciones con el Perú, cuando, sin escrúpulos de ninguna clase, esta empresa se adueñaba, a mano armada, de la ribera amazónica, como pudo comprobarse con los conflictos que tuvieron lugar entre nuestros dos países antes y después de suscribirse el Tratado Lozano-Salomón, que garantizó nuestro acceso al Amazonas.

No existía hace medio siglo la clonación de los cultivos transgénicos, que hace infinitamente más fácil el proceso del llamado transplante como se conocía hasta finales del siglo XX. La clonación permite, como los negativos en la fotografía, reproducir una planta una infinidad de veces con solo trasladar de un lugar a otro las plantas clonadas. De esta suerte, quien quiera acudir a este procedimiento escoge la mejor y más completa de las plantas y la clona para reproducirla en un nuevo entorno, o sea, que no es necesario recurrir al clásico procedimiento de planta por planta, sino al recurso de multiplicar la mejor planta a donde se quiera darle asilo.

En Guatemala se ha puesto en práctica, en el Atlántico y en el Pacífico, la clonación del caucho con inobjetables resultados, máxime cuando más de la mitad de los cultivos pertenece a miniproductores que se benefician con el moderno aporte de la clonación.

La pregunta del auditorio, a flor de labios, era la de investigar cómo sería posible, en Colombia, un desarrollo semejante, contando con las ventajas del suelo, el clima y los recursos hídricos, y la respuesta inequívoca era la de recurrir al Estado para efectos del crédito, como se hace con la reforestación y la garantía de la calidad para abrirles mercado a nuestras exportaciones del caucho y sus derivados.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.